Dinero (Martin Amis)

Porque el dinero, cuando te ha acompañado desde el principio, te hace inocente.

Este no es el caso de John Self, protagonista de Dinero (Anagrama, 1984) de Martin Amis. John es un publicista de tres al cuarto, algo inculto y lerdo, maleducado, machista, agresivo, fumador empedernido, adicto al porno y borracho (la encarnación del consumismo global en el que se encuentra la sociedad). Su único objetivo en la vida es conseguir cuanto más dinero mejor. Para él todo se puede conseguir si se está dispuesto a pagar su precio, observa todo y a todos a través del filtro del dinero, como si fuesen una mercancía, pues para John el dinero arregla y consigue cualquier cosa. Apenas tiene relaciones personales con nadie, salvo si paga por ello. Incluso la relación con su novia, Selina, es como una operación mercantil: ella le saca todo el dinero que puede y él a cambio obtiene el placer que desea. Pero el destino querrá que, tras una buena racha en el trabajo acompañada de una dosis de buena suerte, John pase de ser un simple publicista a convertirse en un “nuevo rico”, uno de esos tantos que cegados por la abundancia de dinero pierden todo cuanto les rodea y poco tienen en la vida que no sea el propio dinero y todo lo que con el se pueda comprar.

Selina, cuyo aspecto, tras muchas horas ante el espejo, es un frágil equilibrio entre la niña remilgada y un putón verbenero.

Ahora que tiene dinero y puede dejar la publicidad para los pobres fracasados sin aspiraciones en la vida, Martin Amis lleva a tan peculiar personaje a embarcarse en un nuevo proyecto mucho más prometedor como es una película. Así pues el autor rodea a John de un amplio elenco de personajes y lugares variopintos: clubes de alterne, barras de strip-tease, putas de todo calibre, actores y actrices venidos a menos con sus manías y sus aires de grandeza; todo esto aderezado con drogas, alcohol, sexo y con el dinero de por medio.

Durante la primera mitad del libro la historia parece no avanzar y las páginas se eternizan, como si el autor no estuviera contando nada. Pero en realidad está contando mucho y de una manera formidable por medio de frases cortas, certeras y cargadas de imágenes. Abundan las descripciones de ciudades que parecen cobrar vida para convertirse en un habitante más de sí mismas, con sus enfermedades, sus dolores, sus olores, sus pensamientos. Mención aparte merecen los párrafos en los que se describe cualquier momento del día por medio del clima. Amis utiliza una prosa envolvente que engancha al lector, aunque no tenga muy claro hacia dónde va la historia, porque hasta bien avanzadas las doscientas primeras páginas es, cuanto menos, confuso.

Cualquier viaje a Nueva York, cualquier estancia en un hotel, una noche de putas y borrachera, el viaje de vuelta a Londres en primera clase… Cualquiera de estas escenas podría ser un (magnífico) relato independiente. A partir del momento en que la trama va desplegándose, el lector se percata de que John carga con un pasado trágico, de ahí su modo de ver las cosas y su desorientación en la vida. Es un pobre diablo con grandes carencias afectivas, está solo y es un infeliz. Conforme avanza la novela se le coge hasta cariño y, sobre todo, se vuelve digno de lástima. Poco a poco los acontecimientos se aceleran y todo va cobrando sentido. El autor consigue responder a todas las cuestiones que quedaron pendientes a lo largo del libro y hace encajar de forma extraordinaria todas las tramas que rodean a John.

Amis se vale de las peripecias de este singular tipo para, mediante la elegancia de la vulgaridad, un humor ácido y grandes dosis de sarcasmo, hacer una crítica brutal al consumismo y a la necesidad de dinero para todo en una sociedad capitalista cada vez más decadente e intoxicada por la máxima de que TODO tiene un precio. Y lo hace de una manera genial, poniendo a John a dialogar con los lectores, pues es el propio John quien cuenta su historia no sólo en primera persona, sino que entabla constantemente diálogo con los lectores. «[S]í tú, el que está ahí sentado leyendo», preguntándoles si es que ellos no hacen esas cosas y piensan igual que él. Porque en el fondo, ¿quién no es un poco John Self?

Dinero
Martin Amis (Anagrama, 1989)

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