Manual para la vida feliz (Epicteto)

Manual para la vida feliz (Epicteto)Aunque en portada comparten autoría Pierre Hadot y Epicteto, aquél debería aparecer no junto al filósofo, sino con Flavio Arriano. Es a él a quien debemos la transmisión de sus enseñanzas en dos obras, Disertaciones y Enchiridion. Esta última, bajo el título de Manual para la vida feliz, es el que Errata naturae ha incorporado a su colección de textos filosóficos y cuya recensión hoy nos ocupa. Del coautor no cabe duda: Hadot merece por justicia estar al mismo nivel que cualquiera de ellos. Buena parte del volumen consiste en el análisis del helenista francés que también firmó La ciudadela interior.

La aparición de este manual estoico no es, ni mucho menos, gratuita. Se pueden sacar a colación, sin pensar demasiado, dos motivos. El primero es la gran influencia que Epicteto ha tenido sobre pensadores de la talla de Thoreau, Pascal, Leopardi o, mucho más recientemente, en la psicología cognitiva. Vinculado a esta última se encuentra el otro motivo: la falta de un bagaje intelectual que lleva irremediablemente al desarraigo y la infelicidad. De esto hemos hablado mucho y no son pocos los libros que, como este, tratan de paliar los males de la sociedad moderna. Puede parecer anacrónico que un pensador del siglo I nos diga hoy algo, pero lo cierto es que incluso nos advierte de esa figura omnipresente en las presentaciones literarias: «[e]n cuanto a las lecturas públicas de uno u otro no acudas sin razón y sin reflexión. Y si decides asistir, mantén tu dignidad y tu compostura, pero sin ser desagradable».

La ventaja principal de este Manual frente a otros textos canónicos de la Stoa más sistemáticos o de superior calidad literaria (como las Meditaciones de Marco Aurelio publicadas hace escasas semanas en la misma editorial) es la sencillez. El discurso de Arriano es directo y así se transmite en una traducción hábil aunque no tan lograda como otras. «Lo que perturba a los hombres no son las cosas, sino los juicios que hacen sobre las cosas» no es tan efectista como su variante «[i]t’s not things that upset us, but our judgements about things» (5). Por desgracia para nosotros o por suerte para el mundo anglosajón. No obstante mis preferencias personales, el texto no sólo no tiene defectos sino que en ocasiones trasluce lirismo y elegancia.

«Por las mismas razones que uno no coloca un blanco para errar el tiro, en el mundo no se da la naturaleza del mal» (27).

No es este lugar para desgranar los aspectos esenciales del pensamiento de Epicteto. De él ya hizo Pierre Hadot un análisis que se encuentra como epílogo, cuyo resumen sería redundante y posiblemente inncesario. Sí conviene, con todo, actuar con pensamiento crítico y no olvidar que, pese a las muchas utilidades que el estoicismo puede tener a título individual, no deja de beber de un platonismo del que ya nos advirtió Benjamin Farrington a mediados del siglo pasado. A pesar de sus múltiples virtudes, sus reivindicaciones han servido en más de una ocasión para defender un inmovilismo atroz cuando no para mantener sotto voce el statu quo de las clases dominantes. Como siempre, es responsabilidad del lector cómo aplicar lo aprendido.

Manual para la vida feliz
Epicteto (Errata naturae, 2015)
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