Los mejores libros de 2016 (sí, nosotros también)

Llega el fin de año y todo el mundo hace sus listas de los mejores libros (o los libros más vendidos, que no siempre se corresponden). Nosotros no íbamos a ser menos, así que hemos seleccionado un Top 5 cada uno y os lo traemos a continuación.

Sara J. Trigueros
  1. Seek To Know No More (José María Álvarez)
  2. Magistral (Rubén Martín G.)
  3. Ser el canto (Vicente Gallego)
  4. Los últimos perros de Shackleton (Ben Clark)
  5. Las riquezas verdaderas (Jean Giono)

Me gustan las listas porque no requieren explicaciones que condicionen cómo se va a leer más allá del lugar que ocupa el libro en ellas. No voy a justificar vacíos. Sí diré, porque me place hacerlo, que la presencia del Maestro ha sido el mayor goce estético de este año.

Óscar Navarro
  1. Diarios, 1956-1985 (Jaime Gil de Biedma)
  2. Piedra en :U: (María Auxiliadora Álvarez)
  3. Rocinante (Alfred Corn)
  4. La edad media (Leonardo Cano)
  5. Seek to Know No More (José María Álvarez)

El orden de los factores no altera el producto, de manera que el orden de mis sugerencias no implica Preferencias de un libro sobre otro. No obstante, quiero dejar constancia del asombro que supuso par mí el descubrimiento de los poemarios, tan distintos entre sí, de José María Álvarez y de María Auxiliadora Álvarez.

Raúl Medina
  1. Eres hermosa (Chuck Palahniuk)
  2. La edad media (Leonardo Cano)
  3. En mi cuarto (Guillaume Dustan)
  4. Nefando (Mónica Ojeda)
  5. Cero K (Don DeLillo)

Este ha sido un año de enormes descubrimientos. Pero tengo que ceñirme a una lista de solo cinco títulos, con lo que aquí está. Pero que no significa que el orden en que se presentan implique preferencias. Sí quisiera destacar no obstante, la presencia en mi lista de dos libros de la editorial Candaya, que fue un gran descubrimiento el pasado año y en este 2016 sigue ofreciendo títulos tan sorprendentes y recomendables como Nefando.

Carmen Juan
  1. Via lucis (Angelica Liddell)
  2. La casa de la cruz (Isabel García Mellado)
  3. Piloto automático (Juanma Agulles)
  4. El mar (Blai Bonet)
  5. Glenn Gould. Una vida a contratiempo (Sandrine Revel)

A la hora de configurar esta lista, pensé que como el último título de José María Álvarez salió de imprenta el año pasado, no íbamos a contarlo como «libro de 2016». Visto lo visto, súmese mi (de)voto a Seek To Know No More, sin posible lugar a dudas. En cuanto al resto, no necesariamente se corresponde el orden de aparición con mis criterios de calidad, pero dado que se trata de libros muy diferentes, resulta difícil poner uno delante de otro. Entre mis mejores, el poemario que se hizo con el premio «Ciudad de Burgos», una colección de artículos de Juanma Agulles, una novela recuperada de un autor balear y dos preciosidades gráficas.

#poetasenCercanías pasado por agua (vía 2 – vagón 02)

Contra todo pronóstico, puesto que en Alicante cada día de lluvia es el fin del mundo, el segundo vagón del #poetasenCercanías tuvo una cálida acogida. El sábado pasado volvimos a reunirnos en The October Press, esta vez presentando una sesión atípica, con dos en lugar de tres poetas. Eso sí, el tercer lugar no quedó desierto: Ignacio Ballester hizo de anfitrión para Pedro Gascón, que vino en calidad de poeta pero también de editor de Chamán Ediciones, a la que se dedicó el tercio de tiempo correspondiente.

