Patología o simple queja (puertadeHerakles #12)

El 12 de mayo asistimos puntuales a nuestra cita quincenal en Ravi Café. Aunque echamos de menos a algunos habituales en las sesiones del Puerta de Herakles, cumplimos con nuestro propósito, que no era otro que hablar de la lectura que nos había ocupado los últimos días: El lamento (o mal, según el gusto del traductorde Portnoy de Philip Roth. Antes de entrar en materia comentamos que las novelas propuestas a lo largo de este año parecen comunicarse entre ellas —no en vano se configuró una lista en octubre que hemos conseguido conservar casi intacta—. En este caso, se da al menos una similitud innegable: la del monólogo de Portnoy con aquel Zeno de Svevo.

Con la lectura caliente, puesto que algunos de los participantes recorrieron las últimas páginas justo antes de entrar al café, hablamos de lo sorprendente del final y, en general, del tono de la novela si se pone en contexto: si no escandalizó, al menos debió causar impacto. Sobre la mesa se destacan factores como la falta de pudor. De hecho, a lo largo de la narración se cambia de interlocutor con frecuencia: Portnoy habla a un doctor, a sí mismo o a su propia polla (con aparente voluntad propia), de un modo tan latente que el protagonista, propone Manuel, no es tanto Alexander como ésta.

Por supuesto, no nos pasa desapercibida la destreza de Roth al perfilar personajes con lo que se nos antojan, a primera vista, unas pocas pinceladas. Se ponen como ejemplos Mona, que es la antítesis —intelectual y social— de Alex en tanto en cuanto ella desea una vida acomodada y «normal», mientras él trata como puede de alejarse de los parámetros que se le imponen en su casa, su religión o su país; y de su madre. En este caso, Raúl expone que ella ejerce un rol de dominación sobre su hijo, por muchos detalles que aparecen sobre todo en la primera mitad de la novela. Yo apunto que el discurso es subjetivo y como tal, debería valorarse la posibilidad de que el retrato de este personaje esté manipulado por Portnoy para justificar las obsesiones que arrastra a la vida adulta, como ya sucedió con la mencionada novela de Svevo.

Sara dirigió el puntero hacia la figura del autor para señalar que, tal y como era de esperar, en El mal de Portnoy aparecen los pilares temáticos que se reflejan en gran parte de la bibliografía de Roth: el judaísmo y el sexo. Discutimos también acerca de la traducción del título, puesto que Portnoy’s Complaint ha sido trasladado al castellano, como señalábamos al principio, como El lamento de Portnoy o como El mal de Portnoy, sutil diferencia que, como bien indicó Ramón, puede condicionar el enfoque preliminar del lector a la hora de abordar la novela.

Queda pendiente para todo el grupo la versión cinematográfica, que data de 1972, aunque hay algunas reticencias a verla, dada la estructura narrativa, que roza lo caótico y salta de un recuerdo a otro sin un argumento definido. La propuesta, eso sí, queda lanzada.

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