Carmen Juan escala La Montaña

El pasado viernes se conjugaron varios factores rayanos en lo memorable. El equipo en pleno de Letras de Contestania ascendió La Montaña Mágica, en Cartagena, en lo que puede considerarse el primer evento al que acudimos desde nuestra constitución. Lo hicimos para arropar a nuestra compañera Carmen Juan durante el recital de su poesía qCarmen Juan y Vicente Velascoue organizó el propietario y alma rectora de dicha librería, Vicente Velasco, quien a su vez nos devolvía haberlo invitado a recitar el año pasado cuando el «poetas en Cercanías» aún andaba en pañales.

Carmen ofreció una emotiva lectura que incluyó una panorámica de la totalidad de su obra poética. Pudimos escuchar desde escritos publicados en 2014 en el libro de artista [po-co] hasta poemas inéditos, pasando por algunos de los textos más esenciales de su poemario Amar la herida, del que acaba de aparecer la cuarta edición, y que fue galardonado con el VII Premio de Poesía Joven «Pablo García Baena».

Amar la herida, de Carmen Juan

Entre el público se encontraban algunos importantes poetas residentes en Cartagena, como el propio Vicente Velasco, Ángel Paniagua, José Alcaraz, Antonio Marín Albalate o Juan de Dios García, así como el oriolano Ramón Bascuñana. También se encontraba entre los asistentes la poeta María Teresa Cervantes, con cuyos versos encabezaba Carmen uno de los poemas que leyó.

Carmen Juan

En la voz de su autora, la lectura de los poemas realizada por Carmen fue una de las más emotivas a las que hemos tenido la oportunidad de asistir. Por su voz, en ocasiones modulada casi hasta el susurro, desfilaron la herida, la niña, el bicho y todas las criaturas que pueblan sus bellos textos, que, con «un dolor en el pecho que no es malo», ratifican la feliz convivencia de oscuridad y luz. El púbico no pudo reprimir los aplausos al concluir el recitado del primero de los poemas de Amar la herida. Y, en el otro extremo, nadie se atrevió a romper la magia que se creó durante la lectura de la oración con la que concluyó el recital.

Rocinante (Alfred Corn)

Rocinante (Alfred Corn)Por primera vez se presenta en lengua española una selección de poemas del escritor norteamericano Alfred Corn (1943), autor de una amplia obra poética, aunque también de novelas y volúmenes de ensayo y crítica, poco o casi nada conocida en nuestro país. En el presente libro, Rocinante, editado por Chamán Ediciones, el escritor y artista plástico mexicano Guillermo Arreola selecciona y traduce algunos de sus textos.

En estos poemas de Alfred Corn llama la atención la importancia que el autor, desde los más tempranos, otorga a las descripciones. De hecho, algunos de ellos podemos considerarlos perfectamente como écfrasis («Fotografías» o «Porcelanas chinas en el Metropolitan»). En el segundo de ellos, el autor logra transmitir la sensación de vida y de movimiento mediante la detallada descripción de los esmaltes que recubren las piezas de porcelana.

Otro de los aspectos que destacan en esta antología es la importancia que para Corn tiene la naturaleza, que evoca mediante minuciosas enumeraciones y que nos traslada a los lugares de su infancia o a otros donde fue (o no) feliz, como en los textos seleccionados de sus primeros libros, All Roads at Once (1976) y A Call in the Midst of the Crowd (1978). Cabe destacar la belleza del ambiente que recrea en el poema «VII» del primero de esos libros y que termina con un verso tan hermoso como «The ocean says the past is project / To be continued».

En varios de los poemas destaca la importancia que para Corn tienen los espacios, tanto abiertos como cerrados; espacios que pertenecerían al reino de sus recuerdos, como en «Eclipse en la habitación de un hotel», o bien al de sus experiencias intelectuales o de sus reflexiones, «Un poema titulado “Basho en la cabaña de Genju”», donde aparecen unos versos que podríamos considerar que son una suerte de carta de intenciones: «A una vida humana se le mide / en el orden secuencial de sus moradas».

Diversas referencias más o menos explícitas a obras de otros autores jalonan su obra. En este sentido podríamos citar los ecos a los Four Quartets en el final de «Porcelanas chinas en el Metropolitan» o la referencia mucho más explícita en el título «What the thunder says», que nos remite al poema conclusivo de The Wasted Land.

