II Veus de la Mediterrània

El curso pasado cerramos nuestra programación con un último vagón del #poetasenCercanías en el marco del homenaje a Manolo Estébanez en Novelda bajo el título de Libélulas en el jardín. Tras unos meses de descanso, no había mejor manera de poner en marcha el tren que de nuevo en Novelda, en esta ocasión dentro de la programación del II Festival de poesía contemporánea «Veus de la Mediterrània», cuya primera edición tuvo lugar en septiembre de 2016, con el propio Manolo como uno de sus principales impulsores.

Así pues, el pasado sábado día 16 dio comienzo el recorrido de la Vía 3, con un primer vagón en el que viajaban Álvaro Giménez desde Alicante, ejerciendo de anfitrión; Gracia Aguilar desde Albacete y Antonio Aguilar, venido de tierras murcianas. Esta vez el #poetasenCercanías se desarrolló en un escenario ideal, la bellísima Casa-Museo Modernista. Los poetas ofrecieron una lectura estructurada en las tres rondas ya habituales. Álvaro Giménez nos leyó poemas aferrados a la cotidianeidad y al mundo de la creación poética de su libro Atópica. Los emotivos y personalísimos textos de Gracia Aguilar asombraron por su sinceridad y por su parte, Antonio Aguilar, recitó poemas de varios de sus libros. Ayudados por el marco espacial, entre los tres crearon un ambiente mágico de recogimiento, no exento de algunas risas.

El festival tuvo su primer acto la tormentosa noche anterior, en la librería La Farándula, donde Agustín Pérez Leal, Joaquín Juan Penalva y Juan Luis Bedins presentaron los poemarios Tú me mueves, obra del primero de ellos, y de Corteza de abedul, de Antonio Cabrera, ambos merecedores del Premio de la Crítica Valenciana.

El sábado por la mañana, de manera simultánea al #poetasenCercanías, en el Espai Kids del Casino de Novelda se desarrollaba una actividad dirigida a los más pequeños, en la que se proponía a los niños —y también a sus progenitores— ilustrar una selección de poemas de Gloria Fuertes con motivo del 100 aniversario de su nacimiento. Para la organización de este exitoso evento contamos con la colaboración de la Associació Pissigalla, agitadora cultural centrada en los jóvenes.

Por la tarde, tras una comida de hermandad en el Casino de Novelda, tuvo lugar una mesa de poetas en la que Luis Bagué, Itzíar Mínguez y Ramón Bascuñana leyeron algunos fragmentos de sus últimas obras, tanto publicadas como inéditas, y se enfrascaron en un discreto debate entre ellos y también con el público. Para finalizar la jornada, tuvimos entre nosotros a nuestros amigos de La Galla Ciencia presentando su Lift Off, el número especial de la revista dedicado a David Bowie. Además, el artista Justin Case ofreció un concierto acústico con versiones del polifacético cantante británico, desparecido a principios del pasado año.

El domingo, la fiesta continuó el La Bruja del Casino de Novelda. Esta jornada, dedicada a la lengua valenciana, dio comienzo con un recital de nuevo a tres bandas. En esta ocasión, los poetas invitados fueron Victoria E. Cremades, Gracia Giménez y Eduard Ramírez, quienes ofrecieron una muestra de obra y se prestaron a establecer un diálogo sobre la inspiración y el objeto final de la poesía.

A mediodía hubo de nuevo una reunión ante la mesa, esta vez en el Castillo de la Mola. Por la tarde, el festival tuvo como colofón un recital abierto en homenaje al poeta de Burjassot Vicent Andrés Estellés, nombrado hijo predilecto de Novelda en 1988.

Vivimos un fin de semana intenso como arranque de temporada colaborando en un festival que nació con vocación de continuidad y en el que estaremos encantados de volver a participar en las próximas ediciones.

A Manolo, in memoriam.

Mesón El Viscayo (Castalla)

La semana pasada inaugurábamos la sección «Otras disciplinas», en la que compartiremos con todos vosotros propuestas culturales de toda índole en la zona contestana. Literatura, fotografía, exposiciones, museos… y, cómo no, gastronomía. No debemos olvidar que la gastronomía es todo un arte. Recetas que pasan de abuelos a nietos, de madres a hijos o los platos que ya tomaban los pastores hace cincuenta años. Todo pensador debe tener cuerpo y mente en forma para dar rienda suelta a su creación, pero para ello lo primero es tener la barriga llena. De manera que hoy vamos a traer una recomendación culinaria.

