La máquina se para (E. M. Forster)

forsterUn día, de repente, internet deja de funcionar: ya no recibimos noticias a través de Twitter, debemos visitar a las personas a las que queremos comunicarles algo porque ya no hay Whatsapp, y esta reseña solamente puede leerse en papel, y no en un “estado” de Facebook. Imaginemos que nuestra vida, controlada y condicionada por “la nube”, vuelve a un adánico e irreversible mundo analógico. Un ejercicio de imaginación parecido ya lo realizó, hace más de 100 años, el británico Edward Morgan Forster, uno de los de Bloomsbury. Sin embargo, es probable que la existencia de algo parecido a internet solo existiera en la imaginación de algunos científicos bien informados, aunque la literatura ya había comenzado a anticiparse y ahí tenemos las obras de Wells u otros.

Forster publicó su relato La Máquina se para en 1909. En ese momento, quizá solo unos pocos clarividentes podían comenzar a intuir la proximidad de una hecatombe equiparable a la que esta novelita imaginaba. Lo que seguro que no se les pasaba por la cabeza es que un siglo más tarde esa misma sociedad vivirá de una manera asombrosamente similar a la que plantea en el relato. Este texto ha sido alabado entre los aficionados anglosajones al género de la ciencia ficción como uno de los mejor “relatos de anticipación” del siglo XX. Desde hace un año tenemos la oportunidad de leerlo en español, en la traducción de Javier Rodríguez Hidalgo, editado por el inquieto sello de raíz alicantina Ediciones El Salmón.

La distopía que plantea, se aproxima a otras más conocidas, como A brave new world de Huxley, 1984 de Orwell, Anthem de Ayn Rand o Fahrenheit 451 de Bradbury. A diferencia de aquellas, The Machine Stops de Forster presenta una sociedad homogeneizada no por una suerte de directorio de sabios que deciden lo que conviene o no a la sociedad, sino por una misteriosa Máquina que mueve los hilos de todos los habitantes de una tierra subterránea, cuya superficie es presentada como hostil para el ser humano y, por tanto, prohibida. En ese mundo seguro y pacífico, la única ocupación de las personas es producir ingentes cantidades de información que, a su vez, sirve de fuente para generar más y más información, cada vez más alejada de la primera mano. ¿Suena familiar?

Sin embargo, en ese mundo idílico aparece la nota discordante en la figura del hijo de la protagonista, que sospecha que algo no funciona como debería, que se les está ocultando algo. Es en este momento cuando el relato, en mi opinión, flaquea como tal, quedando en poco más que un germen de novela ya que en unas pocas páginas aparecen tramas y personajes que carecen del desarrollo al que nos tiene acostumbrado el autor en sus otras obras mayores.

Los personaje de Forster son habitualmente de una desquiciada complejidad psicológica. Los diálogos entre ellos nos permiten conocerlos casi mejor que a nosotros mismos. Esto no sucede en La Máquina se para. Aquí todo es frialdad, aunque creo que esta es debida a los corsés que La Máquina impone a sus súbditos. Nos obstante, el personaje del hijo parece querer escapar de esa gelidez, aunque en realidad, en las páginas de esta historia, no lo hace. En algún momento nos hace pensar que se va a convertir en actor del cambio que se avecina, pero pronto nos damos cuenta de que, inexplicablemente, ha vuelto a su papel de espectador.

Como conclusión, desde mi punto de vista, La Máquina se para es un relato de anticipación excelente, cercano a la profecía en cuanto al mundo mecanicista que muestra. Una lectura e la que podemos disfrutar gracias a Ediciones El Salmón. Sin embargo, desde un punto de vista estrictamente literario, el relato puede llegar a defraudar a los lectores habituados a que las elipsis propias del género se justifiquen a sí mismas, pero no a que nos dejen con la sensación de que la historia podría haberse desarrollado más. Desconozco las circunstancias de su escritura, pero creo que Forster perdió la oportunidad de ser recordado sin ninguna duda entre los autores de un género interesantísimo que en aquellos años comenzaba a dar sus primeros frutos maduros. Por fortuna, gracias a sus muchas otras obras, ya ocupa su merecido lugar en la historia.