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Viene siendo habitual que los escritores invitados repartan sus intervenciones en varias rondas, y así se hizo también en esta ocasión. Sin que fuera premeditado —al menos que nosotros sepamos—, estas rondas estuvieron bien definidas temáticamente y se dieron ciertos paralelismos que dieron coherencia a la totalidad del acto. Ambos, primero Pedro y más adelante Ignacio, comenzaron con una serie de poemas de carácter personal que, en el caso de éste, eran además ejercicios literarios «a la manera de», que dejaban entrever los caminos de su actual formación académica. La segunda parte estuvo claramente marcada por un tono más social, desde nuestro punto de vista con los mejores poemas que se leyeron a lo largo de la mañana, cargados de ironía y de una fuerte carga crítica. Por último, Pedro recogía el tema de la ausencia (sobre todo del padre) de su primera lectura para reconvertirla hablando del futuro en manos de Ainielle, su hija. En la misma línea, los últimos textos de Ignacio estaban dedicados también a su sobrino, recién llegado a la familia.

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Para completar el cuadro, Pedro Gascón, como decíamos antes, repasó los seis títulos que hasta ahora ha publicado Chamán Ediciones, valiente empresa emprendida con Ana Toboso —a quien echamos de menos— que se abría precisamente con una antología de pretensiones similares a las de nuestro ciclo y cuyo penúltimo título hasta el momento es Exhumación de la fábula, que presentaremos el 28 de enero contando con la intervención de su autor, Javier Bello.

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Una vez más, nos sentimos agradecidos por la acogida de un proyecto como este. Al final el tiempo sí acompañó y la reunión se alargó hasta las siete de la tarde, entre vinos y complicidades literarias, como bien nos apuntó Pedro al día siguiente.

Todos somos Zeno (puerta de Herakles #7)

Esta semana llegamos a la sesión del club puerta de Herakles con cambio de lugar. Nos reunimos en torno a una gran y acogedora mesa redonda, que bien podría tratarse de la de la casa de nuestras abuelas, para hablar de lo mucho que ha dado de sí la lectura de La conciencia de Zeno, de Italo Svevo. Por circunstancias que no vienen al caso, nos hemos reunido en dos sesiones para hablar de Zeno y de su psicoanálisis, lo cual dio pie a reposar y pensar en profundidad acerca de las distintas ideas e interpretaciones que cada uno hicimos de tan peculiar personaje.

Para empezar, todos estamos de acuerdo en que nos ha gustado la novela, aunque como apunta Esperanza y todos coincidimos, no es lectura ligera. Es un libro de los que tienes que leer a ratos y descansar para pensar lo que has leído. Citando a Schopenhauer, «leer quita tiempo de pensar».  Esperanza tiene claro que este es uno de esos libros que necesitan su tiempo de reflexión tras la lectura para comprenderlo.

La conciencia de Zeno

Tras una breve charla acerca del conjunto de la novela, pasamos a hablar del personaje.  Ramón comenta que le parece, en principio, un personaje antipático. A Carmen no le cae precisamente bien puesto que el autor refleja en el personaje de Zeno lo hipócritas y cínicos que podemos llegar a ser. Algo que me llama la atención desde el principio del libro es la forma que tiene Zeno de ver a las mujeres, ya no como objetos sino como partes de objeto para formar un objeto (perfecto), eso sí, sin su carácter ni la convivencia con ella.

Tanto Peña como Esperanza apuntan a ese último capítulo que da sentido a todo lo anterior. Zeno es un mentiroso compulsivo, hipocondríaco, paranoico, obsesivo; todo ello debido a los complejos que tiene pero que pretende ocultar, por lo que además es un hipócrita consigo mismo. Pero si algo caracteriza a este personaje es el sentimiento de culpa que, como explica Carmen, es lo que hace que constantemente esté inventando su propia vida.

En cuanto al estilo, Sara explica que Svevo hace lo que ya hizo Cervantes anteriormente. Toma la novela del siglo XIX con los mismos ingredientes, para hacer con ellos una cosa diferente. Aquí es cuando Carmen apunta que a ella le recuerda a Sentido y sensibilidad, por la relación entre los personajes de las hermanas, mientras que Peña ve una película de Woody Allen, pero sin comedia de por medio.

La novela toca muchos temas respecto a las relaciones de la época, pero lo que a todos nos llama la atención es esa facilidad para la promiscuidad que tiene Zeno que, a su vez, es lo que le sirve de revulsivo para querer más y tratar mejor a su propia esposa; para calmar su sentimiento de culpa por su infidelidad. Es más, como comenta Esperanza, el personaje tiene claro que si es infiel es por culpa de su amante quien, como mujer, debe resistirse y no lo hace.