Como parte de nuestra ruta literaria del pasado sábado, los miembros de Letras de Contestania recalamos en Castalla, en el restaurante El Viscayo. Lo primero que llama la atención del visitante al entrar es la barra cuelga del techo del comedor, en toda su longitud, al más puro estilo carnicería/charcutería, llena de toda clase de embutidos y carnes; pero más desconcertante aún se hace para los clientes el hecho de que nos den un guante de plástico y un cuchillo y seamos invitados a cortar y comer cuanto queramos. Además de este «aperitivo», los camareros os servirán un estupendo pan de pueblo tostado a la leña y acompañado de tandas de all-i-oli, tantas como el estómago aguante. Pero debéis ir con cautela, pues si vuestro plato principal va a ser el típico gazpacho, por el que es famoso el restaurante, habrá que parar de comer embutido para dejar hueco.

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Los gazpachos de Castalla no son exactamente iguales al gazpacho manchego, tan habitual en las provincias de Albacete y Alicante. En una torta de pan recién sacada del horno, a la que el camarero le retira la corteza de la parte superior, y en la que se sirve la carne y la pasta para comerla directamente de ahí, como si de una fuente se tratara. Cuando el cuerpo no dé más de sí y decidáis no comer más, tras retiraros el gazpacho sobrante, os traerán la miel. ¿Miel? ¿Para qué? Os estaréis preguntando. Pues para comeros esa torta con el jugo de la comida acompañada de la miel. Antes del postre, una enorme fuente con todo tipo de fruta y de la que puedes comer también la cantidad que desees, os servirán la famosa infusión que dan en llamar «chichirigüiqui»: una mezcla de hierbas que, después de tanta comida, sienta genial al estómago.

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Independientemente de la comida y la gastronomía, algo que sobresale por encima de todo es el propio dueño y fundador del restaurante, personaje inolvidable que es todo un showman. Desde el primer momento interactúa a voces con los comensales, saludando, gastando bromas procaces y haciendo unos estupendos trucos de magia con cartas.

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Sin duda, El Viscayo es un lugar peculiar, al que debéis ir sí o sí, si queréis comer unos gazpachos manchegos de los buenos.

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Arte espacial

Dentro del competitivo mundo del arte contemporáneo, la única manera de conseguir un titular o unas líneas de comentario es forzar al máximo el «efecto sorpresa». Pero, claro está, en 2017 y a diferencia de lo que sucedía hace un siglo, en pleno fervor vanguardista, sorprender es una tarea casi imposible. Todo se parece a todo, y el arte no deja de ser una labor de «bricolaje» consistente en decir lo mismo de siempre aunque de forma «ligeramente» distinta. En este contexto agonístico, en el que el artista lucha diariamente contra la indiferencia del Sistema, un autor, Trevor Paglen, y una institución, el Nevada Museum of Art, han decidido «ampliar» literalmente los límites del arte a través de un proyecto que contempla el envío de una «escultura-satélite» al espacio.

Trevor Paglen
© Janina Wick

El carácter de esta obra según subraya Paglen será exclusivamente estético y no tendrá ninguna otra utilidad de índole tecnológica. Esencialmente se trata de exponer arte en el espacio, entre el resto de satélites y basura espacial, descubriendo nuevos lugares que el arte pueda habitar y en los cuales se desafíen los tradicionales métodos de exposición. El problema, no obstante, es conocer qué tienen estas iniciativas de verdaderamente revolucionarias, y qué de ocurrencia simplemente bizarra. Porque, desde la pasada Bienal de la Antártida celebrada este mismo año, parece prender en el arte una necesidad desesperada de suplir la acuciante falta de ideas que sufre por estrategias de geo-localización tan llamativas que permitan el olvido de la inoperancia intelectual. Mandar una escultura al espacio puede ser una gran idea o meramente una bravuconada del neo-capitalismo voraz. No parece importar, en este caso, el discurso, la dimensión conceptual de este «despegue artístico»; lo que preocupa, ante todo, es colocar un objeto estético lo más lejos posible de la tierra y sumar al arte a una carrera espacial absolutamente absurda.