 La máquina se para
E. M. Forster (Ediciones El Salmón, 2016)
Erratas encontradas: 1. 

Prosas reunidas (Wisława Szymborska)

SzymborskaA día de hoy casi siente uno pudor de admitir que le gusta y admira la poesía de la polaca Szymborska, de tan extendida como está esta opinión en nuestro país. Sin embargo, no puedo más que repetirlo: me gusta esta mujer. Me cae bien; incluso en las fotos que conozco de ella me resulta simpática. El libro que hoy nos ocupa no ha hecho más que acrecentar esta opinión.

En esta ocasión no se trata de poesía. En Prosas reunidas, se recogen cientos de artículos publicados a lo largo de unos 40 años y previamente agrupados en tres colecciones: Lecturas no obligatorias, Otras lecturas no obligatorias y Más lecturas no obligatorias. En ellos, Szymborska comenta lecturas de lo más variopinto, desde novelas clásicas de todas las latitudes hasta catálogos de papel de pared (la autora se encarga de dejar claro en el prólogo que no debemos esperar reseñas al uso). Nada más heterogéneo que estas lecturas, de las que se sirve para hablarnos de sí misma, de sus pensamientos y de sus intereses, como una de las últimas seguidoras de la estela de Montaigne, de quien en varias ocasiones manifiesta su admiración.

Estoy leyendo porque desde pequeña me produce placer acumular saberes innecesarios. (p. 33)

Llegado el caso de tener que resumir este extenso volumen de casi 600 páginas en un solo lema, este sería el de «el placer de leer». En este sentido, no he podido evitar pensar en otra ilustre lectora, Helene Hanff, con la que Szymborska comparte el amor por los libros, si bien sus gustos son mucho menos restrictivos que los de la estadounidense.

El libro destila humor en cada página. Cuando reseña algún libro que contiene elementos narrativos, despliega el argumento de este con un estilo muy cercano a la oralidad, como quien le cuenta una anécdota a un amigo (vid. pp. 293-294). Eso no le impide criticar con dureza aquellos que no le gustan o con los que no está de acuerdo:

Y aún otro disgusto: la traducción del libro es horrorosa. La autora parece no darse cuenta en ningún momento de que la sintaxis polaca y la alemana son diferentes (p. 231).

Ahora que sale el tema, en todos y cada uno de los libros reseñados hace mención del traductor, cosa nada habitual.

Personajes históricos, libros de cocina, textos literarios, muchos libros sobre animales y plantas, catálogos. El volumen está poblado de libros de toda índole. Quisiera destacar una de las reseñas que aparecen cerca del principio, el titulado «Pasar página» (p. 55), que en realidad es una exquisita (aunque no esté yo de acuerdo con algunos aspectos de la traducción) felicitación de Año Nuevo, bajo el disfraz de una enumeración de todo lo que se puede uno encontrar en el reverso de las hojas de un calendario.

En conclusión, estas Prosas reunidas de Wislawa Szymborska deparan horas de muy entretenida lectura, durante las cuales no podemos sino pensar con agrado en esa mujer menuda, de sonrisa pícara y agradable, con cuya poesía ya habíamos disfrutado tanto. Una lectura muy recomendable de la mano de la editorial Malpaso.

Prosas reunidas
Wisława Szymborska (Malpaso, 2017)
Erratas encontradas: 6.

El cuaderno gris (Josep Pla)

cuaderno grisLa escritura memorialista no es precisamente la que más predicamento tiene en nuestra literatura. No así, dicen, sucede en las letras de otras lenguas, como las anglosajonas, donde gozan de una salud de hierro. No obstante, en las distintas lenguas peninsulares existen algunos ejemplos de excelente calidad. Me vienen de pronto a la cabeza los esfuerzos de Andrés Trapiello y, para no hablar solo de lo reciente, de Teresa de Jesús, en El libro de su vida, o del Diario de un artista seriamente enfermo de Jaime Gil de Biedma.