Se plantea la posible relación entre los personajes de Zeno y Leopold Bloom, ante la cual nadie cree que exista, a excepción de Sara que dice que quizá la similitud podría ser lo anodino de ambos.  Ramón comenta que es un libro en el que no hay acción, es todo reflexión. Recordamos que el narrador es el propio personaje a través de su tratamiento de psicoanálisis, de ahí el título.

Zeno

Y ya para acabar, quiero recordar las dos últimas frases de Esperanza, que resumen muy bien lo que es esta historia y lo que es la vida realmente. «Las cosas que nadie sabe y no dejan huella, no existen». «Estar enamorado puede aportar mucha más felicidad que el hecho de sentirse amado». El mensaje claro de la historia de Zeno es que el amor no es lo más importante. Por lo pronto, durante la cena que siguió al taller, descubrimos que probablemente la literatura tampoco lo es.

El libro blanco (Augusto Rodríguez)

El libro blancoDe nuevo se adentra la editorial Chamán Ediciones en la terra ignota que para la mayoría de los lectores españoles supone la poesía iberoamericana, después de que en su colección «Chamán ante el fuego» publicara el poemario de Guillermo Samperio Volvimos a escuchar ese adagio de Mozart. En esta ocasión, la curiosidad de los editores nos lleva a Ecuador para presentarnos la antología que de su obra poética ha realizado el joven escritor Augusto Rodríguez y que aquí se agrupa bajo el título de El libro blanco.

Como afirma Rafael Courtoisie en el prólogo a este libro, «El libro blanco es un conjunto poético donde el resultado es mucho más que la suma de las partes». Y es que lo primero que llama la atención al leer estas páginas es la fuerte unidad de la que gozan estos poemas y que nos llevan a la sorpresa de comprobar que se trata de una antología y no de un único poemario.

En estas páginas, el autor habla de temas que no son desconocidos para los lectores de poesía: la muerte, las relaciones con el padre… Sin embargo, cabe destacar la originalidad que supone el que la muerte, es más, la enfermedad, sea tratada sin máscaras, con valentía, con crudeza incluso: «El cáncer es un territorio donde todos de algún modo u otro vamos a perecer» (pág. 56). Esta valentía, que no elude palabras que la sociedad oculta como apestadas, se aprecia desde el mismo título de algunos de los libros que componen esta antología: La enfermedad invisible o El libro del cáncer.

«El hombre es una cabeza que se incendia y que no puede apagar el infierno que lleva dentro» (p. 102), dice el poeta en uno de los poemas en prosa que pueblan esta obra. A lo largo de las páginas de El libro blanco, nos habla de la lucha de su padre contra la enfermedad, el cáncer, del que habla sin tapujos. Para él, la palabra, la poesía, se convierte en un refugio: 

La palabra debe enterrarse en nuestra memoria
y dejar que nos descifre desde adentro.
Incendiémonos el cerebro
y quedémonos desnudos en la intemperie.

(«Desnudos en la intemperie», pág. 57)

En sus poemas, el autor alterna los versos tradicionales con poemas en prosa, sin que por ello el conjunto vea resentida la unidad de la que hablábamos arriba. Esta unidad queda fuertemente amarrada por el tono y por los temas de los que trata.

Para Rodríguez, la muerte no es una amiga. La muerte es la que es inevitable, pero contra la que nos rebelamos: «No podrán derrotarnos. Vendrá la muerte y tendrá tus ojos dice Pavese y yo digo: Vendrán tus ojos y no habrá muerte. Nuestro amor como una fuente inagotable, jamás se morirá ni acabará en nuestras manos» (pág. 147).

Otro elemento que aparece una y otra vez en estos poemas es el de la sensualidad. Pero no la sensualidad erótica, sino que de lo que nos habla es de la fuerza de las caricias, del tacto, del gusto incluso, del sexo como vehículos de comunicación, de acercamiento: «Los sentidos tienen que fortalecer el puente entre mi padre y yo» (pág. 84). 