La poesía de Alfred Corn, en los poemas seleccionados en esta antología, es una obra de sentimientos contenidos. La emoción, inherente a los verdaderos textos poéticos, surge de los juegos de evocaciones más o menos compartidas entre el autor y el lector («Fútbol», «¿Quién?, ¿Qué?, ¿Dónde?, ¿Cuándo?, ¿Por qué?»). Esta emotividad, no obstante, se presenta de manera más directa y desgarrada en el poema «A un amante seropositivo»; en él, Corn glosa sus propios sentimientos, en una enumeración ascendente, al principio de cada una de las estrofas: Grief (‘pesar’)… Love (‘Amor’)… Guilt (‘Culpa’)… Anger (‘Ira’). De este poema quisiera destacar algunos versos, que dan cuenta de la capacidad del autor para no dejar indiferente a su interlocutor: «…una ensombrecida aflicción / a mí me excluyó y en ti se instaló…».

Un último sentimiento aparece al final de esta obra, pero no de manera explícita como los anteriores, la esperanza. Es precisamente este final el que ilumina el conjunto y hace que no se trate de una mera elegía, sino un canto a lo vivido con anterioridad:

…Aun así, mejor apostar
que correr el riesgo de no sentir nada.
Hasta que puedas verte en ellos,
amor, sigue mirándome a los ojos.

Es encomiable la labor que está realizando Chamán Ediciones para acercarnos a autores poco conocidos entre nosotros. Sobre el presente libro, Rocinante, solo podemos decir que nos deja en la boca el regusto de querer más, de necesitar urgentemente conocer de manera más extensa la poesía del Alfred Corn. Logro notable.

Rocinante
Alfred Corn (Chamán Ediciones, 2016)
104 páginas. Erratas encontradas: 0.

Vive de acuerdo a las mentiras que te hagan feliz (puerta de Herakles #4)

El pasado viernes tuvo lugar la cuarta cita del club de lectura puerta de Herakles. En esta ocasión nos reunimos para charlar acerca de Cuna de gato, de Kurt Vonnegut. Lo primero que comentamos fue la sencillez de su lectura, pues sus breves capítulos son muy fáciles de leer.

Algo que llama enseguida la atención son los personajes, cada cual más absurdo y delirante, pero es que delirante es toda la novela y la historia en sí. Jonás, el protagonista, tiene la intención de escribir un libro contando lo que hacían los americanos importantes el día de la bomba atómica de Hiroshima. Todo desde un punto de vista humano, de ahí que desde el principio salgan a relucir la hipocresía, la doble moral y las apariencias.

puertadeHerakles Vonnegut

En algo que estuvimos de acuerdo es en lo entretenida que es la novela, reconociendo más de uno de los asistentes haberse sorprendido en algún momento riendo a carcajada limpia (yo entre ellos). Esto no deja de ser curioso, pues, aunque se trata de un libro de ciencia ficción, tiene un trasfondo crítico contra muchos aspectos de la sociedad en general y el comunismo o las religiones. A todos nos llama la atención que la acción gire en torno a una religión, el «bokononismo», cuyo lema principal viene a ser algo así como «vive de acuerdo a las mentiras que te hagan feliz».

Carmen observa el hecho de que el protagonista empiece renegando de cualquier religión y termine siendo el más ferviente defensor y representante de esta en concreto. Por otro lado, para Sara el hecho de que los personajes oculten ser creyentes puede ser comparable a cómo se oculta el porno o la masturbación en la vida real. Como comenta Esperanza, es un libro que se lee por divertimento pero del que se extraen muchos mensajes críticos y crueles, como en la frase «¡la gente de allá es tan pobre, ignorante y temerosa que tiene sentido común!».

Entre cerveza y refresco la conversación va derivando hacia el autor, pues no deja de ser irónico que, siendo cuarta generación de inmigrantes alemanes en Estados Unidos termine siendo prisionero de los nazis en la II Guerra Mundial. Además de este hecho, Vonnegut vivió de cerca la realidad de los campos de concentración y el horror de todas aquellas muertes, de ahí que su obra tenga ese toque de sátira catastrofista y sea siempre muy crítica con el ser humano.

puertadeHerakles Vonnegut

Sara sugiere que, en cierta manera, la respuesta literaria de Kurt Vonnegut se asemeja un poco a la de García Márquez. Ante este comentario se abre un debate a cuatro entre Óscar, Sara, Esperanza y Carmen sobre las similitudes y diferencias entre autores anglosajones e hispanoamericanos.