El año 1966 vio la luz el primer volumen de lo que iba a constituir la colección de las Obras completas de Josep Pla. Este primer volumen lo constituye el que quizá sea la obra maestra del dietario, de las memorias, escrito en España. Se trata de El Quadern Gris. En dicho volumen, Pla presenta, reelaboradas, reescritas, ordenadas y puestas al día, las anotaciones del dietario personal que había llevado durante los años 1918 y 1919.

No me había aproximado antes a la obra de Pla debido a un, ahora lo comprendo, estúpido prejuicio contra la ideología política del autor, tan alejado de la mía propia. Pero es quizá la incipiente madurez la que me ha llevado a dejar caer el velo de esas tonterías y a poder disfrutar (gozar, que diría Roland Barthes) de estas páginas.

No me he atrevido a leer la obra en su lengua original, que comprendo pero no lo suficiente como para adentrarme en ella con suficiente pertrecho. La edición que he leído es la traducción realizada en 1975 por Dionisio Ridruejo y por su esposa Gloria de Ros, asistidos por Josep Vergés, y editada por Destino, en su colección «Áncora y Delfín».

Lo que más llama la atención al leer este “diario” es la aparente frescura y juventud de la voz del narrador-memorialista. No en vano, la obra está elaborada a partir de los apuntes que el propio Josep Pla fue registrando, con esa diligencia de grafómano tan suya, durante los dos últimos años de la Gran Guerra. Pla y su familia, y su entorno, vivían alejados de la Guerra en su idílico entorno de Palafrugell, y luego de Barcelona, aunque sin poder darle la espalda del todo. Quizá debido a la influencia que el conflicto estaba teniendo en toda Europa, incluso en los países no beligerantes como España, en las páginas de El Cuaderno Gris se puede apreciar que el mundo está cambiando; lo que su mundo era antes y lo que es ahora —entonces—, es una constante en las páginas del Cuaderno.

La obra está formada, así, por un mosaico de muy diversos géneros: anécdotas familiares, retratos de costumbres, anécdotas, reflexiones diversas, partes meteorológicos (cuánta importancia tienen, comprensible en el entorno rural del principio del libro, los distintos vientos que soplan sobre Palafrugell), crónicas de sucesos, noticias venidas de más allá de su comarca, etcétera.

Es muy probable, no lo sé,  que los textos plasmados en el libro no se correspondan exactamente con la fecha bajo la que aparecen registrados. Tanto da. El Cuaderno Gris es, como todo buen libro de memorias, el fruto de una relectura por parte de su autor, de una profunda reelaboración y de una reescritura minuciosa. El fruto de todo ese trabajo es un libro de una lectura muy placentera, que se presta a volver a leer a fragmentos de tanto en tanto. Es un libro lleno de sabiduría y de reflexiones memorables. ¡Cuánta influencia no habrá en él de los Essais de Montaigne! Es un documento impagable para conocer un lugar, el Baix Ampordà, y una época, principios del siglo XX, que son trasunto de lo que podría estar sucediendo por esos años en tantos otros lugares de Europa donde los obuses no estuvieran silbando.

El cuaderno gris
Josep Pla (Destino, 1975)
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Ser el canto (Vicente Gallego)

Ser el cantoEs evidente que toda la literatura en lengua española no es, ni mucho menos, literatura mística; y por obvio, tampoco toda la literatura mística lo es en lengua española, si bien es una de las lenguas en las que se han escrito algunos de sus textos más famosos. De igual modo, si bien la mística supone en su origen el intento de los poetas por expresar su experiencia directa de la divinidad, no siempre esa divinidad es equiparable al dios de ninguna de las grandes religiones monoteístas.

Dicho todo esto, creo que no yerro al afirmar que el poemario del poeta valenciano Vicente Gallego Ser el canto no es ni más ni menos que un bello fruto reciente dentro de la corriente de poesía mística que tan buena fortuna ha tenido en nuestra lengua. Hoy, la expresión del acercamiento a la totalidad no necesita de deidad alguna. En este libro, Gallego canta al encuentro con la naturaleza, con la existencia en sí misma, con todos los seres que la conforman.

