Las chicas (Emma Cline)

Portada de Las chicas, de Emma ClineAnagrama, una de las pocas editoriales sobre cuyo catálogo no se suele discutir, al menos en su colección de Panorama de narrativas, lanzaba en septiembre y con mucho revuelo la traducción de la primera novela de Emma Cline. Esta jovencísima narradora tiene ya los derechos de traducción y publicación repartidos por medio mundo y casi asegurada la adaptación de su opera prima a la pantalla. Una publicidad así y el morboso argumento que recoge la sinopsis, inspirado libremente en Charles Manson y sus acólitas, son suficiente para desorbitar las ventas de Las chicas en los primeros meses desde su aparición en el mercado español.

Si bien es cierto que la traducción de Inga Pellisa es casi impecable, es discutible la opinión de la crítica que engalana fajas dispuestas a hacer el producto más atractivo: se dice que Cline consigue impresionar con una voz madura y ambiciosa. Sin embargo, la historia sobre adolescentes y sectas, sobre el complejo mundo adulto y la zanja invisible que separa generaciones; la historia, digo, sobre el morbo, el miedo, las drogas y el sexo se refleja entre sus páginas como ya la hemos leído tantas otras veces. La fascinación que siente Evie por Suzanne —que no por Russell, alter ego de Manson— es la de muchas otras adolescentes literarias por féminas misteriosas, oscuras y atractivas aún en su crueldad.

En el elenco de personajes que recorren de forma alterna la adolescencia y la asentada vida de la Evie adulta no falta nadie: está la madre desentendida que aprieta los ojos para verse la depresión en ellos; están el desconocido carismático y retorcido que mueve los hilos pero no se mancha las manos y la bella ejecutora, fría e inexpresiva. Aparecen también los chavales que han tenido todo y son tan rebeldes como para dejar la universidad para vender droga, las muchachas que experimentan con el sexo y las sustancias de cualquier tipo y tienen perfiles tan definidos como el de madre joven y dudosa o la eterna niña que sigue peinando sus coletas y alisando su falda con intenciones provocativas. Incluso la propia Evie cumple con sus roles en las dos edades desde las que se nos desgrana el argumento, siendo unas veces una cría que no tiene bastante con sus manidas amistades del colegio y busca alternativas para encontrarse a sí misma y otras una mujer insegura no tanto por su pasado como por su falta de estabilidad laboral y emocional.

El estilo de Cline se muestra casi limpio y tendente a embellecer lo pequeño o lo terrible, pero no resulta suficiente y, en cualquier caso, poco o nada aporta a la nómina de Bildungsroman. Si a esto se suma que la historia real en la que se basa la escritora californiana es casi insuperable por cualquier ficción, tal vez lo que debería hacernos reflexionar a estas alturas es, en realidad, qué medallas se dan a un libro para que alcance una de esas listas de «los más vendidos».

Las chicas
Emma Cline (Anagrama, 2016)
Erratas encontradas: 7.

Nefando (Mónica Ojeda)

Portada de Nefando, de Mónica Ojeda

Nefando atrapaba a sus jugadores pero no porque los divirtiera, sino porque tenía el poder de despertar una curiosidad… morbosa (…) podría decirse que era un juego para vouyeristas. (p. 96-97)

Tal cual les sucede a los jugadores del libro le sucede al lector en cuanto tiene entre sus manos Nefando, la última novela de Mónica Ojeda, de la editorial Candaya (2016). Sin saber muy bien cómo, se encuentra leyendo sin poder parar incluso aunque lea cosas desagradables, sucias, de una crudeza bestial rozando el horror que, sin percatarse, le harán poner gestos de desagrado.

