A contrapelo (Joris-Karl Huysmans)

portada de À rebours (Huysmans)La historia, y en especial la historia del arte y de las ideas, está hecha de una continua lucha entre el padre y el hijo, una pelea alterna en la que una forma de ver y de querer representar el mundo lo hace por oposición a la anterior. Este es el caso del escritor francés Joris-Karl Huysmans, quien pasó de ser discípulo adelantado del círculo naturalista, con Émile Zola a la cabeza, a ser un casi solitario profeta del esteticismo decadente.

Su novela À rebours (titulada en español como Del revés, o con mayor éxito A contrapelo) fue publicada en 1884 en medio de un gran escándalo. Suscitó a la par durísimas críticas desde el establishment crítico, y entusiasmo entre los jóvenes más inconformistas. La novela representaba el punto álgido de una corriente que se había iniciado ya unos años antes con autores como Baudelaire, al que el protagonista de À rebours dedica sus pensamientos en extensas páginas de la novela.

Poco puede decirse acerca del argumento de esta novela, ya que la peripecia argumental es casi inexistente en ella. En sus páginas, se presenta al joven, decadente y aburrido aristócrata Jean des Esseintes. Hastiado de la vida mundana, repleta de fiestas, mujeres, alcohol y excesos, decide vender su Château de Lourps y retirarse a una mansión en el campo, en Fontenay. Allí se dedica a decorar la casa según sus propios y exquisitos gustos. Toda la novela es una sucesión, capítulo tras capítulo, de sus obsesiones estéticas, que abarcan todos los ámbitos de su propia existencia.

El personaje de Des Esseintes es uno de los mayores hallazgos de la literatura de finales del siglo XIX. Se trata de un joven con una excelente formación intelectual (en una institución regida por los jesuitas, para más inri) que decide apartarse de todo aquello que le había acompañado en su primera juventud. De Esseintes es un misántropo, un esteta que no encuentra consuelo en la compañía, de manera que prefiere construirse su propio mundo, sin pedir ni admitir consejos de nadie. Su única guía es su propio criterio, que le lleva a realizar actos que el resto del mundo no puede sino considerar excéntricos. Es inolvidable el capítulo donde cuenta cómo encarga a un joyero que decore el caparazón de una tortuga de tierra, engarzando en él gemas cada cuál más exótica, formando patrones de barroquismo difícil de soportar. El desenlace del episodio es el que todos podemos imaginar desde el principio.

En todo momento, Des Esseintes muestra un gusto particular respecto a cualquier cosa: perfumes, encuadernaciones, comidas, decoración de sus estancias, jardinería… El autor nos presenta a un hombre muy cultivado, pero con unos gustos que por norma se enfrentan a los de la sociedad de la que desea apartarse. El decadentismo del joven se muestra como un profundo «elitismo», en el sentido de que considera que la belleza verdadera está en el mundo, pero que sólo unos pocos privilegiado están capacitados para apreciarla. Des Esseintes es decadente porque piensa que el mundo está en decadencia, y la única salvación para él es hacerse a un lado.

No me parece casual que esta novela, editada por Cátedra en 1984, cumpliéndose el centenario de la publicación de la original, lleve en 2016 ocho ediciones. A pesar de no ser uno de los textos más conocidos en España, se trata de un texto trasvasable a nuestra época. Las crisis de valores de las que huye Des Esseintes podrían compararse con las que nos atraviesan en la actualidad. Su solución quizá no pueda ser adoptada tal cual a día de hoy, pero no parece del todo descabellada.

À rebours es una novela (con todas las comillas que haya necesidad de ponerle a esta denominación) que destila amor por la belleza en cada una de sus páginas. Si bien, como constata su protagonista, esa belleza sólo sea él capaz de percibirla. El fondo está ahí: la necesidad de escapar del mundo grueso, la protesta contra el mercantilismo y el utilitarismo reinante. No sé si hoy en día es una lectura necesaria, pero no hay duda de que no deja indiferente.

A contrapelo
Joris-Karl Huysmans (Cátedra, 2016 [1884])
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