En alguna página leo sobre Augusto Rodríguez que se trata de una «joven promesa». Yo más bien creo que es una fuerte realidad. Una voz que, con la dulzura propia de la lengua con la que se comunica, nos enfrenta a todos a una realidad ineludible. A una realidad que no deberíamos querer eludir:

Tengamos precaución
de no morir envenenados
que todavía hay luz y no todo es noche.

El libro blanco
Augusto Rodríguez (Chamán Ediciones, 2016)
Erratas encontradas: 0.

Todos los crímenes se cometen por amor (Luisgé Martín)

luisgeLeyendo sobre lo último de Luisgé Martín, que ya nos ocupará llegado el momento, me viene a la cabeza con frecuencia el término «cuentista», aunque llegase a mí por vez primera —hace ya algunos años— gracias a un artículo que publicó El País en el que hablaba de la importancia de los editores para la literatura y para el mundo. Cuentista no como embustero. Cuentista porque suena a tradición, a autor de textos destinados a ser leídos como clásicos. Porque en algunas ocasiones me trae a la memoria los nombres de autores de los libros ilustrados con los que crecí y en otras los de los latinoamericanos que me empujaron a amar sin remedio los cuentos.

Algunos de los textos que recoge Todos los crímenes se cometen por amor ya habían sido editados con anterioridad, como el que da título al volumen, sin ir más lejos, que apareció en la revista Zut, dirigida por el también escritor Juan Bonilla y que enreda el enamoramiento de un escritor con una joven italiana a los hilos de la conspiración para asesinar a Kennedy o «Del ingenio de los caudillos y de su guardarropía», una particular versión del cuento de Andersen «El traje nuevo del Emperador» con tintes republicanos que fue publicado en 2006 dentro de Rojo, amarillo, morado (Martínez Roca).

Hay mucha, muchísima metaliteratura en los diez relatos que forman el cuerpo de este libro publicado en la Colección Púrpura de la editorial Salto de Página: protagonistas que ejercen el bello oficio de la escritura, referencias desde el Lazarillo de Tormes hasta Truman Capote, pasando por un personaje que desarrolla una trastorno obsesivo tras su lectura de «Pierre Menard, autor del Quijote», de Borges. Sin embargo, repaso las líneas con las que se cierra la recopilación, un cuento titulado «Los dientes del azar» con el que Luisgé Martín obtuvo el Premio Vargas Llosa NH en su edición de 2012, y me estremezco. Pienso en qué casualidades se dieron para que este libro haya acabado en mis manos. En que si aquel día hubiese desayunado más temprano no lo habría hecho leyendo el artículo sobre los editores y por tanto posiblemente no habría recordado el nombre de su autor, no lo habría reconocido en alguna antología, tal vez no habría leído ninguna de sus novelas o habría dejado pasar la oportunidad de leer Todos los crímenes se cometen por amor. Y entonces, lamentablemente, no asociaría su nombre a una palabra tan bonita como es «cuentista».

Todos los crímenes se cometen por amor
Luisgé Martín (Salto de Página, 2013)
160 páginas. Erratas encontradas: 0.

La edad media (Leonardo Cano)

La edad mediaLos seguidores del blog y las redes de Letras de Contestania saben de sobra que tenemos ciertas preferencias editoriales. Ello se debe, en gran medida, al trato que desde aquí recibimos por parte de los editores, para qué nos vamos a engañar. Lo que sí es cierto es que esta disponibilidad siempre, este regalo amable de traer a sus autores, esta manera de hacer tan cercana, suelen ir de la mano del criterio indiscutible, el gusto estético a la hora de editar y, por encima de todo, las arriesgadas apuestas que se hacen a ojos cerrados. Dado el salto al vacío que ha supuesto nuestra aparición, este hermanamiento queda, a nuestro parecer, más que justificado.

Hablando, pues, de afinidades y editoriales favoritas, nos centramos en un título de Candaya, primero de Leonardo Cano, autor murciano que se estrena con La edad media. La novela se presentó en Alicante el 21 de marzo, lunes santo y con lluvia, para más inri, en una escena tan cotidiana que bien podría haber formado parte del propio texto. Y es que esta opera prima no es ni más, pero sobre todo ni menos, que un retrato hiperrealista de su generación. Leonardo tiene ahora treinta y nueve años, más o menos como los protagonistas de su novela, y presumiblemente comparte con ellos vivencias de infancia y adolescencia, grupos musicales que propiciaron las pequeñas rebeliones en casa —que, la mayoría de ellas inofensivas, consistían en dejarse crecer las greñas y vestir chupas de polipiel—, los bares y los esporádicos contactos con las drogas.

