Matadero cinco (Kurt Vonnegut)

Y Billy había sido testigo de la mayor carnicería de la historia de Europa, el bombardeo de Dresde. Los dos intentaban rehacerse a sí mismos y rehacer el universo entero. Y por eso la ciencia ficción constituía una gran ayuda para ellos.

En Matadero cinco, Kurt Vonnegut sumerge al lector de pleno en la Segunda Guerra Mundial a través de la historia del soldado Billy Pilgirm, el cual fue hecho prisionero de guerra y trasladado a Dresde para trabajar. Lo que no podía haber imaginado Billy es que viviría el bombardeo de la ciudad en primera persona. Esto mismo le sucedió al autor quien, valiéndose de su experiencia personal, crea este personaje como su álter ego y nos cuenta todo lo que allí vivió. Porque recordemos que Vonnegut se encontraba en Dresde el día del bombardeo, lo que le dejó tan marcado que se vio en la necesidad de escribir un libro acerca de ello. Ese libro es Matadero cinco, pues las paredes que le dieron cobijo durante los días que permaneció en la ciudad fueron las de un matadero de animales señalado con el número cinco.

Si bien el tema principal alrededor del cual gira toda la historia es la guerra y todo lo que ella conlleva (muerte, miseria, sangre, hambre, etcétera), Vonnegut consigue hablar de todo esto de una manera pausada, sin dramatizar e incluso dándole un toque de humor a cualquier situación. Consigue así que, en un tono de sátira y con su peculiar sarcasmo, el lector termine riéndose frente a algunas situaciones e imágenes, pese a lo duro y cruel de ellas.  A todo esto se añade, además, la ciencia ficción, tema que el autor controla a la perfección y que engarza con otros géneros. En este caso no se podría catalogar en ningún estilo concreto la obra, pues este libro engloba la autobiografía, la historia, la fantasía y la ciencia ficción haciendo del conjunto una historia peculiar y, en algún momento al principio de su lectura, un poco rara y difícil de seguir.

Esto se debe a que, entre las muchas cosas que le suceden a Billy Pilgrim, se hable del secuestro que sufre por parte de un platillo volante para exponerlo en el zoo de Trafalmadore, un planeta lejano cuyos habitantes tienen una percepción en cuatro dimensiones. Para los extraterrestres el tiempo no tiene importancia, con lo que tampoco la tiene la vida o la muerte. Según ellos todo lo que existe, fue y siempre será en un momento pasado, presente y futuro. Su lema es que hay que quedarse con las cosas buenas y siempre serán esas cosas las que existan. Vonnegut describe a estos seres como pequeños, de no más de un metro, que no hablan pero se comunican entre ellos por telepatía, y con unos ojos muy graciosos en las palmas de sus manos. Si buscamos la metáfora de esto, el zoo al que esos seres llevan a Billy podría ser el matadero al que los alemanes llevan al autor y esos seres pequeños podrían ser esos niños de la guerra, pues como el propio Vonnegut comenta, una vez afeitados y un poco aseados, la cara de la mayoría de ellos no era la de un hombre, de ahí el otro título por el que se conoce este libro: La cruzada de los niños.

Otra de las características de tan peculiar personaje es su capacidad de viajar por el tiempo. En un momento puede dormirse en el hospital militar y después despertar en su tierna infancia para, tras una descuidada siesta, descubrirse en el día de su boda. Para que el lector no se pierda en estos saltos temporales, con sus personajes y localizaciones, el autor utiliza de forma acertadísima imágenes (colores), detalles (frío, calor), elementos físicos (casa, bosque) y sentimientos para cada época concreta, de manera que es muy sencillo seguir la historia. Además, los diferentes capítulos están relatados en párrafos cortos y con un lenguaje coloquial, con lo que se leen rápidamente sin que se pierda la información.

Lectura obligatoria para los amantes de la ciencia ficción que, detrás de la aventura y la sátira, esconde una denuncia antibelicista y un mensaje claro de cómo sobrellevar las cosas y la perspectiva con la que mirar el día a día que poco tienen que ver con la fantasía. Así pues, gustará a unos y a otros, cada lector la podrá leer desde su propio punto de vista y quedará sorprendido gratamente por esta gran obra. Aunque ya había escrito Cuna de gato, Las sirenas de Titán y otras, Matadero cinco está considerada su mejor obra. Fue esta la que dio nombre y reconocimiento a Kurt Vonnegut, el autor que con el paso del tiempo es considerado uno de los grandes de la literatura contemporánea estadounidense.

Billy miró dentro de las letrinas y comprobó que los lamentos procedían de allí. El lugar estaba abarrotado de americanos con los pantalones bajados. El festín de bienvenida les había transformado en volcanes. Los cubos estaban llenos e incluso rebosaban.

 Un americano que estaba cerca de Billy se lamentaba de que lo había defecado todo menos el cerebro. Momentos después decía:

 -¡Ahí va! ¡Ahí va! – refiriéndose al cerebro.

Este era yo. Este era yo en persona. El autor de este libro. (p. 114)

Matadero cinco
Kurt Vonnegut (Anagrama, 2014)
Erratas encontradas: 3.

Reflejos en un ojo dorado (Carson McCullers)

mccullersEl pasado mes de febrero se cumplió el centenario de su nacimiento y el próximo mes de septiembre se cumplirán cincuenta años de su muerte. Ella es, porque siempre será mientras exista su obra, Carson McCullers (Georgia, 1917). En Reflejos en un ojo dorado la autora sitúa la acción en un centro militar recóndito en un islote, creando de esta manera una parcela física acotada a unos lugares que se repiten durante toda la narración y que, con el paso de la misma, el lector conocerá ya como su propio barrio; pues las minuciosas descripciones de las casas, los senderos, el bosque y todo lo que rodea la vida de los personajes, así como el clima y todas las sensaciones relacionadas con él hacen muy fácil el viaje desde nuestro sillón al cuartel militar.

Con tan sólo cinco personajes, McCullers consigue crear una historia emocionante y cada vez más intrigante hasta llegar a un final que, aunque previsible, no es el esperado. El capitán Penderton, un hombre cobarde y de sentimientos reprimidos, está casado con Leonora, una mujer fuerte, valiente y campechana, cosa que enerva a su marido. Además se suma el hecho de que Leonora mantiene una relación con el comandante Langdom, de la cual su marido es sabedor así como Alison, la mujer del comandante, sin embargo ambos callan y hacen como que no pasa nada. Si a todo esto añadimos a un soldado peculiarmente raro ya tenemos los ingredientes perfectos para la historia en la que la autora expone de forma brillante la doble moral, lo importante de guardar las apariencias en una sociedad como la de entonces en el entorno militar y los peligros de la hipocresía, especialmente con uno mismo.

Como es habitual en su obra, Carson McCullers crea unos personajes incomprendidos, luchadores fuera de lugar, que se sienten incómodos con su vida.  Unos personajes que deben lidiar consigo mismos, esforzarse por aplacar sus sentimientos más profundos y reprimir las palabras que quedan sólo en pensamientos. De una forma un tanto sutil, también se hace referencia al racismo a través de los sirvientes. La relación entre Anacleto, el sirviente de su «ama» la señora Langdom y el comandante da fe de ello. Y el sentimiento de superioridad del soldado Williams ante los demás, sean quienes sean, que los ve y piensa que están ahí del mismo modo que existen los negros, como algo sin remedio pero con lo que hay que convivir.

Esta es una historia en la que al principio parece todo muy normal, con unas vidas en las que todo sucede como se supone que debe suceder. Pero los lectores pronto se percatarán de que nada es lo que parece y que detrás de una sonrisa puede haber unos ojos llenos de odio. Nadie es lo que aparenta ser y todos somos lo que pensamos estando a solas y no le contamos a nadie. La señora Langdom, enferma del corazón y a la que todos toman por loca, es la más cuerda de todos; sin embargo Leonora, a quien todos ensalzan y admiran, es la que está un poco «retrasada mental». Esta paradoja da mucho que pensar. Pocos como McCullers logran plasmar la psicología del ser humano, sin caer en tecnicismos ni lenguaje enrevesado. De la manera más fácil y sencilla la autora transmite esos pensamientos que sus propios personajes no son capaces de expresar y muestra sus vidas vistas por lo que se espera de ellos, según los demás creen saber y conocer, pero que no tiene nada que ver con quienes realmente son.

Reflejos en un ojo dorado
Carson McCullers (Seix-Barral, 1988)
Erratas encontradas: 7.

Bienvenidos al sur (puertadeHerakles #10)

Habían transcurrido varias semanas desde que, por circunstancias diversas, los porteros del héroe griego nos reunimos por última vez. El viernes pasado retomamos la tradición y el club #puertadeHerakles se sentaba de nuevo para hablar, en esta ocasión, de Sangre sabia, una de las dos novelas de la estadounidense Flannery O´Connor.

Como no podía ser de otro modo empezamos por comentar, a grandes rasgos, si nos había gustado o no la historia de Hazel Motes y aquí surgió el debate. Yo no tenía muy clara mi opinión debido a que creo que no es hasta bastante avanzada la mitad de la novela que no sucede nada interesante. A esto hay que sumarle el hecho de que me distraía bastante la cantidad de fallos gramaticales, y alguno ortográfico, que a lo largo de las páginas iba encontrando. Sara comenta que ella piensa que es algo intencionado para caracterizar la clase social y cultural de los personajes, ya que esto sólo se da en los diálogos y no en la parte narrativa. Esperanza coincide en que es cierto que aparecen esos fallos incluso más allá del diálogo, pues la autora utiliza un lenguaje desmañado con rasgos dialectales vulgares en los monólogos interiores y en un sentido indirecto. Este tipo de lenguaje le resulta más extraño en las traducciones que en los propios textos españoles; pero que no son fallos, sino el modo de transmitir la esencia de la zona en la que está ambientada la obra.

Y es que la acción de la novela transcurre en la América profunda del sur de Estados Unidos. Es aquí cuando Óscar comenta lo sencillo que es que en esta zona exista ese fanatismo religioso tan peculiar (y diverso) debido al aislamiento que provocan las grandes distancias, pues el eje de la historia es la crítica a la religión. El personaje principal, Hazel, es un fanático; en este caso de su propia religión, ya que promulga una sin Cristo, de ahí que todo sea una sátira.

Los personajes son muy variopintos, cada cual más raro y todos coincidimos, tal como comenta Esperanza, en que producen rechazo y no se salva ninguno. Peña comenta que el personaje de Enoch le recuerda a Rizzo, de la película Cowboy de medianoche. Enoch siempre está a la espera de que le pase algo importante porque su sangre se lo dice, pero nunca pasa nada; como sucede con las religiones. Una nueva crítica hacia las creencias en deidades. Es aquí cuando Ramón comenta que algunas historias le resultan familiares, como si ya las hubiese leído antes, a lo que Peña añade que muchos de los episodios de la novela son adaptaciones de los cuentos de la propia autora. Quizá por eso hay ratos en los que se da un exceso de palabrería sin que realmente cuente nada concreto e interesante. Algo así como lo que dice el personaje de Onnie en la página 141: «Ahí está, ese es el problema de los intelectuales, palabras, a montones, pero después, no concretáis nada.»

Entre todos llegamos a la conclusión de que Sangre sabia es otra crítica velada (o quizá no tanto) a la iglesia y a los muchos promulgadores de las distintas fes. Y con esta última reflexión llegamos al final de lo que dio de sí el taller en cuanto al libro respecta pues, como suele ser habitual, terminamos hablando de otros muchos temas adyacentes.

 

Apuntes sobre el suicidio (Simon Critchley)

Portada Apuntes sobre el suicidioPoco después de un año, parece que ha cesado el fervor con el que se abordaba el suicidio a comienzos de 2016. En pocos meses aparecieron dos títulos que se revelaban como los dos paradigmas discursivos desde los que se podía hablar del inefable acto de «levantar la mano contra uno mismo» sobre el que Jean Améry disertaba poco antes de poner fin a su vida. Apuntes sobre el suicidio era uno de ellos; el otro, Semper dolens, lo firmaba Ramón Andrés y penetraba hasta el fondo del asunto con la minuciosidad a la que el filósofo acostumbra. Hasta cierto punto, el contraste hace parecer estos «apuntes» algo desabridos, pero su acercamiento a través de pinceladas, aun con sus sombras, es también sugestivo.

Si Simon Critchley es parco como tienden a serlo muchos de los títulos que engrosan la colección «Héroes modernos» de la editorial Alpha Decay, no es porque le sea ajeno el trabajo monográfico, al que en alguna ocasión se ha acercado (Stay, Illusion! o The Problem with Levinas dan cuenta de su capacidad), sino por una decisión que tiene más que ver con la capacidad de evocación de la brevedad. El filósofo toma la sencillez como premisa y aborda el suicidio a partir de cuatro esbozos, a saber: los casos, la tradición filosófica (articulada en forma de derechos y deberes), las notas de suicidio y la resemantización de la vida tras la muerte voluntaria. Pero al hallarse condensado en ochenta páginas el objeto de reflexión, debe ser el receptor quien ensanche, tras la lectura, su significado.

Mientras los apuntes pares pertenecen a un marco teórico, los impares lo hacen a uno más práctico: el de los ejemplos, si bien no todos están escogidos con la misma fortuna (v. gr., hay notas de suicidio menos polémicas que la de Kurt Cobain). El discurso teórico, por su parte, viene de lejos y se sustenta en el supuesto de que la capacidad potencial de suicidio es aquello que hace hombre al hombre. A esta capacidad se opone, también desde antiguo, la moral cristiana como agente imposibilitador. Como en todo apunte, la disertación se pierde en digresiones, conduce a callejones sin salida y retoma cabos que parecían sueltos.

Critchley pretende alejarse de la problemática moral y jurídica que rodea al asunto y despersonalizar el acto suicida en la medida que sea posible, sin dejar de lado que es personal el motivo que le lleva a escribir el libro. Para ello, contrapone a nuestra moral heredada la familiaridad con la que los antiguos trataban la cuestión, por un lado, y la progresiva disolución al menos desde las Luces de la moral cristiana, por otro. Ello empero no es óbice a que haya seguido ejerciendo su influencia sobre el acto de quitarse la vida por la propia voluntad. Sobre esto también hay un interrogante, que finalmente se responde apelando a la ideología: tener derecho al suicidio es un acto de libertad enfrentado a la supuesta inalienabilidad de la vida. La estructura se repite de forma sucesiva, y cada resolución de un conflicto lleva necesariamente a la aparición de uno nuevo hasta concluir en la dicha y el amor, quiebro que pone punto y final al ensayo. Aunque el final quede diluido en el texto de David Hume que sirve de corolario, es la prueba manifiesta del fracaso de la búsqueda que se emprendía al comienzo. Si no puedes parece decirnos encontrarle una explicación a ninguna de las dos caras que presenta la vida, cántale al ahora.

Apuntes sobre el suicidio
Simon Critchley (Alpha Decay, 2016)
Erratas encontradas: 4.

Eres hermosa (Chuck Palahniuk)

eres-hermosa-chuck-palahniuk-trabalibrosPenny ya no era virgen el día en que había conocido a Maxwell. Había tenido relaciones con unos cuantos chicos en la universidad. Pero siempre de uno en uno. Y sólo chicos. ¡Y nunca por detrás! No era ni una pervertida ni una guarra. (pág. 52)

De este modo nos presenta Palahniuk a Penny Harrigan, la protagonista de su última novela Eres hermosa (Random House, 2016). Una chica de pueblo que, con la intención de labrarse un futuro brillante, se traslada a Nueva York para trabajar en el despacho de abogados más prestigioso de Manhattan. Aunque empieza siendo la joven de los recados y la camarera de los capuccinos, Penny es una licenciada en derecho que aspira a convertirse en una importante y respetada abogada, obteniendo un poder y autoridad que trasciendan los roles de género. Sin embargo, lo que encontrará será una cita para cenar con C. Linus Maxell, CLIMAX, el hombre más rico y famoso del país, gran empresario del sector tecnológico con el cual, de manera fortuita, se cruzará en el despacho en el que trabaja. A partir de esta primera cita, Penny se verá inmersa en una relación con el mejor amante que jamás haya tenido, pues Maxwell está ultimando el lanzamiento al mercado de una línea de «productos de bienestar femenino» de la cual perfecciona detalles con Penny como beneficiaria del placer. Ella pronto descubrirá que la relación está exenta de cualquier tipo de sentimiento por parte de Max y que los juguetes sexuales que llegarán al mercado esconden algo más.

En esta ocasión, Palahniuk vuelve a escoger un tema cuanto menos complicado (como a él le gusta): el sexo o, mejor dicho, la masturbación femenina. Por momentos parece que se deja entrever a aquel autor de AsfixiaMonstruos invisiblesEl club de la lucha, si bien es cierto que tanto el tema como la crítica que a través de él se hace al gran consumo de masas podría haber dado mucho más de sí. En la primera parte del libro, pecando un poco de exceso en cuanto a tecnicismos anatómico-sexuales —aunque lo pueda parecer, esta novela no tiene nada que ver con 50 sombras de Grey (menos mal, si no, ya no sé qué podría haber pasado)—, Palahniuk es el autor mordaz, directo, de frases cortas y siempre crítico que conocimos hace años a través de sus primeros (y mejores) títulos. Es al avanzar en la lectura cuando descubrimos que no, que falta algo. La historia es muy buena, divertida y refleja perfectamente la sociedad en la que vivimos, siempre obsesionados con el consumo y aborregados por la publicidad, que ha adquirido gran relevancia en la vida diaria de todos nosotros. Sin embargo, la narración pasa a ser plana, sosa y simple.

Al finalizar la lectura, el lector se percata de que sí, de que es una novela entretenida, fácil de leer y muy actual en cuanto al asunto tratado, pero también se da cuenta de que no ha empatizado nada con ningún personaje. Es más, no puede imaginarse a ninguno de ellos ya que son personajes vacíos. Chuck los utiliza porque tienen que ser éstos los que hagan de nexo de unión entre los hechos y las acciones, pero cuenta muy poco de su día a día, sus pensamientos o sus personalidades (lo que cuenta lo hace con una narración ramplona y fría), con lo que los convierte en completamente olvidables nada más cerrar el libro. Llega un momento en el lector sólo estará pendiente de (y le interesará/recordará) lo que sucede, sin importar mucho a quién ni por qué.

Algo que siempre me ha gustado de las novelas de Palahniuk han sido sus finales, siempre sorprendentes (para bien o para mal) y con giros inesperados que cambian todo en el último momento, pero esta vez la cosa se le ha ido un poco de las manos y el final es cuanto menos inclasificable: ciencia-ficción, fantasía, o quizá una mezcla de ambas mezclada con una «ida de cabeza» que me ha decepcionado bastante. Estas cosas no le pasaban en sus inicios. Recordemos si no a Brandy Alexander o Tyler Durden.

