Apuntes sobre Caídas (Teresa Soto)

Si cada libro tiene su momento, no había mejor regalo en el último mes que el que Alba Ceres puso en mis manos: un poemario cuadrado y florecido. Caídas es el cuarto título que firma Teresa Soto, después de haber ganado el premio Adonais con Un poemario (Rialp, 2008) y de haber publicado también Erosión en Paisaje  y Nudos.

Formado por dos partes bien delimitadas, este último trabajo de la poeta asturiana es un recorrido por el duelo, explícito en cuanto al ajeno y mucho más comedido en lo propio. La que abre el libro, «El Dorado», hace referencia a un viaje real, en concreto a un punto geográfico existente (el parque californiano), si bien está plagado de la semántica del oro y su simbología, en ocasiones falsa, de esperanza y cambio: «voy a ti / para sanarte del oro / para cuidar la pérdida / abrazar tu exilio».

Esta intención de cuida atraviesa cada una de las páginas, tal vez con menos ternura en la segunda sección, que nomina el total. En ella aparecen la rabia, el gesto violento para demostrar que queda vida (y cómo acogerlo desde fuera, aprobarlo incluso), pero también el abandono de «la lucha de sí mismo hacia las alturas [que] es suficiente para llenar el corazón del hombre» de la que habla Camus en El mito de Sísifo, la rendición ante lo innegable y el posterior descanso:

Y entonces empujar
la gran piedra ladera abajo.
Que caiga.
Un golpe seco,
no fácil,
que duele en las manos.
Luego, el cuerpo aliviado,
arrojado hacia atrás:
la misma fuerza del empuje,
inyectada de vuelta:
fuerza contra fuerza.

A pesar de esta intención de cuidar al (más) doliente, de tratar de dar respuestas a quien pena, los poemas con los que Soto compone este libro son en muchas ocasiones preguntas, llamadas al ausente («Hace falta saber / que no habrá más pérdidas. / Que no me faltarás / nunca. / ¿Qué paraíso me invento / para retenerte siempre?»); de posicionamiento, en definitiva, en el duelo propio.

Lleno de heridas, de dolores, de huecos que rellenar con algo que no sea falta, están estas caídas. Pero también de rodillas obstinadas que empujan el cuerpo hacia arriba de nuevo, de asumir el hueco y habitarlo (y habitar hermosamente al otro) como refugio. Y si en versos en apariencia sencillos condensa Soto el duelo, hace lo propio con lo más simple y obvio, lo que nunca llegamos a decir en voz alta: «Agradecida / celebro / que aún hay / vida».

Caídas
Teresa Soto (incorpore, 2016)
Erratas encontradas: 0.

 

Un comentario sobre “Apuntes sobre Caídas (Teresa Soto)

  1. Pingback: Feria del libro: Teresa Soto, la autora de Caídas, en caseta 38 | Librerantes

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *