La máquina se para (E. M. Forster)

forsterUn día, de repente, internet deja de funcionar: ya no recibimos noticias a través de Twitter, debemos visitar a las personas a las que queremos comunicarles algo porque ya no hay Whatsapp, y esta reseña solamente puede leerse en papel, y no en un “estado” de Facebook. Imaginemos que nuestra vida, controlada y condicionada por “la nube”, vuelve a un adánico e irreversible mundo analógico. Un ejercicio de imaginación parecido ya lo realizó, hace más de 100 años, el británico Edward Morgan Forster, uno de los de Bloomsbury. Sin embargo, es probable que la existencia de algo parecido a internet solo existiera en la imaginación de algunos científicos bien informados, aunque la literatura ya había comenzado a anticiparse y ahí tenemos las obras de Wells u otros.

Forster publicó su relato La Máquina se para en 1909. En ese momento, quizá solo unos pocos clarividentes podían comenzar a intuir la proximidad de una hecatombe equiparable a la que esta novelita imaginaba. Lo que seguro que no se les pasaba por la cabeza es que un siglo más tarde esa misma sociedad vivirá de una manera asombrosamente similar a la que plantea en el relato. Este texto ha sido alabado entre los aficionados anglosajones al género de la ciencia ficción como uno de los mejor “relatos de anticipación” del siglo XX. Desde hace un año tenemos la oportunidad de leerlo en español, en la traducción de Javier Rodríguez Hidalgo, editado por el inquieto sello de raíz alicantina Ediciones El Salmón.

La distopía que plantea, se aproxima a otras más conocidas, como A brave new world de Huxley, 1984 de Orwell, Anthem de Ayn Rand o Fahrenheit 451 de Bradbury. A diferencia de aquellas, The Machine Stops de Forster presenta una sociedad homogeneizada no por una suerte de directorio de sabios que deciden lo que conviene o no a la sociedad, sino por una misteriosa Máquina que mueve los hilos de todos los habitantes de una tierra subterránea, cuya superficie es presentada como hostil para el ser humano y, por tanto, prohibida. En ese mundo seguro y pacífico, la única ocupación de las personas es producir ingentes cantidades de información que, a su vez, sirve de fuente para generar más y más información, cada vez más alejada de la primera mano. ¿Suena familiar?

Sin embargo, en ese mundo idílico aparece la nota discordante en la figura del hijo de la protagonista, que sospecha que algo no funciona como debería, que se les está ocultando algo. Es en este momento cuando el relato, en mi opinión, flaquea como tal, quedando en poco más que un germen de novela ya que en unas pocas páginas aparecen tramas y personajes que carecen del desarrollo al que nos tiene acostumbrado el autor en sus otras obras mayores.

Los personaje de Forster son habitualmente de una desquiciada complejidad psicológica. Los diálogos entre ellos nos permiten conocerlos casi mejor que a nosotros mismos. Esto no sucede en La Máquina se para. Aquí todo es frialdad, aunque creo que esta es debida a los corsés que La Máquina impone a sus súbditos. Nos obstante, el personaje del hijo parece querer escapar de esa gelidez, aunque en realidad, en las páginas de esta historia, no lo hace. En algún momento nos hace pensar que se va a convertir en actor del cambio que se avecina, pero pronto nos damos cuenta de que, inexplicablemente, ha vuelto a su papel de espectador.

Como conclusión, desde mi punto de vista, La Máquina se para es un relato de anticipación excelente, cercano a la profecía en cuanto al mundo mecanicista que muestra. Una lectura e la que podemos disfrutar gracias a Ediciones El Salmón. Sin embargo, desde un punto de vista estrictamente literario, el relato puede llegar a defraudar a los lectores habituados a que las elipsis propias del género se justifiquen a sí mismas, pero no a que nos dejen con la sensación de que la historia podría haberse desarrollado más. Desconozco las circunstancias de su escritura, pero creo que Forster perdió la oportunidad de ser recordado sin ninguna duda entre los autores de un género interesantísimo que en aquellos años comenzaba a dar sus primeros frutos maduros. Por fortuna, gracias a sus muchas otras obras, ya ocupa su merecido lugar en la historia.

 La máquina se para
E. M. Forster (Ediciones El Salmón, 2016)
Erratas encontradas: 1. 

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *