Familias de cereal (Tomás Sánchez Bellocchio)

Familias de cerealA su manera, para el niño protagonista del cuento «Familias de cereal», los meses más felices de su vida fueron aquellos en los que se dedicó a grabar a escondidas las discusiones de sus padres. Solo en el momento en el que los padres son conscientes de ser grabados se convierten en pareja ideal y sonriente, típica de un anuncio de cereales.

Esta es la premisa de la que parte el primero de los relatos, el que da título al libro Familias de cereal de Tomás Sánchez Bellocchio, publicado por la editorial Candaya. En este libro, su autor presenta un conjunto de doce relatos que giran en torno a un mismo tema: la familia. Familias que podrían parecer felices de puertas afuera, pero en las que hay rencores, odios, secretos y mentiras. Todas estas miserias proceden de un mismo mal común, la falta de comunicación.

El catálogo de disfunciones familiares es amplio: un padre que no le presta suficiente atención a su hijo («Disco rígido»), unos padres que apenas conocen al suyo («Familias de cereal»), o la fría relación entre nietos y abuelos («La nube y las muertas»). Todos los personajes aparecen representados a través de sus acciones cotidianas, sin cargar las tintas ni en las virtudes ni en los defectos de ninguno de ellos. El lector irá sintiendo mayor o menor afinidad hacia unos u otros conforme se vaya adentrando en las historias.

En Familias de cereal, Bellocchio deja casi todos los finales de las historias abiertos. De este modo, será el lector quien decida cuál será el destino de cada personaje. En cualquier caso, la conclusión que se extrae de la lectura de estos cuentos es que todas las familias pretenden mostrar la imagen de familia ideal que viene marcada por la sociedad, aunque para ello tengan que convivir con la hipocresía como un miembro más.

En el relato «Cuatro lunas», por ejemplo, una familia de gordos deja de ser todo lo feliz que era al intentar adelgazar para, de ese modo, encajar en el canon que se supone que obliga la sociedad. Por otro lado, en «Mitad de un hermano», un joven da rienda suelta al rencor que tiene reprimido contra la madre de su hermano pequeño pero que nunca muestra delante de ella, diciendo cosas que ni sabía que pensaba. El padre del relato «Disco rígido» pretende recuperar del ordenador de su hijo fallecido toda la información posible para intentar conocerlo mejor de lo que lo conoció en vida, ya que no le había prestado suficiente atención.

Tomás Sánchez Bellocchio también trata otros temas en los diferentes relatos que componen estas «familias de cereal», como el de la vejez, la muerte y la inmortalidad, en el relato «La nube y las muertas», o el de las crueles diferencias entre clases sociales, en «Ciudad de cartón».

No es sino al terminar el libro que uno se da cuenta del poso de tristeza que, por momentos, han ido dejando los personajes y de la sensación de amargura que transmiten las historias. De manera que, tras la lectura de Familias de cereal, nos planteamos muchas cuestiones acerca de la vida, de la forma de enfrentarla y de encajar sus envites, pues muchas de ellas nos resultarán muy cercanas. Y es que los relatos de este libro son de los que te dejan pensando y sobre los que necesitas hablar, cosa que solo consiguen los buenos autores.

Familias de cereal
Tomás Sánchez Bellocchio (Candaya, 2015)

190 páginas. Erratas encontradas: 0.

Solo (August Strindberg)

SoloQue estamos viviendo la época de mayor producción literaria, pero sobre todo, de mayor variedad editorial, es una realidad innegable. Desde este lado de la mesa nos sorprendemos con frecuencia de la cantidad de novedades salen de imprenta cada semana. Sin embargo, hay editoriales que apuestan por rescatar joyas aparentemente olvidadas. Es el caso de Solo, del polifacético August Strindberg, que Mármara Ediciones publicó hace un año como tercer título de su colección La balsa de piedra. Este relato autobiográfico tiene un formato que invita al lector a echarlo al bolsillo y buscar un espacio en el que estar apartados del «mundanal ruïdo». Porque es un libro para leer como indica el título y como elige vivir el protagonista, una suerte de Harry Haller sueco que, tras un desencuentro con su hábitat social, se decanta por la exclusión voluntaria y construye para sí un microcosmos desde el cual contemplar cómo interactúan sus vecinos, cómo se comporta incluso la ciudad, sin la imposición de ser partícipe de tales experiencias.