Se admite por unanimidad que el final del libro no podía ser otro. Por último, se expone la posible razón del título del libro; llegamos a la conclusión de que la intención del autor es representar a través de esta imagen la ignorancia de la humanidad y cómo puede acabar consigo misma en un instante, siendo esa masa de dedos enredados el planeta Tierra y ese hilo traicionero que se entrelaza, el ser humano que la habita.

Todo lo contado aquí puede ser mentira… o quizá no, ¿quién sabe? Alguno de los participantes vino sin hacer los deberes, así que deberá fiarse de mí. Os esperamos a todos en la próxima sesión con El quinto en discordia de Robertson Davies.

El animal y la urbe (Olivia Martínez Giménez de León)

Familias de cerealEs evidente que un poemario entero no se puede, y por injusto no se debe, resumir en un solo verso. Sin embargo, si me viera en el brete de tener que hacerlo con respecto a El animal y la urbe, primer libro de poemas de Olivia Martínez Giménez de León (Alicante, 1980), no dudaría en mencionar para ello el verso final de «Decálogo para un aniversario»:

Mamá es el lugar donde volver.

Este verso nos aproxima a uno de los temas, quizá el más importante, de muchas de las composiciones del libro: la memoria, a veces nostálgica, encarnada en sencillas escenas familiares, como se puede ver en los poemas «Hervido» o «Plátano».

El libro está dividido en dos partes, «La urbe» y «El animal», las cuales, en una primera lectura superficial, podrían llevarnos a pensar en una contradicción irónica puesto que parece que los poemas de «La urbe» tratan principalmente sobre cuestiones íntimas, familiares, mientras que los de «El animal» versan sobre el enfrentamiento de la poeta a la realidad exterior. Sin embargo, pronto vemos que en ambas partes reaparecen los mismos topoi tratados, eso sí, desde puntos de vista diferentes: la familia, la memoria, el silencio, la identidad.

Los poemas de El animal y la urbe, mediante un lenguaje con frecuencia asequible, nos enfrentan a realidades que son engañosamente intrascendentes, como el hecho de convertir en un juego el acto de pelar un plátano, o la tiernísima preparación de una ensalada de fruta y que esto devenga un acto de amor silencioso.

En otros poemas, Olivia Martínez vincula su identidad, personal o familiar, a una suerte de estabilidad telúrica:

y la patata hervida
nos contará secretos
del fondo de la tierra
(«Hervido»)

Pertenezco a las cavidades de la tierra
y pertenezco a las fosas abisales
y pertenezco al idioma de los minerales
(«El idioma de las piedras»)

De este modo, lo que podría ser anecdótico, la pertenencia a una familia, el tener unos vínculos bien arraigados, se convierte en algo esencial, original.

Las referencias al aquí y al ahora no se detienen exclusivamente en lo circunstancial de vivir en una u otra ciudad. La poeta transita calles de diferentes ciudades y nos lleva con ella de la mano para conocer sus propias sensaciones, que, en muchos casos, son también las nuestras, como en los poemas «Dublín» o «Civilización y barbarie».

A pesar de que El animal y la urbe es su primer libro de poesía editado, la trayectoria de Olivia Martínez puede seguirse a lo largo del rastro que ha ido dejando en la nube, en su actual blog así como en sus diversas colaboraciones en revistas y eventos de difusión poética, como en el ciclo de recitales #poetasenCercanías, que fue donde la escuché por primera vez recitar sus poemas. El reencuentro con sus versos en el papel no ha hecho sino confirmar la confianza que ya tenía en una voz sólida y segura.

El animal y la urbe
Olivia Martínez Giménez de León (Torremozas, 2016)
66 páginas. Erratas encontradas: 0.

Familias de cereal (Tomás Sánchez Bellocchio)

Familias de cerealA su manera, para el niño protagonista del cuento «Familias de cereal», los meses más felices de su vida fueron aquellos en los que se dedicó a grabar a escondidas las discusiones de sus padres. Solo en el momento en el que los padres son conscientes de ser grabados se convierten en pareja ideal y sonriente, típica de un anuncio de cereales.