Todo gira en torno a un grupo de jóvenes que comparten piso en Barcelona. Tres ecuatorianos, dos mexicanos y un español. Todos con sus actividades diarias, sus deseos y sus metas en la vida. Cada uno con su habitación como caja amurallada donde dar rienda suelta a su imaginación para llevar a cabo la exploración más profunda de ellos mismos. Debido a ello surge el videojuego Nefando, sólo para jugadores de la deep web. Los lectores pronto se percatarán de que esto no es más que un McGuffin para poder hilar todas las historias, pues lo verdaderamente importante no es el videojuego en sí, sino todo lo que esconde. El porqué de su creación, qué finalidad tiene y, lo fundamental: lo que hay detrás de cada uno de estos personajes/protagonistas.

La novela está escrita al estilo de la segunda parte de Los detectives salvajes, de Bolaño; pero Mónica Ojeda va más allá, intercalando entre los episodios de entrevistas a estos compañeros de piso, monólogos interiores, novela dentro de la novela, diálogos, poemas, notas sueltas y dibujos; de hecho, en la historia de Kiki se aprecia la poeticidad del lenguaje que la autora domina a la perfección. Para cada personaje tiene un estilo y una forma diferente. El atormentado Iván, que no se siente «cuerpo en su propio cuerpo»; Kiki, la rara, parca en palabras, escritora de pornovela; el Cuco, diseñador web, friki y ladrón de turistas en las Ramblas.

Son muchas las citas y referencias literarias que Mónica hace, principalmente a la literatura pornoerótica y psicológica desde El marqués de Sade a Krafft-Ebing. Podríamos decir que es un libro metaliterario. Y son muchos también los temas que salen a relucir: el placer del dolor, la sumisión, la violencia, el cuerpo (como parte física de ese dolor o de ese placer), exponiendo la idea de que la muerte puede experimentarse como el mayor orgasmo. Lo sorprendente (a la vez que de agradecer) es la forma en la que Mónica escribe de estos temas sin darles mayor importancia, tratándolos como si fuese algo de lo que charlamos a diario en nuestras conversaciones más convencionales. Nos habla de pedofilia, necrozoofilia, violación, «sadomaso», pero de una forma directa, sin andarse con rodeos ni intentar suavizar la realidad de lo que cuenta, utilizando esas palabras que solemos mantener alejadas de nuestro vocabulario. Lo más desconcertante de todo es el lenguaje poético con el que estructura todo, dejando a los lectores descolocados al no saber si alabar la belleza de la poesía o sentir repugnancia por lo horrible de lo que a través de ella se cuenta. «Las palabras no pueden decir que las palabras no pueden decir, (…) para eso tengo mis agonías» (p. 180).

En Nefando, su autora explica a todos los lectores hasta dónde es capaz de llegar el ser humano, hasta qué abismos es capaz de bucear su imaginación y dónde están los límites de la brutalidad y del placer, para según quién y en qué momento. Desde la infancia (con la fragilidad y lo expuestos que están los niños para que un adulto pueda hacer lo que quiera), hasta la madurez y esa decisión de normalizar el pasado o victimizarse. Después de la lectura quizá quede en la mente del lector alguna imagen grabada que no sea del todo bien recibida. Porque Mónica nos tiende la mano para acompañarla en el descenso a lo más profundo del pensamiento y nos muestra la parte más oscura del ser, nos muestra lo que no se suele ver y apunta hacia donde no queremos mirar pero que siempre terminamos observando por curiosidad y morbosidad.

Excelente trabajo de Mónica Ojeda y excelente la visión de Candaya que, una vez más, nos trae uno de esos libros incómodos pero necesarios, que no todos se hubieran atrevido a editar; uno de esos libros que te hacen pensar y replantearte muchas cosas. Aunque quizá no hables de ello todo lo que te gustaría… por miedo a que te miren raro, ¿o quizá sí?
Nefando
Mónica Ojeda (Candaya, 2016)
Erratas encontradas: 8.