Predispuesta a despertar nostalgias, esta obra interpretada a tres voces destacaría hoy, tal vez incluso escandalizaría, por su brutalidad, no tanto en las partes ambientadas en el presente sino por los testimonios del pasado: el narrador se expresa desde una inocencia preservada con celo en la que la violencia, el sexo o los cadáveres en el armario de las «familias bien» se cuentan como lo que son, de manera casi anecdótica, libres de juicio moral. Resulta paradójico, ya que, como podemos comprobar en las otras voces, el trabajo en el presente de varios de aquellos chavales está directamente relacionado con la justicia en su faceta legal.

Con la excusa de una cena de antiguos alumnos, Cano nos relata las andanzas de un grupo de chavales que estudian en un centro privado, que crecen juntos y están convencidos de que vienen a llevarse la vida por delante a pesar de las expectativas paternas, entrelazadas con la debacle de la relación entre Julia y Fauró en bruto, en formato chat, tal y como cualquier amigo nos copiaría sus conversaciones para pedir consejo, y con el empleo rutinario que desempeña cada día M en la Ciudad de la Justicia, expuesto por un narrador ajeno a la escena que sin embargo evoca levemente —tal vez sea obsesión nuestra— al tedio que genera de manera deliberada David Foster Wallace en El rey pálido. Y aunque podría parecer que estas tres historias están prespuntadas para construir una suerte de patchwork literario, no sólo son indispensables para el impecable funcionamiento de La edad media, sino que además están tan bien cosidas como las piezas de unos vaqueros Bonaventure.

Y ya ves si nos ha encantado la novela, aunque sea imposible que esta sea nuestra historia y aunque todavía nos quede un poco para copiar en nuestras carpetas aquellos versos de Gil de Biedma que sentenciaban «que la vida iba en serio / uno lo empieza a comprender más tarde».

La edad media
Leonardo Cano (Candaya, 2016)
320 páginas. Erratas encontradas: 0.

Vuelve el #poetasenCercanías (vía 2 – vagón 01)

Quizá sea, a día de hoy, la actividad que más nos representa como colectivo. Sin duda, es una de las cosas de las que más orgullosos estamos. El año pasado conseguimos, contra todo pronóstico, reunir bajo el nombre de #poetasenCercanías no sólo a más de cuarenta poetas de Alicante y sus provincias colindantes, sino a un público que, quincena tras quincena, asistió fiel a todos los recitales a los que fueron convocados. En estas sesiones se fue cuajando una masa de amantes de la poesía a quienes, además de ella, un año después, une la amistad. De octubre de 2015 a junio de 2016 fueron pasando por nuestras vías poetas de diferentes generaciones y con voces muy distintas a los que, sin embargo, une ese lazo tan difícil de definir que es el que sirve de hilo conductor a la poesía que se hace en Contestania. Algunos de los poetas eran inéditos cuando vinieron y hoy cuentan ya con poemarios editados (nos vienen a la cabeza Beatriz Miralles o Alba Ceres). Nos gusta pensar que el hecho de que hayan pasado por estos recitales interfiere positivamente en la acogida de sus primeras obras.

#poetasenCercanías 2-1

El pasado sábado reanudábamos el ciclo con su segunda edición, que se hizo esperar más de lo necesario y cuyo retraso nos ha pesado a todos. Con el primer vagón volvían a concurrir en Alicante tres poetas contestanos, que en esta ocasión fueron Idoia Arbillaga, Antonio Rodríguez y Ramón Andreu. Junto a ellos nos reunimos un público siempre más amplio de lo que esperamos: una constante que se ha repetido en todos los Cercanías y que nos ha hecho felices en cada ocasión. A los amigos de siempre (Ramón, Olivia, Bea, Alba, Pedro, Javi y aquellos que no mencionamos) os habéis unido gente cuya presencia hace que estas reuniones tengan sentido.

