Retomar las buenas costumbres (vía 3 – vagón 05)

Tras llevar algunos vagones con el tren a medio descarrilar, el pasado sábado 25 de noviembre #poetasenCercanías recuperaba su formato original, con tres poetas y un sofá como telón de fondo. Este fin de semana, en el que tanta presión ejercía la fiebre del viernes negro, repetíamos la magia de un diálogo a contracorriente, tanto para los asistentes como para los protagonistas.

The October Press nos acoge cada dos semanas para ofrecer el escenario perfecto a este ciclo de recitales que se transforma en algo superior a quienes lo organizamos. Nosotros abrazamos esa hospitalidad y disfrutamos de lo que allí sucede, entre el atrezzo y los maquinistas que comandan un tren que en esta ocasión se desplazó a lo largo de toda la franja mediterránea, desde Murcia, con Luis Sánchez Martín, hasta Valencia, con Carolina Otero Belmar. La parada técnica en la ciudad blanca corría a cargo Esther Abellán, quien ya demostró ser una excelente anfitriona cuando nos entrevistó con Begoña Rodríguez en Conectados en la noche.

En cierta manera, aunque a día de hoy no hemos repetido ningún poeta invitado, todos repetían. Hace menos de dos semanas habíamos tenido con nosotros a Carolina presentando su poemario No te hagas el muerto, obra de la que extrajo la mayoría de poemas recitados, aunque también pudimos escuchar poemas de la reciente plaquette «La pena y el blíster»; Esther, además de conocernos en profundidad, tampoco era la primera vez que presenciaba un #poetasenCercanías; y Luis, por su parte, podía considerarse casi un veterano, ya que ha viajado en primera clase en los últimos vagones en calidad de editor. Entre los pasajeros, claro está, también había caras conocidas, algunos figuras reconocidas en el gremio que siempre nos entusiasma volver a tener entre nosotros, a uno u otro lado de la mesa.

vagon5.1Nuestra poeta anfitriona abrió el recital con fragmentos de dos obras escritas en colaboración con el artista Roberto Cabezas, Maremagnum y Pandemonium. Creemos, con Esther, que «todo arte es poesía», y por ello no es la primera vez que traemos a alguien a quien conocemos eminentemente por su faceta narrativa. Luis, con incursiones en la novela negra (Bebop café) y el relato corto (Sin anestesia), nos había enseñado su faceta poética al colaborar en nuestro fanzine, y leyó varios correlatos poéticos de relatos aparecidos en su obra en prosa. Ambos escriben para exorcizarse, y esta veta autobiográfica fue el nexo de unión entre ellos, como lo fue el paso del tiempo entre Luis y Carolina.

Esther recogió el testigo del paso del tiempo para recitar algunos poemas que ejemplificaban su experiencia vital del tránsito de la naturaleza a la urbe, el presente desde el que escribe. Luis también trató de explicar su presente a través de la reflexión del pasado y mediante el uso de un humor negro e irreverente que llevó a Carolina a enlazar su discurso con una crítica a la inutilidad de la poesía social, pero sin desconectarse de la realidad circundante, ante la que mostró su hartazgo y sentimiento de culpa en poemas como «Euroblanquita».

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El debate en torno a la poesía social iniciado por Carolina, que matizó su crítica hacia aquel texto que descuida su estética, llevó a Esther a una serie de poemas que demostraron que uno no puede ser ajeno a su mundo y a Luis a mostrar en sus textos el humor como vehículo para denunciar. En esta ocasión, Carolina Belmar viró hacia poemas con la enfermedad y la conciencia del cuerpo como eje dominante antes de dar paso al tradicional bis que pone punto y final a nuestras mañanas de vermut y poesía.

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Con todo, #poetasenCercanías nunca finaliza donde creemos, y una vez más el tren arribó a la estación terminal bien entrada la tarde, tras la sobremesa y el debate generado a partir de los versos compartidos.

 

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