Un nuevo #poetasenCercanías para empezar el año (vía 2 – vagón 03)

Tercer vagón del #poetasenCercaníasEl sábado pasado volvió a partir de la vía 2 un nuevo vagón de #poetasenCercanías. Como es habitual, nos reunimos en torno a tres poetas en The October Press. En esta ocasión, nos acompañaban Antonio Soriano Santacruz (Alicante), Milagros López (Murcia), y Matías Miguel Clemente (Albacete).

Antonio Soriano actuó como anfitrión de sus dos compañeros. Además, al tratarse de un poeta inédito, resultó ser la sorpresa de la jornada, por la hondura y calidad de sus versos. En segundo lugar, Milagros López leyó poemas del que por el momento es su único poemario publicado, A ras del mar, así como inéditos que formarán parte de un libro de próxima publicación en la editorial Amargord. Por su parte, Matías Miguel Clemente comenzó su participación con un breve texto de su primer libro, Lo que queda, con el que obtuvo el Premio de Poesía Joven Radio 3 para, a continuación, centrar su lectura en su último libro, Dreno (La Bella Varsovia, 2015).

Tercer vagón del #poetasenCercanías

Nuestros invitados se turnaron para ofrecernos tres bloques de poemas cada uno, de manera que los respectivos turnos guardaron algún tipo de coherencia temática o de inspiración, desde el amor, en la primera ronda de Milagros, el extrañamiento ante la realidad en la de Antonio o el homenaje a los detalles que conforman lo cotidiano en la de Matías. Como ha sucedido en anteriores ocasiones, cada intervención se iniciaba con comentarios y alusiones a las de sus otros dos colegas, lo que, desde el punto de vista del público, se convierte en un añadido que enriquece cada encuentro.

Tercer vagón del #poetasenCercanías

Entre los tres autores se creó un ambiente de complicidad, diálogo y admiración recíproca que lograron contagiar al público. Éste siguió todo el acto en respetuoso y atento silencio —salvo por la intervención espontánea de algún teléfono móvil—, e incluso pidió una ronda final de bises, algo a lo que ya estamos acostumbrados en estas citas de los sábados por la mañana.

Bagatelas (Carlos Javier Cebrián)

Portada de Bagatelas, de Carlos Javier CebriánRecién sobrepasado el medio siglo, Carlos Javier Cebrián (Salies de Béarn, 1965) emprende un viaje retrospectivo hacia el centro de su condición de hombre. Se encuentra, como elemento estructural de Bagatelas, la superación de cierta dualidad que se empeña en oponer lo amado al odio desde el siglo I ANE. Y es esta una declaración de amor que halla, en lo cotidiano, la razón de ser y de ser escrita.

Bagatelas es, entre otras cosas, una búsqueda que se sabe desde el principio estéril, «baldí[a] como significar la experiencia». Es una indagación poética que, lejos de resultar fallida (o precisamente por resultarlo), y como le sucede al autor en «Piel y versos», nos reconcilia con esa parte de la existencia que tan fácil es pasar por alto como necesaria para sobrevivir.

Su título remite a lo insignificante y pequeño, prediciendo la brevedad de los textos que lo conforman: ensayos y poemas, como reza el epígrafe, o también ejercicios de prosa poética que aúnan temas propios del cuaderno de bitácora con la experimentación lingüística que conlleva nombrar lo que nos es, de tan conocido, invisible. Así, en cada uno de los 43 textos, se condensa un aspecto de la vida, donde el amor y la escritura son claros protagonistas, aunque también quede espacio para elementos semánticamente vecinos: de un lado, el anhelo insatisfecho, el deseo contenido; del otro, los libros y la piel que los recubre y los escribe, el lenguaje, su ejercicio.

Por otra parte, y como contrapunto, Cebrián se acerca a elementos anodinos para poetizarlos, pues «de naderías y anécdotas, de banalidades, se conforma el ser humano. En la suma de ellas reside el misterio del ser», como reza un texto en el que expresa su rechazo a cierta clase de himenópteros que arruinan la paz del hogar en verano. El catálogo es variado, desde las calles hasta la mascota fiel pero en cuya naturaleza no está sobrevivirnos. El porqué de su empresa nos lo revela en el homónimo: tratar como épico lo que sólo es ordinario. Algo que, contrariamente a lo que sucede con la busca contingente al verso, no es tierra baldía.