#poetasenCercanías 2-1

La sesión del sábado se caracterizó por venir precedida de breves pero necesarias reflexiones poéticas antes de cada lectura. Reflexiones en torno a la poesía de la experiencia, al poso popular que caracteriza nuestra poesía y que tanto la viene enriqueciendo desde la poesía medieval, a la necesidad de leer y aprender antes de adentrarse en el oficio poético. Pudimos disfrutar de los versos de poemarios publicados, pero también de los proyectos todavía inéditos de Idoia y Antonio, cuya fecha de salida esperamos ansiosos después de lo escuchado. Se juntaron, en definitiva, en el rincón de The October Press, que se está convirtiendo en un segundo hogar para nosotros, tres voces distintas pero complementarias: poesía comprometida del derrumbe, pop, contracultura, la inmersión en el agua y los sueños desvelados de la no existencia.

#poetasenCercanías 2-1

Queremos daros las gracias a todos los que nos acompañasteis a Letras de Contestania y a los tres poetas que tuvimos el placer de tener con nosotros en esta primera sesión. Próximamente habrá noticias acerca de la sesión número 2. Prometemos que nadie quedará indiferente.

Como cualquier hijo de Dios (puertadeHerakles #6)

Como ya es habitual cada dos semanas, el pasado viernes nos reunimos para charlar e intercambiar opiniones y percepciones acerca de la lectura que para esta ocasión teníamos en el club Puerta de Herakles. Esta vez la obra en cuestión era Hijo de Dios, del estadounidense Cormac McCarthy. A priori un libro fácil de leer, o al menos es lo que todos pensamos, pues se trata de una obra breve. Pero no tan fácil de leer, para algunos menos que para otros.

Hijo de Dios

Habitualmente empezamos haciéndonos las dos mismas preguntas: «¿Os ha gustado?» y «¿Por qué». Suele haber unanimidad, al menos en si ha gustado o no, otra cosa son las causas y las interpretaciones de cada uno. Pero con Hijo de Dios no se dio esa unanimidad. Esperanza comenta que, aunque narrativamente es un libro perfecto para una película (película que comentamos que ya existe, dirigida en 2014 por James Franco), la lectura del mismo a ella le ha hecho sentir muy intranquila. Aquí es cuando comenta Ralph el hecho de que pareciera que se hubiese creado una escuela anglosajona especializada en el crudismo/malditismo. A Ramón tampoco le ha gustado especialmente, pero por motivos distintos, pues cree que el autor intenta mostrar el aspecto de la llamada «basura blanca» sin haberlo logrado. Ante esta afirmación, Sara comenta que quizá se deba a que lo que realmente muestra es la marginalidad y el aislamiento en el mundo rural americano.  Además nos recuerda que la obra de McCarthy se caracteriza precisamente por eso, por su dureza y sordidez.

Después de la primera exposición de opiniones e ideas, todos coincidimos en lo desconcertante de la narración en las primeras páginas del libro. Hasta que no avanzas y te habitúas al estilo se hace un poco difícil de leer. Y es que McCarthy escribe pasando de la narración al diálogo sin hacer ningún tipo de indicación (ni comillas, ni guiones, ni ninguna puntuación), además nunca sabemos de boca de quién salen las palabras que estamos leyendo. Incluso yo pensé al principio que la historia sería tipo flash back, que estaría ambientada en un juzgado, por las declaraciones de los personajes que hablan, pero no es así. Como apuntan Carmen, Sara y Esperanza, en realidad son un conjunto de conversaciones de amigos y gente vecina o conocida de este personaje, y es a través de ellos como el autor nos va dejando conocer al tonto del pueblo.

Hijo de Dios

Entre la ensaladilla y las cervezas, vuelve a salir el tema de la vida rural. Esperanza recuerda que, cuando era pequeña y vivía en una zona rural («muy rural»), siempre había un tonto del pueblo y cómo el resto de habitantes solían mirarle y tratarle. Esto es lo que le sucede a Lester Ballard, que al ser el tonto del pueblo nadie le hace caso, le tratan con indiferencia y lo dejan aislado, marginado como si no existiera. Sara expone el episodio en el que Ballard se acerca a la ciudad a comprar ropa y la dependienta es la única que le trata con normalidad, por el hecho de que al no conocerle no lo prejuzga. Pero resulta que el tonto no es tan tonto y más que tonto lo que está es loco.