Con Eres hermosa Palahniuk parece dejar claro que su estilo narrativo ha cambiado para siempre. Sigue siendo ese autor que aprovecha cualquier detalle para criticar a la sociedad americana en general, siempre con un humor ácido y mucha sátira, muy explícito e incisivo, pero ha perdido su toque personal. Así pues, los fans del autor disfrutarán de la novela (¿y les gustará?), pero si no se ha leído nada de él mejor empezar por cualquiera de sus cinco primeros libros.

Eres hermosa
Chuck Palahniuk (Random House, 2016)
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Euforia (Lily King)

Portada de Euforia, de Lily KingJusto ahora hace un año desde que Malpaso publicara en España Euforia, la última novela de la escritora americana Lily King. Aunque es una novela de ficción, detrás de ella se esconden un personaje y una historia reales: la antropóloga Margaret Mead. Y es que fue a raíz de la lectura de la polémica biografía de esta mujer, que revolucionó el mundo de la investigación antropológica, que King decidió que era necesario escribir una novela sobre la vida de esta investigadora y los años que pasó entre tribus en Nueva Guinea. De este modo surge esta apasionante novela que esconde poblados reales, comportamientos, formas de vivir y de relacionarse totalmente ciertas (con sus rituales y tabúes), si bien la autora cambia los nombres de tribus e individuos.

La acción se desarrolla en 1931 en diferentes zonas de Nueva Guinea a lo largo del río Sepik. Los personajes son tres: Bankson, un inglés sensible, equilibrado y seguro de sí mismo y de sus ideas pero que depende económicamente de su madre, a la que no aguanta, para poder continuar con sus estudios; nell Stone, el personaje de la antropóloga basado en Margaret Mead, es una mujer americana decidida, valiente e independiente que ya tiene un libro de éxito en el mercado; y, por último, su marido Fen, un hombre australiano egoísta, posesivo y dependiente de Nell, pues si no fuera por ella y su dinero proveniente de becas y del libro no podría seguir con sus expediciones. Las distintas nacionalidades de todos ellos tienen importancia, pues gracias a ello la autora expone de manera sublime las diferencias de pensamiento y costumbres de unos hombres avanzados pero muy diferentes entre sí.

Le pregunté si creía que podría llegar a comprender realmente otra cultura. (…) Lo que había encontrado más interesante era cómo nos convencemos de que podemos ser objetivos de algún modo, nosotros que llegamos con nuestras propias definiciones personales de amabilidad, fuerza, masculinidad, feminidad, Dios, civilización, lo correcto y lo incorrecto. (pág. 56)

Tras casi dos años estudiando a la tribu de los kiona, Bankson no consigue avanzar en sus estudios y, en un arranque de ira unido a la depresión que padece, intenta suicidarse tirándose al río con los bolsillos llenos de piedras. La suerte quiere que, por casualidades varias, sus dos colegas, Nell y Fen, terminen coincidiendo con él en una fiesta de Nochebuena, lo que aprovechará para convencerles de que se queden y así combatir su soledad. Será a partir de este momento cuando los tres trabajen juntos y se cree un extraño triángulo amoroso y competitivo. La información obtenida de las tribus para los futuros libros y trabajos que puedan aportar conocimiento y dinero es muy valiosa para Fen, que desconfía incluso de su propia mujer, con la que no compartirá nada.

Aunque el lector no posea conocimientos de antropología ni tenga el más mínimo interés hacia ella, sin ser consciente avanza en las páginas y llega ese momento en que no puede parar. La autora consigue centrar la acción en las relaciones personales entre los tres antropólogos y las de éstos con los aborígenes, todo ello sin entrar en tecnicismos ni aburrir con información innecesaria. Por la ubicación en la que se desarrolla la aventura, hubiera sido muy fácil caer en el tema quizá monótono de la naturaleza y las extensas descripciones del clima y de los insectos, pero Lily King consigue de manera sutil dar al lector sólo unas pequeñas dosis de calor, de mosquitos, de sudor y olores para que después sea él el que complete las escenas con su imaginación.

En el fondo desearía pasar mucho más tiempo sin saber el idioma. Sin él, hay mucho más espacio para la observación prudente. (…) Hasta que no dispones del lenguaje no te das cuenta de cuánto interfiere con la comunicación. (…) Cuando llega la comprensión, se pierden muchas otras cosas. Confías en las palabras, y las palabras no siempre son lo más fiable. (pág. 85)

La novela está dividida en treinta y un capítulos, alternando los narrados en primera persona por Bankson, con los que él mismo cuenta en tercera persona hablando del matrimonio. Aproximadamente a mitad del libro empiezan a aparecer capítulos a modo de diario (el de Nell, que llegará a manos de Bankson al cabo de los años), en los que la antropóloga cuenta impresiones y sentimientos que en conversaciones en voz alta no se podrían expresar.