Esta es la premisa de la que parte el primero de los relatos, el que da título al libro Familias de cereal de Tomás Sánchez Bellocchio, publicado por la editorial Candaya. En este libro, su autor presenta un conjunto de doce relatos que giran en torno a un mismo tema: la familia. Familias que podrían parecer felices de puertas afuera, pero en las que hay rencores, odios, secretos y mentiras. Todas estas miserias proceden de un mismo mal común, la falta de comunicación.

El catálogo de disfunciones familiares es amplio: un padre que no le presta suficiente atención a su hijo («Disco rígido»), unos padres que apenas conocen al suyo («Familias de cereal»), o la fría relación entre nietos y abuelos («La nube y las muertas»). Todos los personajes aparecen representados a través de sus acciones cotidianas, sin cargar las tintas ni en las virtudes ni en los defectos de ninguno de ellos. El lector irá sintiendo mayor o menor afinidad hacia unos u otros conforme se vaya adentrando en las historias.

En Familias de cereal, Bellocchio deja casi todos los finales de las historias abiertos. De este modo, será el lector quien decida cuál será el destino de cada personaje. En cualquier caso, la conclusión que se extrae de la lectura de estos cuentos es que todas las familias pretenden mostrar la imagen de familia ideal que viene marcada por la sociedad, aunque para ello tengan que convivir con la hipocresía como un miembro más.

En el relato «Cuatro lunas», por ejemplo, una familia de gordos deja de ser todo lo feliz que era al intentar adelgazar para, de ese modo, encajar en el canon que se supone que obliga la sociedad. Por otro lado, en «Mitad de un hermano», un joven da rienda suelta al rencor que tiene reprimido contra la madre de su hermano pequeño pero que nunca muestra delante de ella, diciendo cosas que ni sabía que pensaba. El padre del relato «Disco rígido» pretende recuperar del ordenador de su hijo fallecido toda la información posible para intentar conocerlo mejor de lo que lo conoció en vida, ya que no le había prestado suficiente atención.

Tomás Sánchez Bellocchio también trata otros temas en los diferentes relatos que componen estas «familias de cereal», como el de la vejez, la muerte y la inmortalidad, en el relato «La nube y las muertas», o el de las crueles diferencias entre clases sociales, en «Ciudad de cartón».

No es sino al terminar el libro que uno se da cuenta del poso de tristeza que, por momentos, han ido dejando los personajes y de la sensación de amargura que transmiten las historias. De manera que, tras la lectura de Familias de cereal, nos planteamos muchas cuestiones acerca de la vida, de la forma de enfrentarla y de encajar sus envites, pues muchas de ellas nos resultarán muy cercanas. Y es que los relatos de este libro son de los que te dejan pensando y sobre los que necesitas hablar, cosa que solo consiguen los buenos autores.

Familias de cereal
Tomás Sánchez Bellocchio (Candaya, 2015)

190 páginas. Erratas encontradas: 0.

Solo (August Strindberg)

SoloQue estamos viviendo la época de mayor producción literaria, pero sobre todo, de mayor variedad editorial, es una realidad innegable. Desde este lado de la mesa nos sorprendemos con frecuencia de la cantidad de novedades salen de imprenta cada semana. Sin embargo, hay editoriales que apuestan por rescatar joyas aparentemente olvidadas. Es el caso de Solo, del polifacético August Strindberg, que Mármara Ediciones publicó hace un año como tercer título de su colección La balsa de piedra. Este relato autobiográfico tiene un formato que invita al lector a echarlo al bolsillo y buscar un espacio en el que estar apartados del «mundanal ruïdo». Porque es un libro para leer como indica el título y como elige vivir el protagonista, una suerte de Harry Haller sueco que, tras un desencuentro con su hábitat social, se decanta por la exclusión voluntaria y construye para sí un microcosmos desde el cual contemplar cómo interactúan sus vecinos, cómo se comporta incluso la ciudad, sin la imposición de ser partícipe de tales experiencias.