Bagatelas
Carlos Javier Cebrián (Babilonia, 2016)
Erratas encontradas: 2.

Los mejores libros de 2016 (sí, nosotros también)

Llega el fin de año y todo el mundo hace sus listas de los mejores libros (o los libros más vendidos, que no siempre se corresponden). Nosotros no íbamos a ser menos, así que hemos seleccionado un Top 5 cada uno y os lo traemos a continuación.

Sara J. Trigueros
  1. Seek To Know No More (José María Álvarez)
  2. Magistral (Rubén Martín G.)
  3. Ser el canto (Vicente Gallego)
  4. Los últimos perros de Shackleton (Ben Clark)
  5. Las riquezas verdaderas (Jean Giono)

Me gustan las listas porque no requieren explicaciones que condicionen cómo se va a leer más allá del lugar que ocupa el libro en ellas. No voy a justificar vacíos. Sí diré, porque me place hacerlo, que la presencia del Maestro ha sido el mayor goce estético de este año.

Óscar Navarro
  1. Diarios, 1956-1985 (Jaime Gil de Biedma)
  2. Piedra en :U: (María Auxiliadora Álvarez)
  3. Rocinante (Alfred Corn)
  4. La edad media (Leonardo Cano)
  5. Seek to Know No More (José María Álvarez)

El orden de los factores no altera el producto, de manera que el orden de mis sugerencias no implica Preferencias de un libro sobre otro. No obstante, quiero dejar constancia del asombro que supuso par mí el descubrimiento de los poemarios, tan distintos entre sí, de José María Álvarez y de María Auxiliadora Álvarez.

Raúl Medina
  1. Eres hermosa (Chuck Palahniuk)
  2. La edad media (Leonardo Cano)
  3. En mi cuarto (Guillaume Dustan)
  4. Nefando (Mónica Ojeda)
  5. Cero K (Don DeLillo)

Este ha sido un año de enormes descubrimientos. Pero tengo que ceñirme a una lista de solo cinco títulos, con lo que aquí está. Pero que no significa que el orden en que se presentan implique preferencias. Sí quisiera destacar no obstante, la presencia en mi lista de dos libros de la editorial Candaya, que fue un gran descubrimiento el pasado año y en este 2016 sigue ofreciendo títulos tan sorprendentes y recomendables como Nefando.

Carmen Juan
  1. Via lucis (Angelica Liddell)
  2. La casa de la cruz (Isabel García Mellado)
  3. Piloto automático (Juanma Agulles)
  4. El mar (Blai Bonet)
  5. Glenn Gould. Una vida a contratiempo (Sandrine Revel)

A la hora de configurar esta lista, pensé que como el último título de José María Álvarez salió de imprenta el año pasado, no íbamos a contarlo como «libro de 2016». Visto lo visto, súmese mi (de)voto a Seek To Know No More, sin posible lugar a dudas. En cuanto al resto, no necesariamente se corresponde el orden de aparición con mis criterios de calidad, pero dado que se trata de libros muy diferentes, resulta difícil poner uno delante de otro. Entre mis mejores, el poemario que se hizo con el premio «Ciudad de Burgos», una colección de artículos de Juanma Agulles, una novela recuperada de un autor balear y dos preciosidades gráficas.