Livia Daniel

Cuando nos reunimos con la intención de programar la temporada en la web, hablamos de incorporar a nuestras publicaciones algunas secciones nuevas, como una agenda cultural o un espacio en el que descubrir(os) artistas contestanos, de sangre, espíritu o residencia. Para inaugurar este último, que hemos querido llamar Otras disciplinas, os traemos la obra de la joven fotógrafa Livia Daniel.

Livia Daniel (Alicante, 1989) combina en su obra fotografía, texto y collage, principalmente, aunque también realiza instalaciones. Como comprobaréis si os adentráis en sus trabajos, Livia sumerge al espectador en un ambiente siempre íntimo y complejo, que puede desdoblarse una y otra vez, que jamás llega a definir lo que conforma, en definitiva, el concepto de identidad.

A continuación os dejamos una breve muestra de su trabajo, pero podéis consultar su página web y también en su cuenta de Instagram, en la que veréis algunas obras que no aparecen en su portfolio.

Berlín | © Livia Daniel
Histoire vrai numéro 1 | © Livia Daniel
Pero quizá | Livia Daniel
Photographie I | Livia Daniel
The Red Ceiling | Livia Daniel

Página web de Livia Daniel: liviadaniel.com
Instagram: @liviadaniel_

Trovador y Trovatore: un caso de adaptación de un drama español a la ópera italiana

A pesar de que un buen número de óperas de Verdi están ambientadas en España, en el compositor había un radical desconocimiento de nuestro país, que no logró remediar ni siquiera con su viaje por la península en 1863. Tanto los temas elegidos para sus dramas como el modo que tuvo de resolverlos manifiestan con claridad que su actitud frente a la idiosincrasia española fue tan poco profunda como la de la mayoría de los turistas que nos han visitado siempre, actitud esta muy criticada por los autores costumbristas españoles.

Giuseppe Verdi llevó a la partitura algunos temas de ambiente español basados en obras de Victor Hugo, como Ernani (y el proyecto largamente meditado y finalmente irrealizado de adaptar su Ruy Blas) o el Don Carlos de Schiller. Además, se sirvió de tres dramas románticos españoles para su traslado a las tablas de la ópera: Don Álvaro o la fuerza del sino del Duque de Rivas, así como Somón Bocanegra y El trovador, ambas de Antonio García Gutiérrez. En el presente artículo vamos a dar algunas pinceladas sobre cómo fue el proceso de adaptación de esta última obra teatral por parte de sus libretistas y del compositor mismo.

De las tres obras españolas trasladadas al género operístico por Verdi, la primera fue El trovador. Estrenada el 19 de enero de 1853, quince años después de la primera representación en Madrid del drama de García Gutiérrez, la ópera no respondía a encargo alguno, sino que el propio Verdi se la había propuesto a Salvatore Cammarano, afamado poeta que ya había colaborado con el autor de Buseto en varias óperas de su primera época. Esta fue la última colaboración entre ellos, pues Cammarano fallecía en Nápoles en julio de 1852, faltando todavía por escribir un tercio del libreto, de manera que Verdi encargó la conclusión del mismo a un joven poeta napolitano, Leone Emmanuele Bardare, quien realizó la tarea siguiendo siempre las notas dejadas por su predecesor.

El trabajo de adaptación de una obra teatral a un «producto» operístico supone un doble esfuerzo de traducción. Por un lado, en este caso, está el trabajo meramente lingüístico de verter los versos españoles en versos italianos. Además, esta versión en italiano debe responder a unos metros y ritmos apropiados para su adaptación musical. En una carta de 1851, Verdi le decía a su primer libretista: «He leído su programa, y usted, hombre de talento y de carácter tan superior, no se ofenderá si yo, que no valgo un ardite, me tomo la libertad de decirle que si este tema no se puede tratar en nuestra obra con toda la novedad y bizarría del drama español, mejor es renunciar a ella». Este apego por la obra original no impidió que el número de personajes se redujera a 0, fundiendo en uno a varios personajes de la obra española, o suprimiendo algunos otros. Los 5 actos o jornadas del drama español fueron redistribuidos en 8 escenas, agrupadas en 4 actos. Además, para poder vadear la censura napolitana, tuvo que hacer que Leonora ingiriera el veneno de espaldas al público, que no pudieran utilizarse palabras como «iglesia», «convento» o «votos», o que no se pudiera hacer ninguna mención a los diversos partidos y facciones políticas, tan importantes en el drama español.