Desde la primera página puede apreciarse la influencia de Nietzsche en el escritor —curiosamente, la admiración era mutua hasta el punto de que el pensador le encargó la traducción de su obra—, que retorna a Estocolmo después de haber pasado sus peores años en París para encontrarse con una ciudad que no reconoce; con unos amigos que, años después de su último encuentro, ya nada tienen que decirse.

Strindberg nos invita a acompañarle en su recorrido por calles y rutinas: seguimos a nuestro protagonista en sus paseos diarios, cuyas enriquecidas descripciones cobran sentido tras saber que el autor, además de a la escritura, dedicó parte de su vida a las artes plásticas. Casi sincronizamos nuestro reloj biológico con el suyo. Somos, a lo largo de las primeras páginas, contagiados por un virus que no duele y que —si estamos in the mood para este tipo de lectura— podemos llegar a agradecer. Los síntomas son mutismo, desarrollo de una capacidad de observación paciente del medio, en ocasiones, sobre todo al caer la tarde, una angustia existencial difícilmente explicable. Al principio nos convence: con todos los sentidos agudizados pero sin responsabilidades para con la sociedad, todas las sensaciones son más intensas, todos los paisajes más concretos, más «limpios». Sin embargo, a medida que avanza la novela, quedan progresivamente reflejadas la paranoia y la manía persecutoria que sufría el escritor, quien como protagonista huye incluso de su hijo y nos deja sentir su pavor al verse atrapado por el gentío en uno de sus paseos en coche, en un momento que nos evoca La parada de los monstruos por la descripción de la escena.

A pesar de todo, Strindberg —autor y personaje— comprende que necesita el refugio que ofrece la figura de un amigo y retoma la relación con un músico, al que va a visitar en repetidas ocasiones, en parte como excusa para ser espectador de lo que ocurre en la ventana de enfrente, donde una muchacha cuida de un niño. Tarda poco en darse cuenta de que su colega toca para ella, de que la ama, de que, en fin, vive de acuerdo con la supuesta naturaleza humana, concluyendo así con una suerte de reconciliación con la vitalidad necesaria para enfrentarse, parafraseo, a la soledad, el trabajo y los combates de uno.

Solo
August Strindberg (Mármara, 2015)
176 páginas. Erratas encontradas: 0.

El mundo sin usted (Francisco Vicente Conesa)

El mundo sin ustedMientras Balduque abre nueva etapa, nosotros inauguramos sección reseñando el primer título de B49, colección que debe su nombre a la ingeniosa —y bella— forma que han escogido para elaborar sus portadas, siempre características: una suerte de «hágalo usted mismo» diseñado por Sergio Urán, donde es el autor quien elige cómo se unirán los cuarenta y nueve puntos que aparecen dispersos por la superficie. El mundo sin usted es la opera prima de Francisco Vicente Conesa, músico, estudiante de psicología y, como podrán imaginar, poeta. Con esto, la editorial murciana deja establecida la línea que seguirán en esta nueva aventura.

El poemario tiene como protagonista al gran tema universal: el amor, pero en la variedad que se produce tras su privación. Esboza, como tímidamente sugiere el título, un universo amoroso con un regusto amargo, sin grandes aspavientos, sin plañideras ni dramas innecesarios. El libro es unitario, pero, no obstante, hacia el ecuador del poemario, como punto de inflexión el autor utiliza un «Aquí, los hombres» que le sirve de anclaje.

Al lado del poeta camina, parafraseando a Harold Bloom, la ansiedad de la influencia. Una influencia que dice mucho y bien del bagaje lector de Francisco Vicente, que se va adivinando a base de citas y alusiones (me alegré de intuir a García Montero y corroborar al pasar la última página que, efectivamente, estaba ahí) y que contribuye a apuntalar un corpus de poemas, como bien confirmó el autor el pasado 20 de octubre en una entrevista para La Verdad, con una coherencia suficiente como para ser algo más que una colección aleatoria. Cabe esperar, por otra parte, que el joven cartaginés vaya desprendiéndose de esta ansiedad y tamice sus influencias en próximas entregas, pues con sus veintiún años tiempo tiene para ello.

En fin, B49 arranca y promete ser una buena panorámica de qué se puede esperar de la joven (jovencísima) poesía contemporánea. Estamos encantados de acoger aquí sus versos.

El mundo sin usted
Francisco Vicente Conesa (Balduque, 2015)
62 páginas. Erratas encontradas: 0.