Desde la primera página puede apreciarse la influencia de Nietzsche en el escritor —curiosamente, la admiración era mutua hasta el punto de que el pensador le encargó la traducción de su obra—, que retorna a Estocolmo después de haber pasado sus peores años en París para encontrarse con una ciudad que no reconoce; con unos amigos que, años después de su último encuentro, ya nada tienen que decirse.

Strindberg nos invita a acompañarle en su recorrido por calles y rutinas: seguimos a nuestro protagonista en sus paseos diarios, cuyas enriquecidas descripciones cobran sentido tras saber que el autor, además de a la escritura, dedicó parte de su vida a las artes plásticas. Casi sincronizamos nuestro reloj biológico con el suyo. Somos, a lo largo de las primeras páginas, contagiados por un virus que no duele y que —si estamos in the mood para este tipo de lectura— podemos llegar a agradecer. Los síntomas son mutismo, desarrollo de una capacidad de observación paciente del medio, en ocasiones, sobre todo al caer la tarde, una angustia existencial difícilmente explicable. Al principio nos convence: con todos los sentidos agudizados pero sin responsabilidades para con la sociedad, todas las sensaciones son más intensas, todos los paisajes más concretos, más «limpios». Sin embargo, a medida que avanza la novela, quedan progresivamente reflejadas la paranoia y la manía persecutoria que sufría el escritor, quien como protagonista huye incluso de su hijo y nos deja sentir su pavor al verse atrapado por el gentío en uno de sus paseos en coche, en un momento que nos evoca La parada de los monstruos por la descripción de la escena.

A pesar de todo, Strindberg —autor y personaje— comprende que necesita el refugio que ofrece la figura de un amigo y retoma la relación con un músico, al que va a visitar en repetidas ocasiones, en parte como excusa para ser espectador de lo que ocurre en la ventana de enfrente, donde una muchacha cuida de un niño. Tarda poco en darse cuenta de que su colega toca para ella, de que la ama, de que, en fin, vive de acuerdo con la supuesta naturaleza humana, concluyendo así con una suerte de reconciliación con la vitalidad necesaria para enfrentarse, parafraseo, a la soledad, el trabajo y los combates de uno.

Solo
August Strindberg (Mármara, 2015)
176 páginas. Erratas encontradas: 0.

El mundo sin usted (Francisco Vicente Conesa)

El mundo sin ustedMientras Balduque abre nueva etapa, nosotros inauguramos sección reseñando el primer título de B49, colección que debe su nombre a la ingeniosa —y bella— forma que han escogido para elaborar sus portadas, siempre características: una suerte de «hágalo usted mismo» diseñado por Sergio Urán, donde es el autor quien elige cómo se unirán los cuarenta y nueve puntos que aparecen dispersos por la superficie. El mundo sin usted es la opera prima de Francisco Vicente Conesa, músico, estudiante de psicología y, como podrán imaginar, poeta. Con esto, la editorial murciana deja establecida la línea que seguirán en esta nueva aventura.

El poemario tiene como protagonista al gran tema universal: el amor, pero en la variedad que se produce tras su privación. Esboza, como tímidamente sugiere el título, un universo amoroso con un regusto amargo, sin grandes aspavientos, sin plañideras ni dramas innecesarios. El libro es unitario, pero, no obstante, hacia el ecuador del poemario, como punto de inflexión el autor utiliza un «Aquí, los hombres» que le sirve de anclaje.

Al lado del poeta camina, parafraseando a Harold Bloom, la ansiedad de la influencia. Una influencia que dice mucho y bien del bagaje lector de Francisco Vicente, que se va adivinando a base de citas y alusiones (me alegré de intuir a García Montero y corroborar al pasar la última página que, efectivamente, estaba ahí) y que contribuye a apuntalar un corpus de poemas, como bien confirmó el autor el pasado 20 de octubre en una entrevista para La Verdad, con una coherencia suficiente como para ser algo más que una colección aleatoria. Cabe esperar, por otra parte, que el joven cartaginés vaya desprendiéndose de esta ansiedad y tamice sus influencias en próximas entregas, pues con sus veintiún años tiempo tiene para ello.

En fin, B49 arranca y promete ser una buena panorámica de qué se puede esperar de la joven (jovencísima) poesía contemporánea. Estamos encantados de acoger aquí sus versos.

El mundo sin usted
Francisco Vicente Conesa (Balduque, 2015)
62 páginas. Erratas encontradas: 0.