trovatore

Quienes conozcan la obra de García Gutiérrez sabrán que se trata de un embrollo monumental lleno de despropósitos, muy del gusto de la época. Sin embargo había en él algo que hizo que Verdi sintiera una poderosa cercanía por las desventuras del joven Manrico. Sin ninguna duda, tanto en la obra de García Gutiérrez como en la de Verdi, el personaje más descarnado, más monumental, es el de la gitana Azuzena, madre adoptiva del trovador y motor del drama. El desgarro entre el amor materno y la necesidad de venganza es algo que ya había puesto de relieve Mariano José de Larra en su artículo «El Trovador»: «no es la pasión dominante del drama el amor, otra pasión, si menos tierna, no menos terrible y poderosa, oscurece aquélla: la venganza». Que este extraño personaje materno atrajera tanto la atención del compositor, se suele explicar por la proximidad del fallecimiento de su propia madre y por su necesidad de dar salida a su dolor por esta pérdida.

El personaje de El conde de Luna pasa a ser el típico rol baritonal de «el antagonista», desapareciendo casi por completo en la ópera la pasión amorosa que le movía en el drama teatral. Su único momento de nobleza en la ópera se manifiesta en el aria del II acto, «Il balen del suo sorriso». Por lo demás, es un personaje que resulta algo plano y convencional, muy ceñido a su necesario papel de «malo».

Es curioso que algunos nombres, patronímicos y toponímicos, fueran transformados en su paso al libreto. Es casi seguro que esto se debió a las dificultades de pronunciación que suponen para un italiano un personaje llamado Jimena, rebautizada como Ines. Sin embargo, no tienen explicación posible cambios como Velilla por Pelilla, o Castelar por Castelor.

En la ópera de Verdi encontramos algunos momentos que son totalmente invención del libretista Cammarano. De ellos, el más brillante y conocido es quizá el coro de gitanos con el que se inicia el Acto II, del que no existe rastro alguno en la obra original. Musicalmente, el empleo en esta ópera del coro como personaje independiente supone la recuperación del mismo a la manera de las tragedias griegas.

En Manrico, posiblemente el personaje mejor perfilado por Verdi junto con el de Azuzena, se desata un conflicto entre su baja extracción social y su ambición, lo que le llevó a unirse al conde de Urgel y a aspirar al amor de Leonora. Los hechos históricos y políticos que mueven al personaje de García Gutiérrez podían ser quizá de interés para el público español, pero no lo eran en absoluto para el público de ópera italiano. De este modo, algunas escenas del drama español son suprimidas o muy resumidas en la ópera. Verdi (y Cammarano), era un agudísimo animal de teatro, y seguro que tuvo que ver en la decisión de algunos cambios más, como la participación directa del Conte di Luna en el intento de rapto de Leonora, cosa que en el drama teatral no lleva a cabo él, sino sus secuaces. Otro ejemplo de la intervención de Verdi en la adaptación del teatro a la ópera lo tenemos a principio del Acto IV, con el aria de Leonora «D’amor sull’alli rose», un ejemplo de inminente fin del aria belcantista al suprimir el esquema de aria (lírica)-recitativo-cavaletta (brillante); en la carta citada más arriba, Verdi le dice a Cammarano: «Leonor no tiene parte en el Canto de los Difuntos y la Canción del trovador, y esta a mí me parece una de las mejores posiciones de una aria».

No obstante los muchos cambios señalados, hay en el libreto de Cammarano y Bardade ejemplos en los que se sigue casi al pie de la letra el texto español. Podemos citar por ejemplo el canto del trovador, en el primer cuadro del Acto IV: «Despacio viene la muerte / que está sorda a mi clamor / para quien morir desea… / despacio viene, ¡por Dios! / ¡Ay!, ¡adiós, Leonor!»; «Ah, che la morte ognora / È tarda nel venir / A chi desia morir! / Addio, Leonora, addio!». En el último cuadro de la ópera, se reducen las últimas escenas del drama, traduciendo literalmente al italiano muchos de sus versos.