#poetasenCercanías pasado por agua (vía 2 – vagón 02)

Contra todo pronóstico, puesto que en Alicante cada día de lluvia es el fin del mundo, el segundo vagón del #poetasenCercanías tuvo una cálida acogida. El sábado pasado volvimos a reunirnos en The October Press, esta vez presentando una sesión atípica, con dos en lugar de tres poetas. Eso sí, el tercer lugar no quedó desierto: Ignacio Ballester hizo de anfitrión para Pedro Gascón, que vino en calidad de poeta pero también de editor de Chamán Ediciones, a la que se dedicó el tercio de tiempo correspondiente.

poetasenCercanías

Viene siendo habitual que los escritores invitados repartan sus intervenciones en varias rondas, y así se hizo también en esta ocasión. Sin que fuera premeditado —al menos que nosotros sepamos—, estas rondas estuvieron bien definidas temáticamente y se dieron ciertos paralelismos que dieron coherencia a la totalidad del acto. Ambos, primero Pedro y más adelante Ignacio, comenzaron con una serie de poemas de carácter personal que, en el caso de éste, eran además ejercicios literarios «a la manera de», que dejaban entrever los caminos de su actual formación académica. La segunda parte estuvo claramente marcada por un tono más social, desde nuestro punto de vista con los mejores poemas que se leyeron a lo largo de la mañana, cargados de ironía y de una fuerte carga crítica. Por último, Pedro recogía el tema de la ausencia (sobre todo del padre) de su primera lectura para reconvertirla hablando del futuro en manos de Ainielle, su hija. En la misma línea, los últimos textos de Ignacio estaban dedicados también a su sobrino, recién llegado a la familia.

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Para completar el cuadro, Pedro Gascón, como decíamos antes, repasó los seis títulos que hasta ahora ha publicado Chamán Ediciones, valiente empresa emprendida con Ana Toboso —a quien echamos de menos— que se abría precisamente con una antología de pretensiones similares a las de nuestro ciclo y cuyo penúltimo título hasta el momento es Exhumación de la fábula, que presentaremos el 28 de enero contando con la intervención de su autor, Javier Bello.

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Una vez más, nos sentimos agradecidos por la acogida de un proyecto como este. Al final el tiempo sí acompañó y la reunión se alargó hasta las siete de la tarde, entre vinos y complicidades literarias, como bien nos apuntó Pedro al día siguiente.

Todos somos Zeno (puerta de Herakles #7)

Esta semana llegamos a la sesión del club puerta de Herakles con cambio de lugar. Nos reunimos en torno a una gran y acogedora mesa redonda, que bien podría tratarse de la de la casa de nuestras abuelas, para hablar de lo mucho que ha dado de sí la lectura de La conciencia de Zeno, de Italo Svevo. Por circunstancias que no vienen al caso, nos hemos reunido en dos sesiones para hablar de Zeno y de su psicoanálisis, lo cual dio pie a reposar y pensar en profundidad acerca de las distintas ideas e interpretaciones que cada uno hicimos de tan peculiar personaje.

Para empezar, todos estamos de acuerdo en que nos ha gustado la novela, aunque como apunta Esperanza y todos coincidimos, no es lectura ligera. Es un libro de los que tienes que leer a ratos y descansar para pensar lo que has leído. Citando a Schopenhauer, «leer quita tiempo de pensar».  Esperanza tiene claro que este es uno de esos libros que necesitan su tiempo de reflexión tras la lectura para comprenderlo.

La conciencia de Zeno

Tras una breve charla acerca del conjunto de la novela, pasamos a hablar del personaje.  Ramón comenta que le parece, en principio, un personaje antipático. A Carmen no le cae precisamente bien puesto que el autor refleja en el personaje de Zeno lo hipócritas y cínicos que podemos llegar a ser. Algo que me llama la atención desde el principio del libro es la forma que tiene Zeno de ver a las mujeres, ya no como objetos sino como partes de objeto para formar un objeto (perfecto), eso sí, sin su carácter ni la convivencia con ella.