El poemario está formado por cincuenta cantos. Poemas de una preciosa factura técnica, de verso medido con cuidado (casi exclusivamente heptasílabos y endecasílabos), que en ningún momento devienen en arte frío ni en anacronismo, desmintiendo la idea muy extendida de que la poesía actual vive de espaldas a la tradición. Su lenguaje, en apariencia sencillo, forma imágenes de una belleza plástica en ocasiones apabullante:

Muy lavando de pájaros, a vueltas
de pétalos y pólenes, el cuerpo
se derramó en la tierra,
fue quebrado en la fe de lo radiante.
(Canto IX)

Al igual que en los poemas de Juan de la Cruz, de Ramon Llull o de Shelomo Ibn Gabirol, Vicente Gallego canta al Amor, no al amor concreto, minimizado a un solo ser, sino al hecho mismo de amar:

Es todo tan sencillo, es lo de siempre:
entra el amor en uno y siente uno
que lo hace como Pedro por su casa,
(Canto XLIX)

Canta igualmente a la belleza, a la evidencia de que la naturaleza carece de plazos y de que solamente el presente es real:

Canto lo irremediable,
lo que se hace presente en el presente,
canto el olvido y canto
del olvido el olvido; de la muerte
la grandísima muerte.
(Canto XLVI)

Antonio Moreno, dedicatario del libro y autor del texto de la contraportada, duda que estos poemas sean en realidad poesía mística («¿Poesía mística? Solamente poesía. Vibrante, honesta, sabia poesía»). En realidad, es cierto. Poco importa si en los versos de Ser el canto tiembla la necesidad de expresar aquello para lo que, según Gerardo Diego, el lenguaje es insuficiente. No desdiría nada si así fuera de la enorme calidad de estos poemas, de la belleza con la que su autor los cincela.

Ser el canto
Vicente Gallego (Visor, 2016)
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Demasiadas prisas

Para la lectura, como para tantas cosas en la vida, las prisas no son buenas consejeras. Aunque sea porque el trabajo nos obligue a ello, acumular lecturas por hacerlo, por el prurito de añadir una nueva muesca a la lista de libros ya leídos, no se aviene con el hecho de disfrutar de la lectura. Disfrute, digo bien, y no entretenimiento, cuya buena fama en la superficial sociedad de hoy en día es una plaga para toda obra fruto del pensamiento.

Esta reflexión tan desmañada se abrió camino en mi cabeza a raíz de la primera lectura del duro y difícilísimo poemario de Alba Ceres, Luciérnaga, del que puede que hable en otro momento. Tras muchas semanas deseándolo, cuando el libro finalmente llegó a mis manos no sólo lo devoré, sino que lo leí a una velocidad totalmente inadecuada. Me perdí casi todo. Ese fue el momento en el que me di cuenta del error en el que estaba cayendo.

En mi caso, creo que esa voracidad lectora se debe a cierto mecanismo mental mediante el cual trato de rectificar un yermo de unos veinte años. En ese tiempo, lo que va de la finalización de la carrera hasta no hace mucho, la actitud con la que me acercaba a la lectura era simplemente la diversión. De modo que llego al tiempo presente con la impresión de que en mi formación hay un hueco demasiado hondo. De ahí las prisas. Además, yo fui siempre un lector de paso lento. Y esto se suma a lo anterior para azuzarme en la urgencia.

Pero ya no, ya no hay prisa. La lectura es reflexión, es goce. Es entrar en la mente de otra persona y compartir, o disentir, un mundo, una manera de entender la realidad. Las palabras unidas en un texto inteligente no son meras sucesiones de sonidos, sino un organismo sobre el que no es buena cosa pasar de puntillas, sino enfangarse en él.

Desnuda luz de la melancolía (Ramón Bascuñana)

desnuda luz melancolía ramón bascuñanaQue Ramón Bascuñana (Alicante, 1963) se encuentra en posesión de un voz poética firme y consolidada es algo que no se escapa fácilmente a cuantos seguimos el curso de su obra, extensa y extendida en el tiempo. Lo que quizá pudiera entenderse como un defecto, no lo es en absoluto en este caso ya que regresar a un texto de Bascuñana es como volver a una playa conocida, en la que sabes que el disfrute está garantizado.