El grupo al completo coincide en la naturalidad con la que el autor describe unas escenas de una crudeza terrible sin entrar en valorar nada. Simplemente expone, con gran lujo de detalles, todo lo que hacen los personajes: necrofilia, violaciones, incesto, travestismo, etcétera. Sin embargo, a la hora de describir paisajes o la climatología, lo hace de manera casi plástica. En algún momento también expone escenas terriblemente macabras de una forma poética, lo que deja confuso al lector, al no saber si sorprenderse positivamente por la poeticidad o asustarse por la frialdad con la que describe un asesinato.

Hijo de Dios

Como detalles curiosos todos apuntamos el hecho de que se mencione el uso de condones o la monotonía de descripción de paisajes a través de la cual el protagonista se orienta en las estaciones; según haga frío, calor, el cielo esté azul o gris. Y ya para terminar, mencionar la observación que hace Ralph respecto al fin del personaje, pues es un poco como si se hubiese hecho justicia divina al terminar su cuerpo despedazado para el uso de estudiantes de anatomía.

Desobediencia (Henry D. Thoreau)

DesobedienciaImagino que Thoreau se habría sorprendido y escandalizado ante este mercado editorial en el que lo previsible es ver un aluvión de reseñas con motivo del último libro de turno y, a los pocos meses las pocas semanas, su progresiva desaparición, primero de las listas de ventas, los medios de comunicación y, finalmente, de las mesas y los estantes de las librerías. Errata Naturae nos gusta precisamente por esa tendencia a sacar libros como este Desobediencia, oportunos pero nada oportunistas, que perduran en el tiempo y que, como a ellos les gustaría decir, nos acompañan dejando su poso invierno tras invierno.

Con este volumen se pretende agrupar todos los ensayos políticos de un hombre desdeñoso de la política convencional (pero, no obstante, cabal y comprometido), entre los cuales el más famoso es el imprescindible del que se toma prestado el título de este libro, «La desobediencia civil», conferencia publicada en 1848 a propósito de esa desobediencia civil que le llevó a dar con sus huesos en la cárcel. La causa de Thoreau era ser fiel a sus principios, acaso la única causa que verdaderamente debería importarnos. Pero, lejos de hacer proselitismo, lo que se pretende aquí no es tomarlo como mito, sino hacer que su vida y su pensamiento sirvan de ejemplo para ser críticos y consecuentes con los resultados de una búsqueda que, en última instancia, es personal.

Es evidente que los problemas a los que trató de dar respuesta en el siglo XIX no son los mismos siglo y medio después. Sí es la misma su naturaleza. De ahí la vigencia de sus textos (y de su figura). Buena parte de los ensayos trataron de responder a la necesidad de rendir cuentas ante uno mismo, más que ante una sociedad —injusta ayer, injusta hoy— cuyos defectos no han cambiado tanto. Ahora no nos mueve la esclavitud, pero nuestros problemas con la vivienda encuentran reflejo en varios de los textos aquí reunidos. También lo encuentran las horas dedicadas al trabajo, su utilidad, y una crítica a la sociedad tecnológica que sigue resonando en nosotros hoy más que nunca.

En fin, algo está pasando para que resulte tan apropiada la lectura de Thoreau. Yo diría que es casi necesaria, algo de lo que da cuenta el goteo de publicaciones de, sobre o inspiradas en su figura. Tanto que no sólo es que Errata Naturae esté rescatando sus textos (tarea que, de momento, tiene como última cala este Desobediencia), sino que su espíritu les está sirviendo de guía hasta el punto de hacer suyo el «Todo lo bueno es salvaje y libre» que sirve de apostilla a una nueva colección que, de momento, no tiene un solo título que no nos hayamos llevado a casa. Disfrutemos con todos ellos.

Desobediencia
H. D. Thoreau (Errata Naturae, 2015)
288 páginas. Erratas encontradas: 0.