Para concluir, aunque observamos cierta rigidez tanto en la caracterización de los personajes como en la distribución de las escenas, esto no debe achacarse tanto a errores de los libretistas o del compositor como a la pobreza que aún tenía a mediados del siglo XIX la ópera italiana que, por otra parte, contaba con el apoyo del público para sostener dichos esquemas y convenciones. Si bien el libreto que Cammarano y Bardare extrajeron del drama de García Gutiérrez es muy preciso y bien cortado, ni Verdi ni tampoco la ópera italiana estaban preparados en 1853 para cambios profundos a nivel dramático y musical como los que vendrían más tarde. Esa mayor y mejor unión entre texto y música llegará con el empuje del drama musical wagneriano y con las obras más maduras de Verdi. Además, no se podía conseguir con una obra no muy perfecta como El Trovador, sino con una obra maestra de la talla del Otello de Shakespeare.

Madre noche (Kurt Vonnegut)

Portada de Madre noche (Kurt Vonnegut)Cuando él tenía once años, por motivos laborales, la familia de Howard Campbell se traslada a Alemania desde su Norteamérica natal. Será allí donde crezca, estudie, se enamore, se case y se convierta en un reconocido escritor. Con lo que no contaba era con que también allí se convertiría en un espía para los norteamericanos durante la Segunda Guerra Mundial. Respaldada por su fama en el mundo literario, su opinión tendrá un gran valor para los oyentes de los programas radiofónicos a través de los cuales lanza sus mensajes propagandísticos a favor de los nazis y de denuncia contra los judíos. Lo que no sabían los alemanes era que por medio de estos mismos programas Howard cuela a los países aliados una importante información cifrada.

De este modo, Kurt Vonnegut presenta a los lectores la historia de este peculiar personaje, protagonista principal de su tercera novela, Madre noche. Esta obra fue publicada justo antes de Matadero 5, que fue la que le hizo mundialmente conocido. Es cuanto menos curiosa la mención que ya hace aquí de la ciudad de Dresde, en la que se desarrolla parte de la historia de Howard Campbell, puesto que comparte trabajos forzados en esa misma nave donde se fabrica el jarabe para embarazadas y en la que también estuvo Billy Pilgrim, el protagonista de la otra novela. Los seguidores del autor sabrán que Vonnegut es dado a mezclar intervalos de historias y personajes entre sus diferentes libros y que lo hace de una manera excepcional.

La narración tiene forma autobiográfica, ya que es Howard el que cuenta la historia de su vida desde la perspectiva de sus cincuenta y cinco años. Este es justo el momento en el que se enfrenta a un juicio en Israel (al igual que le sucedió a Eichmann en la realidad y con quien, en la novela, coincide en una prisión de Rusia) por ser considerado uno de los criminales de guerra más buscados debido a su propaganda nazi en la radio alemana. El libro está compuesto por capítulos cortos, de no más de cinco páginas, lo cual convierte la lectura en una experiencia amena e hipnotizante, pues no hay ninguno de ellos en el que no se abra una trama nueva o surja otro dato interesante. Todo esto hace que el lector no pueda dejar descansar la vista un rato, y es muy probable que devore el libro sin tregua. Fiel a su estilo sarcástico y utilizando su habitual lenguaje crudo, el autor consigue crear una historia que por momentos nos arranca la carcajada a partir de un tema tan duro como es el nazismo.

Detrás de esta historia plagada de elipsis y saltos temporales, se esconden otras muchas vivencias de otros tantos personajes: relaciones de amor a dos, y sólo a dos, como «una nación de dos»; mentiras, odio, deseos de venganza, traición y locura. La locura a la que llega el hombre que vive la guerra y que nunca podrá olvidar todo lo que en ella vio o, en este caso, todo lo que en ella sucedió por su culpa. Ese sentimiento de culpa será el mayor de los problemas de Howard y será su fantasma a exorcizar. A través de esta culpa, Vonnegut plantea un dilema moral sobre si está bien o mal lo que la mayoría de la sociedad acepta como tal, sin soportar el pensamiento del individuo.

Finalmente, la moraleja de toda esta historia es que terminamos siendo aquello que los demás creen que somos en base a lo que aparentamos ser. Por eso debemos llevar mucho cuidado con lo que aparentamos si no queremos convertirnos e alguien que ni nosotros mismos conoceríamos.

Madre noche
Kurt Vonnegut (Anagrama, 1987)
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