Con todo esto, Lily King consigue crear una novela inquietante por momentos, tensa, con algo de sexo, amor furtivo, pero sobre todo una novela muy interesante. Tengamos en cuenta que desde 1930 en adelante el hombre blanco acudía a estudiar a estas tribus, pero también a forzarlas a trabajar en minas y a obligarlos a ser creyentes de unas costumbres para ellos desconocidas. Lo más importante de todo es que el «hombre blanco moderno» llegaba para estudiar a aquellos «negritos» y para enseñarles cómo debían vivir y desarrollarse cuando realmente el hombre blanco, incluso a día de hoy, no se conoce a sí mismo. ¿Debe el hombre blanco enseñar algo a los aborígenes o más bien debería aprender de ellos?

Quizá toda la ciencia no sea más que la investigación de uno mismo. (pág. 89)

Euoforia
Lily King (Malpaso, 2016)

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Dublinesca a la española (puertadeHerakles #9)

Y el día llegó. La pasada sesión del #puertadeHerakles (y la anterior, pues han sido necesarias dos tardes y aún así podríamos hablar horas y horas) estuvo dedicada a la obra central de todo el taller de este año: Ulises, de James Joyce. Igual de complicado que su lectura sería intentar exponer aquí en unas breves líneas todo lo que dio de sí esta gran (en todos los aspectos) novela.

puertadeHerakles: Ulises

Para comenzar, empezaré por un servidor. Reconozco que tenía muchas dudas respecto a este título, la mayoría de ellas fundadas por prejuicios y consejos de esos que no se piden pero llegan igualmente, además de opiniones y críticas: que es un tostón, que es larguísimo y además complicado de leer, que no se entiende nada, y así un largo etcétera. Todo esto acrecentó mi reticencia a siquiera intentar leerme algo tan largo y, supuestamente, raro y aburrido. Pero todo lo contrario. Me ha parecido una lectura interesante, divertida, no tan difícil como esperaba (eso sí, contando con la ayuda de la estupenda edición de Cátedra) y he conocido a un personaje que ahora sé que es icónico. Tanto Sara como Esperanza y Ralph lo habían leído ya hace años y lo han vuelto a hacer ahora con motivo del taller. Es por ello que comentan que con cada nueva lectura descubres nuevos detalles y entiendes cosas que quizá en su momento pasaron desapercibidas. Esperanza comenta que es un libro que hay que aprender a leer y que ello se consigue sobre la marcha, leyéndolo.

Partimos de la base de qué quiere contar el autor y, a excepción de Ramón que opina que sí cuenta algo, todos coincidimos en que realmente no se cuenta nada concreto. Pero este detalle no importa. No cuenta nada y a la vez lo cuenta todo, porque trata de la vida en general. Todo el transcurso de la historia es un día en la vida de Leopold Bloom, con lo que ello conlleva, desde ir al retrete a masturbarse en la playa o emborracharse en un bar discutiendo de religión o política. Lo que sí tendremos en mente es la ciudad de Dublín (casi como su mapa), pues las descripciones de lugares, direcciones y detalles de locales y entidades públicos es tan detallada que casi pareciera que estamos allí. Llegados a este punto, tanto Óscar como Ralph y Esperanza opinan que la relación con la Odisea no se ve de forma clara y en algunos episodios está cogida con pinzas. Sara piensa que Leopold es un antihéroe, como el protagonista de la Odisea. Óscar cree que la obra tiene múltiples capas, las cuales se pueden disfrutar perfectamente por separado. Se dijo que el personaje de Bloom es quizá el ser más normal en la historia de la literatura. No estamos acostumbrados a toparnos con personajes tan «normales y corrientes».

Esperanza comenta la gran cantidad de referencias literarias a la literatura española clásica: Cervantes, Celestina, Valle-Inclán, el teatro del Siglo de Oro, etcétera. Por otro lado, Ralph cree que los personajes de Leopold y Stephen serían dos aspectos de la personalidad de Joyce. También hablamos de la crítica, a través de la parodia, que se hace a la religión en el contexto de la época: una Irlanda tradicional. La técnica del flujo de conciencia esconde una falsa sencillez. Es imposible que esa espontaneidad sostenida de manera tan prolongada sea fruto de la casualidad. Respecto a esto, Joyce hace un gran trabajo. A día de hoy puede parecer absurdo que se considerase obra obscena e inmoral, pero tengamos en cuenta la época e la que se empezó a publicar. En realidad no deja de ser una novela de humor.

Dicho todo lo anterior, queda para la historia de la literatura el enorme monumento que constituye Ulises, desde el punto de vista técnico pero también como un espejo que nos enseñó el día a día del ser humano del siglo XIX. Presumir a día de hoy de haber leído Ulises es tan inecesario como presumir de no haberlo hecho.