Tanto Peña como Esperanza apuntan a ese último capítulo que da sentido a todo lo anterior. Zeno es un mentiroso compulsivo, hipocondríaco, paranoico, obsesivo; todo ello debido a los complejos que tiene pero que pretende ocultar, por lo que además es un hipócrita consigo mismo. Pero si algo caracteriza a este personaje es el sentimiento de culpa que, como explica Carmen, es lo que hace que constantemente esté inventando su propia vida.

En cuanto al estilo, Sara explica que Svevo hace lo que ya hizo Cervantes anteriormente. Toma la novela del siglo XIX con los mismos ingredientes, para hacer con ellos una cosa diferente. Aquí es cuando Carmen apunta que a ella le recuerda a Sentido y sensibilidad, por la relación entre los personajes de las hermanas, mientras que Peña ve una película de Woody Allen, pero sin comedia de por medio.

La novela toca muchos temas respecto a las relaciones de la época, pero lo que a todos nos llama la atención es esa facilidad para la promiscuidad que tiene Zeno que, a su vez, es lo que le sirve de revulsivo para querer más y tratar mejor a su propia esposa; para calmar su sentimiento de culpa por su infidelidad. Es más, como comenta Esperanza, el personaje tiene claro que si es infiel es por culpa de su amante quien, como mujer, debe resistirse y no lo hace.

Se plantea la posible relación entre los personajes de Zeno y Leopold Bloom, ante la cual nadie cree que exista, a excepción de Sara que dice que quizá la similitud podría ser lo anodino de ambos.  Ramón comenta que es un libro en el que no hay acción, es todo reflexión. Recordamos que el narrador es el propio personaje a través de su tratamiento de psicoanálisis, de ahí el título.

Zeno

Y ya para acabar, quiero recordar las dos últimas frases de Esperanza, que resumen muy bien lo que es esta historia y lo que es la vida realmente. «Las cosas que nadie sabe y no dejan huella, no existen». «Estar enamorado puede aportar mucha más felicidad que el hecho de sentirse amado». El mensaje claro de la historia de Zeno es que el amor no es lo más importante. Por lo pronto, durante la cena que siguió al taller, descubrimos que probablemente la literatura tampoco lo es.

El libro blanco (Augusto Rodríguez)

El libro blancoDe nuevo se adentra la editorial Chamán Ediciones en la terra ignota que para la mayoría de los lectores españoles supone la poesía iberoamericana, después de que en su colección «Chamán ante el fuego» publicara el poemario de Guillermo Samperio Volvimos a escuchar ese adagio de Mozart. En esta ocasión, la curiosidad de los editores nos lleva a Ecuador para presentarnos la antología que de su obra poética ha realizado el joven escritor Augusto Rodríguez y que aquí se agrupa bajo el título de El libro blanco.

Como afirma Rafael Courtoisie en el prólogo a este libro, «El libro blanco es un conjunto poético donde el resultado es mucho más que la suma de las partes». Y es que lo primero que llama la atención al leer estas páginas es la fuerte unidad de la que gozan estos poemas y que nos llevan a la sorpresa de comprobar que se trata de una antología y no de un único poemario.

En estas páginas, el autor habla de temas que no son desconocidos para los lectores de poesía: la muerte, las relaciones con el padre… Sin embargo, cabe destacar la originalidad que supone el que la muerte, es más, la enfermedad, sea tratada sin máscaras, con valentía, con crudeza incluso: «El cáncer es un territorio donde todos de algún modo u otro vamos a perecer» (pág. 56). Esta valentía, que no elude palabras que la sociedad oculta como apestadas, se aprecia desde el mismo título de algunos de los libros que componen esta antología: La enfermedad invisible o El libro del cáncer.

«El hombre es una cabeza que se incendia y que no puede apagar el infierno que lleva dentro» (p. 102), dice el poeta en uno de los poemas en prosa que pueblan esta obra. A lo largo de las páginas de El libro blanco, nos habla de la lucha de su padre contra la enfermedad, el cáncer, del que habla sin tapujos. Para él, la palabra, la poesía, se convierte en un refugio: 

La palabra debe enterrarse en nuestra memoria
y dejar que nos descifre desde adentro.
Incendiémonos el cerebro
y quedémonos desnudos en la intemperie.

