Apuntes sobre el suicidio (Simon Critchley)

Portada Apuntes sobre el suicidioPoco después de un año, parece que ha cesado el fervor con el que se abordaba el suicidio a comienzos de 2016. En pocos meses aparecieron dos títulos que se revelaban como los dos paradigmas discursivos desde los que se podía hablar del inefable acto de «levantar la mano contra uno mismo» sobre el que Jean Améry disertaba poco antes de poner fin a su vida. Apuntes sobre el suicidio era uno de ellos; el otro, Semper dolens, lo firmaba Ramón Andrés y penetraba hasta el fondo del asunto con la minuciosidad a la que el filósofo acostumbra. Hasta cierto punto, el contraste hace parecer estos «apuntes» algo desabridos, pero su acercamiento a través de pinceladas, aun con sus sombras, es también sugestivo.

Si Simon Critchley es parco como tienden a serlo muchos de los títulos que engrosan la colección «Héroes modernos» de la editorial Alpha Decay, no es porque le sea ajeno el trabajo monográfico, al que en alguna ocasión se ha acercado (Stay, Illusion! o The Problem with Levinas dan cuenta de su capacidad), sino por una decisión que tiene más que ver con la capacidad de evocación de la brevedad. El filósofo toma la sencillez como premisa y aborda el suicidio a partir de cuatro esbozos, a saber: los casos, la tradición filosófica (articulada en forma de derechos y deberes), las notas de suicidio y la resemantización de la vida tras la muerte voluntaria. Pero al hallarse condensado en ochenta páginas el objeto de reflexión, debe ser el receptor quien ensanche, tras la lectura, su significado.

Mientras los apuntes pares pertenecen a un marco teórico, los impares lo hacen a uno más práctico: el de los ejemplos, si bien no todos están escogidos con la misma fortuna (v. gr., hay notas de suicidio menos polémicas que la de Kurt Cobain). El discurso teórico, por su parte, viene de lejos y se sustenta en el supuesto de que la capacidad potencial de suicidio es aquello que hace hombre al hombre. A esta capacidad se opone, también desde antiguo, la moral cristiana como agente imposibilitador. Como en todo apunte, la disertación se pierde en digresiones, conduce a callejones sin salida y retoma cabos que parecían sueltos.

Critchley pretende alejarse de la problemática moral y jurídica que rodea al asunto y despersonalizar el acto suicida en la medida que sea posible, sin dejar de lado que es personal el motivo que le lleva a escribir el libro. Para ello, contrapone a nuestra moral heredada la familiaridad con la que los antiguos trataban la cuestión, por un lado, y la progresiva disolución al menos desde las Luces de la moral cristiana, por otro. Ello empero no es óbice a que haya seguido ejerciendo su influencia sobre el acto de quitarse la vida por la propia voluntad. Sobre esto también hay un interrogante, que finalmente se responde apelando a la ideología: tener derecho al suicidio es un acto de libertad enfrentado a la supuesta inalienabilidad de la vida. La estructura se repite de forma sucesiva, y cada resolución de un conflicto lleva necesariamente a la aparición de uno nuevo hasta concluir en la dicha y el amor, quiebro que pone punto y final al ensayo. Aunque el final quede diluido en el texto de David Hume que sirve de corolario, es la prueba manifiesta del fracaso de la búsqueda que se emprendía al comienzo. Si no puedes parece decirnos encontrarle una explicación a ninguna de las dos caras que presenta la vida, cántale al ahora.

Apuntes sobre el suicidio
Simon Critchley (Alpha Decay, 2016)
Erratas encontradas: 4.

La gran adicción (Enric Puig Punyet)

El siglo XIX, con su idealismo liberal, estaba convencido de ir por el camino recto e infalible hacia «el mejor de los mundos». Se miraba con desprecio a las épocas anteriores, con sus guerras, hambrunas y revueltas, como a un tiempo en que la humanidad aún era menor de edad y no lo bastante ilustrada.

Stefan Zweig

la gran adicción - internetAlgo parecido, a tenor de nuestro comportamiento, podría decirse que le sucede a este «fin de la historia» al que frenéticamente hemos ido a hundirnos y entregar lo mejor de nosotros. Hemos alcanzado —diríamos ufanamente— la mayoría de edad y colocamos nuestra enseña en la cumbre de la era digital. Si el siglo pasado veía desarrollarse una trepidante carrera espacial, la meta del presente lo es el manejo simultáneo de múltiples plataformas digitales y el hombre se ve abocado a la lucha por la supremacía del más influencer. Y, en sus antípodas, claro está, se sitúa el exconectado, el anacoreta digital. Ese otro individuo cuya existencia ponemos razonablemente en duda, porque ¿cómo va a ser posible vivir al margen, no, de espaldas a internet?