Las chicas (Emma Cline)

Portada de Las chicas, de Emma ClineAnagrama, una de las pocas editoriales sobre cuyo catálogo no se suele discutir, al menos en su colección de Panorama de narrativas, lanzaba en septiembre y con mucho revuelo la traducción de la primera novela de Emma Cline. Esta jovencísima narradora tiene ya los derechos de traducción y publicación repartidos por medio mundo y casi asegurada la adaptación de su opera prima a la pantalla. Una publicidad así y el morboso argumento que recoge la sinopsis, inspirado libremente en Charles Manson y sus acólitas, son suficiente para desorbitar las ventas de Las chicas en los primeros meses desde su aparición en el mercado español.

Si bien es cierto que la traducción de Inga Pellisa es casi impecable, es discutible la opinión de la crítica que engalana fajas dispuestas a hacer el producto más atractivo: se dice que Cline consigue impresionar con una voz madura y ambiciosa. Sin embargo, la historia sobre adolescentes y sectas, sobre el complejo mundo adulto y la zanja invisible que separa generaciones; la historia, digo, sobre el morbo, el miedo, las drogas y el sexo se refleja entre sus páginas como ya la hemos leído tantas otras veces. La fascinación que siente Evie por Suzanne —que no por Russell, alter ego de Manson— es la de muchas otras adolescentes literarias por féminas misteriosas, oscuras y atractivas aún en su crueldad.

En el elenco de personajes que recorren de forma alterna la adolescencia y la asentada vida de la Evie adulta no falta nadie: está la madre desentendida que aprieta los ojos para verse la depresión en ellos; están el desconocido carismático y retorcido que mueve los hilos pero no se mancha las manos y la bella ejecutora, fría e inexpresiva. Aparecen también los chavales que han tenido todo y son tan rebeldes como para dejar la universidad para vender droga, las muchachas que experimentan con el sexo y las sustancias de cualquier tipo y tienen perfiles tan definidos como el de madre joven y dudosa o la eterna niña que sigue peinando sus coletas y alisando su falda con intenciones provocativas. Incluso la propia Evie cumple con sus roles en las dos edades desde las que se nos desgrana el argumento, siendo unas veces una cría que no tiene bastante con sus manidas amistades del colegio y busca alternativas para encontrarse a sí misma y otras una mujer insegura no tanto por su pasado como por su falta de estabilidad laboral y emocional.

El estilo de Cline se muestra casi limpio y tendente a embellecer lo pequeño o lo terrible, pero no resulta suficiente y, en cualquier caso, poco o nada aporta a la nómina de Bildungsroman. Si a esto se suma que la historia real en la que se basa la escritora californiana es casi insuperable por cualquier ficción, tal vez lo que debería hacernos reflexionar a estas alturas es, en realidad, qué medallas se dan a un libro para que alcance una de esas listas de «los más vendidos».

Las chicas
Emma Cline (Anagrama, 2016)
Erratas encontradas: 7.

Como cualquier hijo de Dios (puertadeHerakles #6)

Como ya es habitual cada dos semanas, el pasado viernes nos reunimos para charlar e intercambiar opiniones y percepciones acerca de la lectura que para esta ocasión teníamos en el club Puerta de Herakles. Esta vez la obra en cuestión era Hijo de Dios, del estadounidense Cormac McCarthy. A priori un libro fácil de leer, o al menos es lo que todos pensamos, pues se trata de una obra breve. Pero no tan fácil de leer, para algunos menos que para otros.

Hijo de Dios

Habitualmente empezamos haciéndonos las dos mismas preguntas: «¿Os ha gustado?» y «¿Por qué». Suele haber unanimidad, al menos en si ha gustado o no, otra cosa son las causas y las interpretaciones de cada uno. Pero con Hijo de Dios no se dio esa unanimidad. Esperanza comenta que, aunque narrativamente es un libro perfecto para una película (película que comentamos que ya existe, dirigida en 2014 por James Franco), la lectura del mismo a ella le ha hecho sentir muy intranquila. Aquí es cuando comenta Ralph el hecho de que pareciera que se hubiese creado una escuela anglosajona especializada en el crudismo/malditismo. A Ramón tampoco le ha gustado especialmente, pero por motivos distintos, pues cree que el autor intenta mostrar el aspecto de la llamada «basura blanca» sin haberlo logrado. Ante esta afirmación, Sara comenta que quizá se deba a que lo que realmente muestra es la marginalidad y el aislamiento en el mundo rural americano.  Además nos recuerda que la obra de McCarthy se caracteriza precisamente por eso, por su dureza y sordidez.

Después de la primera exposición de opiniones e ideas, todos coincidimos en lo desconcertante de la narración en las primeras páginas del libro. Hasta que no avanzas y te habitúas al estilo se hace un poco difícil de leer. Y es que McCarthy escribe pasando de la narración al diálogo sin hacer ningún tipo de indicación (ni comillas, ni guiones, ni ninguna puntuación), además nunca sabemos de boca de quién salen las palabras que estamos leyendo. Incluso yo pensé al principio que la historia sería tipo flash back, que estaría ambientada en un juzgado, por las declaraciones de los personajes que hablan, pero no es así. Como apuntan Carmen, Sara y Esperanza, en realidad son un conjunto de conversaciones de amigos y gente vecina o conocida de este personaje, y es a través de ellos como el autor nos va dejando conocer al tonto del pueblo.