(«Desnudos en la intemperie», pág. 57)

En sus poemas, el autor alterna los versos tradicionales con poemas en prosa, sin que por ello el conjunto vea resentida la unidad de la que hablábamos arriba. Esta unidad queda fuertemente amarrada por el tono y por los temas de los que trata.

Para Rodríguez, la muerte no es una amiga. La muerte es la que es inevitable, pero contra la que nos rebelamos: «No podrán derrotarnos. Vendrá la muerte y tendrá tus ojos dice Pavese y yo digo: Vendrán tus ojos y no habrá muerte. Nuestro amor como una fuente inagotable, jamás se morirá ni acabará en nuestras manos» (pág. 147).

Otro elemento que aparece una y otra vez en estos poemas es el de la sensualidad. Pero no la sensualidad erótica, sino que de lo que nos habla es de la fuerza de las caricias, del tacto, del gusto incluso, del sexo como vehículos de comunicación, de acercamiento: «Los sentidos tienen que fortalecer el puente entre mi padre y yo» (pág. 84). 

En alguna página leo sobre Augusto Rodríguez que se trata de una «joven promesa». Yo más bien creo que es una fuerte realidad. Una voz que, con la dulzura propia de la lengua con la que se comunica, nos enfrenta a todos a una realidad ineludible. A una realidad que no deberíamos querer eludir:

Tengamos precaución
de no morir envenenados
que todavía hay luz y no todo es noche.

El libro blanco
Augusto Rodríguez (Chamán Ediciones, 2016)
Erratas encontradas: 0.

Todos los crímenes se cometen por amor (Luisgé Martín)

luisgeLeyendo sobre lo último de Luisgé Martín, que ya nos ocupará llegado el momento, me viene a la cabeza con frecuencia el término «cuentista», aunque llegase a mí por vez primera —hace ya algunos años— gracias a un artículo que publicó El País en el que hablaba de la importancia de los editores para la literatura y para el mundo. Cuentista no como embustero. Cuentista porque suena a tradición, a autor de textos destinados a ser leídos como clásicos. Porque en algunas ocasiones me trae a la memoria los nombres de autores de los libros ilustrados con los que crecí y en otras los de los latinoamericanos que me empujaron a amar sin remedio los cuentos.

Algunos de los textos que recoge Todos los crímenes se cometen por amor ya habían sido editados con anterioridad, como el que da título al volumen, sin ir más lejos, que apareció en la revista Zut, dirigida por el también escritor Juan Bonilla y que enreda el enamoramiento de un escritor con una joven italiana a los hilos de la conspiración para asesinar a Kennedy o «Del ingenio de los caudillos y de su guardarropía», una particular versión del cuento de Andersen «El traje nuevo del Emperador» con tintes republicanos que fue publicado en 2006 dentro de Rojo, amarillo, morado (Martínez Roca).

Hay mucha, muchísima metaliteratura en los diez relatos que forman el cuerpo de este libro publicado en la Colección Púrpura de la editorial Salto de Página: protagonistas que ejercen el bello oficio de la escritura, referencias desde el Lazarillo de Tormes hasta Truman Capote, pasando por un personaje que desarrolla una trastorno obsesivo tras su lectura de «Pierre Menard, autor del Quijote», de Borges. Sin embargo, repaso las líneas con las que se cierra la recopilación, un cuento titulado «Los dientes del azar» con el que Luisgé Martín obtuvo el Premio Vargas Llosa NH en su edición de 2012, y me estremezco. Pienso en qué casualidades se dieron para que este libro haya acabado en mis manos. En que si aquel día hubiese desayunado más temprano no lo habría hecho leyendo el artículo sobre los editores y por tanto posiblemente no habría recordado el nombre de su autor, no lo habría reconocido en alguna antología, tal vez no habría leído ninguna de sus novelas o habría dejado pasar la oportunidad de leer Todos los crímenes se cometen por amor. Y entonces, lamentablemente, no asociaría su nombre a una palabra tan bonita como es «cuentista».

