El lamento de Portnoy (Philip Roth)

El lamento de Portnoy (Philip Roth)Madre no hay más que una, qué frase más bonita y tópica. Pero con la madre viene vinculada la familia y, claro, ni a la madre ni a la familia se las puede elegir; toca la que toca y se tiene que vivir con ellas aunque no nos guste. Esto es lo que le sucede a Alexander Portnoy, protagonista de El lamento de Portnoy, de Philip Roth. Alex es el hijo menor de un matrimonio judío compuesto por una madre sobreprotectora y obsesionada con la limpieza y los dogmas de la religión, y un padre ignorante, continuamente estreñido, vendedor de seguros en las peores zonas de la ciudad, allá donde sólo hay negros. A todo esto hay que añadir una hermana mayor a la que Alex ve como un inmenso trozo de carne con dos ojos que siempre le está importunando, junto con su madre, en los momentos, que son muchos cada día, en los que necesita masturbarse.

Pasada la infancia y la adolescencia, a sus treinta y tres años ya, Alex acude a un psicólogo para contarle sus problemas e intentar encontrarles solución: es un adicto al sexo (o a los coños), pero no consigue enamorarse de ninguna mujer. Será este el modo en que Philip Roth narre toda la historia a modo de monólogo, pues aunque existe ese «personaje» del doctor que escucha, en ningún momento habla y sólo sirve de nexo de unión para las exposiciones de Alex. Roth mezcla con gran maestría la narración a modo de diálogos contados por el paciente, principalmente cuando narra las anécdotas familiares, con los pensamientos de éste como monólogos interiores. Además, se vale de las divagaciones que Alex hace en voz alta para sí mismo o las conversaciones que mantiene con su propio pene para desarrollar las historias y entrelazarlas de un modo apenas imperceptible para el lector. En algunos capítulos del libro se podría decir que la protagonista es la polla de Alex. Esto no sorprende a los conocedores de la obra del autor, pues los dos temas que mejor domina y siempre están presentes en sus libros son el sexo y la religión judía, «la clave de lo que determinó [su] carácter, lo que [l]e hace vivir en esta situación, desgarrado por deseos que son repugnantes para [su] conciencia, y una conciencia que repugna a [sus] deseos» (pág. 131).

El propio Roth explicó en su momento que había elegido la estructura del paciente/psicólogo para poder utilizar un lenguaje más fuerte e imágenes más detalladas, cosa que unida al tono de mofa con el que habla de la religión judía y todo lo que la rodea permitiera a la obra salir adelante sin las críticas que podría haber suscitado, pudiendo haber sido considerada incluso como pornográfica. Pero más curioso que el lenguaje soez y vulgar hubiera sido ver la reacción de la sociedad judía ante esta obra de no haber estado escrita por el judío Philip Roth.

Todavía no puede dominar la fantástica idea de que, cuando está mirando a una chica, está mirando a alguien que, sin la menor duda, posee… ¡un coño! ¡Todas tienen coño! ¡Debajo mismo de sus vestidos! Coños… ¡para joder!

Algo que puede llamar la atención de un lector español es la aparición de gran cantidad de voces en lengua yiddish. De hecho, al principio se encuentra un glosario con la traducción de todas ellas.

Una vez más, Philip Roth realiza una crítica feroz a la religión, en particular a la judía; y da un papel importante en sus textos al escabroso tema del sexo, pero lo hace con un estilo tan brillante y cercano que resulta difícil hacer algo más que disfrutar de su lectura y reírse un buen rato con tan peculiar, y difícilmente olvidable, personaje, dejando de lado religión, política, creencias y demás. Quizá por ello, El lamento de Portnoy está considerada como una de las mejores novelas del siglo XX. Más que recomendable, necesaria.

El lamento de Portnoy
Kurt Vonnegut (Bruguera, 1980)
Erratas encontradas: 5.

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