Hijo de Dios

Entre la ensaladilla y las cervezas, vuelve a salir el tema de la vida rural. Esperanza recuerda que, cuando era pequeña y vivía en una zona rural («muy rural»), siempre había un tonto del pueblo y cómo el resto de habitantes solían mirarle y tratarle. Esto es lo que le sucede a Lester Ballard, que al ser el tonto del pueblo nadie le hace caso, le tratan con indiferencia y lo dejan aislado, marginado como si no existiera. Sara expone el episodio en el que Ballard se acerca a la ciudad a comprar ropa y la dependienta es la única que le trata con normalidad, por el hecho de que al no conocerle no lo prejuzga. Pero resulta que el tonto no es tan tonto y más que tonto lo que está es loco.

El grupo al completo coincide en la naturalidad con la que el autor describe unas escenas de una crudeza terrible sin entrar en valorar nada. Simplemente expone, con gran lujo de detalles, todo lo que hacen los personajes: necrofilia, violaciones, incesto, travestismo, etcétera. Sin embargo, a la hora de describir paisajes o la climatología, lo hace de manera casi plástica. En algún momento también expone escenas terriblemente macabras de una forma poética, lo que deja confuso al lector, al no saber si sorprenderse positivamente por la poeticidad o asustarse por la frialdad con la que describe un asesinato.

Hijo de Dios

Como detalles curiosos todos apuntamos el hecho de que se mencione el uso de condones o la monotonía de descripción de paisajes a través de la cual el protagonista se orienta en las estaciones; según haga frío, calor, el cielo esté azul o gris. Y ya para terminar, mencionar la observación que hace Ralph respecto al fin del personaje, pues es un poco como si se hubiese hecho justicia divina al terminar su cuerpo despedazado para el uso de estudiantes de anatomía.

Desobediencia (Henry D. Thoreau)

DesobedienciaImagino que Thoreau se habría sorprendido y escandalizado ante este mercado editorial en el que lo previsible es ver un aluvión de reseñas con motivo del último libro de turno y, a los pocos meses las pocas semanas, su progresiva desaparición, primero de las listas de ventas, los medios de comunicación y, finalmente, de las mesas y los estantes de las librerías. Errata Naturae nos gusta precisamente por esa tendencia a sacar libros como este Desobediencia, oportunos pero nada oportunistas, que perduran en el tiempo y que, como a ellos les gustaría decir, nos acompañan dejando su poso invierno tras invierno.

Con este volumen se pretende agrupar todos los ensayos políticos de un hombre desdeñoso de la política convencional (pero, no obstante, cabal y comprometido), entre los cuales el más famoso es el imprescindible del que se toma prestado el título de este libro, «La desobediencia civil», conferencia publicada en 1848 a propósito de esa desobediencia civil que le llevó a dar con sus huesos en la cárcel. La causa de Thoreau era ser fiel a sus principios, acaso la única causa que verdaderamente debería importarnos. Pero, lejos de hacer proselitismo, lo que se pretende aquí no es tomarlo como mito, sino hacer que su vida y su pensamiento sirvan de ejemplo para ser críticos y consecuentes con los resultados de una búsqueda que, en última instancia, es personal.

Es evidente que los problemas a los que trató de dar respuesta en el siglo XIX no son los mismos siglo y medio después. Sí es la misma su naturaleza. De ahí la vigencia de sus textos (y de su figura). Buena parte de los ensayos trataron de responder a la necesidad de rendir cuentas ante uno mismo, más que ante una sociedad —injusta ayer, injusta hoy— cuyos defectos no han cambiado tanto. Ahora no nos mueve la esclavitud, pero nuestros problemas con la vivienda encuentran reflejo en varios de los textos aquí reunidos. También lo encuentran las horas dedicadas al trabajo, su utilidad, y una crítica a la sociedad tecnológica que sigue resonando en nosotros hoy más que nunca.

En fin, algo está pasando para que resulte tan apropiada la lectura de Thoreau. Yo diría que es casi necesaria, algo de lo que da cuenta el goteo de publicaciones de, sobre o inspiradas en su figura. Tanto que no sólo es que Errata Naturae esté rescatando sus textos (tarea que, de momento, tiene como última cala este Desobediencia), sino que su espíritu les está sirviendo de guía hasta el punto de hacer suyo el «Todo lo bueno es salvaje y libre» que sirve de apostilla a una nueva colección que, de momento, no tiene un solo título que no nos hayamos llevado a casa. Disfrutemos con todos ellos.

Desobediencia
H. D. Thoreau (Errata Naturae, 2015)
288 páginas. Erratas encontradas: 0.