Ramón tiene oficio, pero sus poemas no son en absoluto predecibles ni artificiosos. Tiene oficio porque conoce los resortes de su labor y los emplea con habilidad. En su último libro publicado hasta el momento, Desnuda luz de la melancolía, ese oficio es casi el de un orfebre cuando consigue pulir las facetas de los temas que le obsesionan: el paso del tiempo, el vislumbre de la muerte, la decepción ante la realidad.

En el presente poemario, galardonado con el XXI Premio Internacional de Poesía Ciudad de Las Palmas de Gran Canaria, Ramón Bascuñana labra cada uno de los poemas, consiguiendo que suenen a nuevo las cosas de las que ya nos ha hablado antes:

Este mismo poema puede que lo haya escrito
con alguna variante en un pasado incierto.
La vida y la escritura solo tienen sentido
si encontramos la forma de ver lo que es igual
de un modo diferente. […]

Una característica que vertebra el conjunto de poemas de Desnuda luz de la melancolía es la del ritmo. En todos ellos, Bascuñana hace un sabio uso de los metros clásicos, principalmente endecasílabos, heptasílabos y alejandrinos (como en el ejemplo expuesto más arriba). Se atreve incluso con estrofas de otras latitudes, aunque muy bien adaptadas a la poesía en español, como el haiku, del que un ejemplo es el poema «Bajo el sol de septiembre». Los poemas de este libro son textos para ser leídos en voz alta, que es como entiende la poesía este autor. No en vano, es uno de los seleccionados para formar parte de Minoría Virgiliana II, entrega número 6 de la revista La Galla Ciencia.

Pero si hay algo, en mi opinión, que singulariza este libro frente a otros suyos anteriores, es la presencia del humor. No un humor irónico o dolido, sino que los poemas despiertan una sonrisa por la actitud que afronta su autor cuando habla de cosas que quizá en otros momentos hubieran sido más amargos:

Amo las cosas breves, todas las cosas breves:
[…]
Quizá por eso amo,
con desesperación, tercamente, la vida.

Por otro lado, aparece en Desnuda luz de la melancolía un tema recurrente en la poesía última de Bascuñana, la reflexión sobre el hecho de la escritura poética. Para él, escribir poesía es un acto doloroso, aunque necesario. Doloroso por la materia de la que se nutre

¿Qué obtuve de la vida?
Puede que la materia
—el dolor y el esfuerzo—
con los que ahora escribo
este frágil poema.

pero doloroso también por el mismo hecho físico del acto de escribir; «¡Cuánto dolor para parir un verso!», dice al concluir el poema «Rendición».

Resulta complicado hacer una crítica de un libro que habla de cosas sobre las que se ha hablado en persona con su autor. No obstante, una cosa son la ideas, y otra bien distinta su plasmación en el poema. Y Ramón Bascuñana ha logrado, de nuevo, plasmar en su poesía todas esas ideas que le rondan, que me consta que le rondan. Todo aquello que, confesado entre cervezas y alguna copa de vino, constituye buena parte del fondo de sus pensamientos. Conocer, sea superficialmente, el alma de una persona no supone un obstáculo para disfrutar de sus criaturas. Más bien al contrario, ayuda a saber apreciarlas quizá un poco mejor.

Desnuda luz de la melancolía
Ramón Bascuñana (Ayto. de Las Palmas de Gran Canaria, 2016)
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Este libro no te interesa (José Sáez Olmos)

Portada Este libro no te interesaEl cuento es ese género literario que se caracteriza por narrar en un solo aliento, normalmente breve, una escena o un relámpago que ilumine una escena. Todo esto lo encontramos en este volumen, Este libro no te interesa.