Todos los crímenes se cometen por amor
Luisgé Martín (Salto de Página, 2013)
160 páginas. Erratas encontradas: 0.

La edad media (Leonardo Cano)

La edad mediaLos seguidores del blog y las redes de Letras de Contestania saben de sobra que tenemos ciertas preferencias editoriales. Ello se debe, en gran medida, al trato que desde aquí recibimos por parte de los editores, para qué nos vamos a engañar. Lo que sí es cierto es que esta disponibilidad siempre, este regalo amable de traer a sus autores, esta manera de hacer tan cercana, suelen ir de la mano del criterio indiscutible, el gusto estético a la hora de editar y, por encima de todo, las arriesgadas apuestas que se hacen a ojos cerrados. Dado el salto al vacío que ha supuesto nuestra aparición, este hermanamiento queda, a nuestro parecer, más que justificado.

Hablando, pues, de afinidades y editoriales favoritas, nos centramos en un título de Candaya, primero de Leonardo Cano, autor murciano que se estrena con La edad media. La novela se presentó en Alicante el 21 de marzo, lunes santo y con lluvia, para más inri, en una escena tan cotidiana que bien podría haber formado parte del propio texto. Y es que esta opera prima no es ni más, pero sobre todo ni menos, que un retrato hiperrealista de su generación. Leonardo tiene ahora treinta y nueve años, más o menos como los protagonistas de su novela, y presumiblemente comparte con ellos vivencias de infancia y adolescencia, grupos musicales que propiciaron las pequeñas rebeliones en casa —que, la mayoría de ellas inofensivas, consistían en dejarse crecer las greñas y vestir chupas de polipiel—, los bares y los esporádicos contactos con las drogas.

Predispuesta a despertar nostalgias, esta obra interpretada a tres voces destacaría hoy, tal vez incluso escandalizaría, por su brutalidad, no tanto en las partes ambientadas en el presente sino por los testimonios del pasado: el narrador se expresa desde una inocencia preservada con celo en la que la violencia, el sexo o los cadáveres en el armario de las «familias bien» se cuentan como lo que son, de manera casi anecdótica, libres de juicio moral. Resulta paradójico, ya que, como podemos comprobar en las otras voces, el trabajo en el presente de varios de aquellos chavales está directamente relacionado con la justicia en su faceta legal.

Con la excusa de una cena de antiguos alumnos, Cano nos relata las andanzas de un grupo de chavales que estudian en un centro privado, que crecen juntos y están convencidos de que vienen a llevarse la vida por delante a pesar de las expectativas paternas, entrelazadas con la debacle de la relación entre Julia y Fauró en bruto, en formato chat, tal y como cualquier amigo nos copiaría sus conversaciones para pedir consejo, y con el empleo rutinario que desempeña cada día M en la Ciudad de la Justicia, expuesto por un narrador ajeno a la escena que sin embargo evoca levemente —tal vez sea obsesión nuestra— al tedio que genera de manera deliberada David Foster Wallace en El rey pálido. Y aunque podría parecer que estas tres historias están prespuntadas para construir una suerte de patchwork literario, no sólo son indispensables para el impecable funcionamiento de La edad media, sino que además están tan bien cosidas como las piezas de unos vaqueros Bonaventure.

Y ya ves si nos ha encantado la novela, aunque sea imposible que esta sea nuestra historia y aunque todavía nos quede un poco para copiar en nuestras carpetas aquellos versos de Gil de Biedma que sentenciaban «que la vida iba en serio / uno lo empieza a comprender más tarde».

La edad media
Leonardo Cano (Candaya, 2016)
320 páginas. Erratas encontradas: 0.