Según confiesa en la introducción José Sáez Olmos (San Pedro del Pinatar, 1982), el desconcertante título del libro responde a una intención de provocar. Apelando a un truco de psicología inversa, pretende que el lector penetre sus páginas atraído por la intriga. Una vez dentro, quizá tampoco interesen a la mayoría de la sociedad los temas que se tratan en sus relatos, de ahí la necesidad de exponerlos.

A lo largo de una decena de cuentos, el autor nos despliega un abanico diverso de «miserias» sociales; la violencia contra los transgénero, la pobreza en las favelas brasileñas, la disidencia política, las minorías étnicas y religiosas en contextos hostiles, los niños de la guerra, la trata de personas, el tráfico de órganos. Podríamos pensar que todos estos temas en realidad no son asunto literario presentados tal cual, sino más bien noticias en los diarios. Pero quizá el hecho de presentarlos encarnados en unos seres concretos, con apariencia de realidad, haga que sus dolores duelan más.

Creo que merece la pena destacar, en particular, el microrrelato titulado «En dos prisiones», finalista en el I Concurso de Microrrelatos de Amnistía Internacional Madrid «Escribir por Derechos» en 2014. A pesar de la brevísima extensión del formato, el autor logra crear un inesperado giro y sorprender, a la vez que sobrecoger, al lector en las últimas líneas.

Al final de la introducción, el autor anuncia que los beneficios obtenidos de la venta de los ejemplares de Este libro no te interesa irán destinados a proyectos y programas de carácter social y asistencial.

Este libro no te interesa
José Sáez Olmos (Círculo Rojo, 2016)
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El libro blanco (Augusto Rodríguez)

El libro blancoDe nuevo se adentra la editorial Chamán Ediciones en la terra ignota que para la mayoría de los lectores españoles supone la poesía iberoamericana, después de que en su colección «Chamán ante el fuego» publicara el poemario de Guillermo Samperio Volvimos a escuchar ese adagio de Mozart. En esta ocasión, la curiosidad de los editores nos lleva a Ecuador para presentarnos la antología que de su obra poética ha realizado el joven escritor Augusto Rodríguez y que aquí se agrupa bajo el título de El libro blanco.

Como afirma Rafael Courtoisie en el prólogo a este libro, «El libro blanco es un conjunto poético donde el resultado es mucho más que la suma de las partes». Y es que lo primero que llama la atención al leer estas páginas es la fuerte unidad de la que gozan estos poemas y que nos llevan a la sorpresa de comprobar que se trata de una antología y no de un único poemario.

En estas páginas, el autor habla de temas que no son desconocidos para los lectores de poesía: la muerte, las relaciones con el padre… Sin embargo, cabe destacar la originalidad que supone el que la muerte, es más, la enfermedad, sea tratada sin máscaras, con valentía, con crudeza incluso: «El cáncer es un territorio donde todos de algún modo u otro vamos a perecer» (pág. 56). Esta valentía, que no elude palabras que la sociedad oculta como apestadas, se aprecia desde el mismo título de algunos de los libros que componen esta antología: La enfermedad invisible o El libro del cáncer.

«El hombre es una cabeza que se incendia y que no puede apagar el infierno que lleva dentro» (p. 102), dice el poeta en uno de los poemas en prosa que pueblan esta obra. A lo largo de las páginas de El libro blanco, nos habla de la lucha de su padre contra la enfermedad, el cáncer, del que habla sin tapujos. Para él, la palabra, la poesía, se convierte en un refugio: 

La palabra debe enterrarse en nuestra memoria
y dejar que nos descifre desde adentro.
Incendiémonos el cerebro
y quedémonos desnudos en la intemperie.

(«Desnudos en la intemperie», pág. 57)

En sus poemas, el autor alterna los versos tradicionales con poemas en prosa, sin que por ello el conjunto vea resentida la unidad de la que hablábamos arriba. Esta unidad queda fuertemente amarrada por el tono y por los temas de los que trata.

Para Rodríguez, la muerte no es una amiga. La muerte es la que es inevitable, pero contra la que nos rebelamos: «No podrán derrotarnos. Vendrá la muerte y tendrá tus ojos dice Pavese y yo digo: Vendrán tus ojos y no habrá muerte. Nuestro amor como una fuente inagotable, jamás se morirá ni acabará en nuestras manos» (pág. 147).

Otro elemento que aparece una y otra vez en estos poemas es el de la sensualidad. Pero no la sensualidad erótica, sino que de lo que nos habla es de la fuerza de las caricias, del tacto, del gusto incluso, del sexo como vehículos de comunicación, de acercamiento: «Los sentidos tienen que fortalecer el puente entre mi padre y yo» (pág. 84). 

En alguna página leo sobre Augusto Rodríguez que se trata de una «joven promesa». Yo más bien creo que es una fuerte realidad. Una voz que, con la dulzura propia de la lengua con la que se comunica, nos enfrenta a todos a una realidad ineludible. A una realidad que no deberíamos querer eludir:

Tengamos precaución
de no morir envenenados
que todavía hay luz y no todo es noche.

El libro blanco
Augusto Rodríguez (Chamán Ediciones, 2016)
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Humo para unas máscaras

Entre confesiones y amigos, el jueves pasado estuvimos con Ramón Bascuñana en la magnífica librería Códex de Orihuela para la presentación de su poemario El humo de los versos, galardonado con el XXVI Premio de Poesía Ernestina de Champourcín.humo de los versos

El acto contó con la presentación, profunda y rigurosa, que de la obra hizo el también poeta y narrador Manuel García Pérez, quien destacó el aroma de tristeza y desencanto que fluye en los poemas de Ramón. Tras una breve introducción, pasó a realizarle al autor unas preguntas acertadas acerca del origen de ese pesimismo latente.

Ramón Bascuñana, hondo reflexionador sobre su obra y sobre su proceso de escritura, habló de la necesidad que para él supone escribir. Afirmó que su poesía nace de la incomodidad, de «una necesidad dolorosa», de ahí el tono desencantado que se puede descubrir en parte de su obra. Dijo tener una visión del mundo pesimista y escéptica, asentada siempre en la duda de que le puedan pasar cosas buenas aunque, de hecho, a veces, le pasen.

En cierto modo, parece como si Ramón Bascuñana hubiera hecho suyas las palabras de Rilke en las Cartas a un joven poeta, preguntándose si debe escribir; su respuesta es que no solo debe sino que necesita escribir. Y como también afirma Rilke, «una obra de arte es buena cuando surge de la necesidad». Ramón nos habló, en un tono confesional al que los que lo conocemos estamos poco acostumbrados, de las máscaras de las que desde el inicio de su obra se sirvió para evadirse de una realidad que le incomodaba o le perturbaba. También admitió que cada vez se enmascara menos, de ahí el tono más desnudo y confesional de sus últimos libros.

Presentación El humo de los versos 2

Ante una pregunta de su presentador, Manuel García, acerca de si realmente podría enmarcársele en la llamada «poesía de la experiencia», nuestro autor afirmó estar desengañado del «mundillo literario», en el que dice que no se ha sentido cómodo en ningún momento, a pesar de haber visto editados más de quince poemarios. En medio de un interesante debate con algunas personas del público, reconoció que se encontraba aparte de las capillas literarias.

Javier Cebrián, que se encontraba entre el público asistente al evento, apuntó acertadamente que no es justo acusar a la poesía de Ramón Bascuñana de monotemática sino que, más bien, lo que hace el poeta en su obra es hablar de la vida, y el problema es que la vida es con frecuencia reiterativa.

Para terminar estas líneas, quiero volver al principio de la intervención de Ramón, al momento en el que explicó que el título de la obra que se presentaba, El humo de los versos, parte de la constatación de que cada vez menos la literatura le salva como lo hacía antes. Nace del darse cuenta de que, después de muchos años y de mucho escrito, la literatura, la escritura se le hace humo porque es una manera como otra cualquiera de engañarse.

humo de los versos

No quiero despedirme sin antes dejar aquí unos versos del poema «Frágil» que nos dedica en su libro a Óscar y a Raúl, y que pueden dar idea del tono del poemario y de la charla que se desarrolló durante este acto de presentación en la librería Códex de Orihuela: «Un accidente leve / me devuelve a la frágil / conciencia de lo perecedero».

Rocinante (Alfred Corn)

Rocinante (Alfred Corn)Por primera vez se presenta en lengua española una selección de poemas del escritor norteamericano Alfred Corn (1943), autor de una amplia obra poética, aunque también de novelas y volúmenes de ensayo y crítica, poco o casi nada conocida en nuestro país. En el presente libro, Rocinante, editado por Chamán Ediciones, el escritor y artista plástico mexicano Guillermo Arreola selecciona y traduce algunos de sus textos.

En estos poemas de Alfred Corn llama la atención la importancia que el autor, desde los más tempranos, otorga a las descripciones. De hecho, algunos de ellos podemos considerarlos perfectamente como écfrasis («Fotografías» o «Porcelanas chinas en el Metropolitan»). En el segundo de ellos, el autor logra transmitir la sensación de vida y de movimiento mediante la detallada descripción de los esmaltes que recubren las piezas de porcelana.

Otro de los aspectos que destacan en esta antología es la importancia que para Corn tiene la naturaleza, que evoca mediante minuciosas enumeraciones y que nos traslada a los lugares de su infancia o a otros donde fue (o no) feliz, como en los textos seleccionados de sus primeros libros, All Roads at Once (1976) y A Call in the Midst of the Crowd (1978). Cabe destacar la belleza del ambiente que recrea en el poema «VII» del primero de esos libros y que termina con un verso tan hermoso como «The ocean says the past is project / To be continued».

En varios de los poemas destaca la importancia que para Corn tienen los espacios, tanto abiertos como cerrados; espacios que pertenecerían al reino de sus recuerdos, como en «Eclipse en la habitación de un hotel», o bien al de sus experiencias intelectuales o de sus reflexiones, «Un poema titulado “Basho en la cabaña de Genju”», donde aparecen unos versos que podríamos considerar que son una suerte de carta de intenciones: «A una vida humana se le mide / en el orden secuencial de sus moradas».

Diversas referencias más o menos explícitas a obras de otros autores jalonan su obra. En este sentido podríamos citar los ecos a los Four Quartets en el final de «Porcelanas chinas en el Metropolitan» o la referencia mucho más explícita en el título «What the thunder says», que nos remite al poema conclusivo de The Wasted Land.

La poesía de Alfred Corn, en los poemas seleccionados en esta antología, es una obra de sentimientos contenidos. La emoción, inherente a los verdaderos textos poéticos, surge de los juegos de evocaciones más o menos compartidas entre el autor y el lector («Fútbol», «¿Quién?, ¿Qué?, ¿Dónde?, ¿Cuándo?, ¿Por qué?»). Esta emotividad, no obstante, se presenta de manera más directa y desgarrada en el poema «A un amante seropositivo»; en él, Corn glosa sus propios sentimientos, en una enumeración ascendente, al principio de cada una de las estrofas: Grief (‘pesar’)… Love (‘Amor’)… Guilt (‘Culpa’)… Anger (‘Ira’). De este poema quisiera destacar algunos versos, que dan cuenta de la capacidad del autor para no dejar indiferente a su interlocutor: «…una ensombrecida aflicción / a mí me excluyó y en ti se instaló…».

Un último sentimiento aparece al final de esta obra, pero no de manera explícita como los anteriores, la esperanza. Es precisamente este final el que ilumina el conjunto y hace que no se trate de una mera elegía, sino un canto a lo vivido con anterioridad:

…Aun así, mejor apostar
que correr el riesgo de no sentir nada.
Hasta que puedas verte en ellos,
amor, sigue mirándome a los ojos.

Es encomiable la labor que está realizando Chamán Ediciones para acercarnos a autores poco conocidos entre nosotros. Sobre el presente libro, Rocinante, solo podemos decir que nos deja en la boca el regusto de querer más, de necesitar urgentemente conocer de manera más extensa la poesía del Alfred Corn. Logro notable.

Rocinante
Alfred Corn (Chamán Ediciones, 2016)
104 páginas. Erratas encontradas: 0.