La respuesta a una pregunta similar es lo que intenta elaborar Enric Puig Punyet a lo largo de las páginas de La gran adicción, duodécimo título publicado por Arpa, editorial-trinchera donde muchos nos escudamos en busca de libros que conviertan la reflexión en un ejercicio crítico. Puig Punyet desarrolla su actividad en diferentes ámbitos, desde la filosofía al comisariado artístico, lo que se presta bien a la amalgama y a la generación apriorística de altas expectativas. En esta ocasión esgrime un discurso divulgativo sobre la base de una investigación que, más desde la sociología que desde la filosofía pura, se articula en la descripción de casos que apuntan una posible respuesta.

Sin embargo, para entender la necesidad de preguntarse por la viabilidad de vivir sin internet es necesario antes saber por qué iba uno a querer hacerlo. Y para ello es mejor empezar por el final. Es en «Enric y la muerte del autor» y en un breve «FAQ» que sirve para capitular y dar cierre a la obra donde desarrollan las bases teóricas que permiten comprender la necesidad de poner el foco sobre aquellos individuos que se han alejado de lo virtual y han decidido volver a un mundo analógico (o, en algunos casos, los de aquellos más jóvenes, construirlo ex nihilo). Lejos de presentar internet como una herramienta neutra que, dependiendo del uso, crea o destruye, Enric Puig Punyet revela la faceta ideológica que condiciona y coacciona al individuo desde sus comienzos (o, al menos desde el comienzo de su era 2.0 y sus sucesivas perversiones). Y, más aún, lo usa para sus propios fines.

De ahí se deriva que no se conforme con un término medio y haya presentado casos de desconexión total, en lugar de una racionalización de su uso (miento, hay un caso de desconexión parcial: el suyo). Casos, como indica en el prólogo, de éxito. De individuos en su mayoría nativos digitales que encontraron en un modus vivendi analógico la única forma de conectar de verdad con su entorno. Algunos casos son extremos (llama la atención un adolescente que pide a sus padres que no contraten internet o un músico que subvierte la necesidad de estar constantemente presente en las plataformas digitales para relanzar su carrera), pero lo son, también en palabras del autor, porque el otro discurso tiene suficientes adeptos y es necesaria la radicalización para encontrar un punto intermedio.

En su mayoría, se trata de ejemplos urbanos, aunque también tiene cabida el de una pareja seducida por el mundo neorrural, donde también se produce un cambio de perspectiva laboral. Son en total diez testimonios que, desde lo laboral al terreno amoroso, desde la dosificación de sustancias adictivas a la vorágine de adicción del teléfono móvil, se convierten en vértices que ayudan a dibujar la problemática que se cierne en torno a un mundo, el nuestro, que parece ser el centro de una distopía, pero también vértices que sirven para ver más allá y mirar al otro lado, donde la vida comienza.

La gran adicción
Enric Puig Punyet (Arpa, 2016)

Erratas encontradas: 2.

Desobediencia (Henry D. Thoreau)

DesobedienciaImagino que Thoreau se habría sorprendido y escandalizado ante este mercado editorial en el que lo previsible es ver un aluvión de reseñas con motivo del último libro de turno y, a los pocos meses las pocas semanas, su progresiva desaparición, primero de las listas de ventas, los medios de comunicación y, finalmente, de las mesas y los estantes de las librerías. Errata Naturae nos gusta precisamente por esa tendencia a sacar libros como este Desobediencia, oportunos pero nada oportunistas, que perduran en el tiempo y que, como a ellos les gustaría decir, nos acompañan dejando su poso invierno tras invierno.

Con este volumen se pretende agrupar todos los ensayos políticos de un hombre desdeñoso de la política convencional (pero, no obstante, cabal y comprometido), entre los cuales el más famoso es el imprescindible del que se toma prestado el título de este libro, «La desobediencia civil», conferencia publicada en 1848 a propósito de esa desobediencia civil que le llevó a dar con sus huesos en la cárcel. La causa de Thoreau era ser fiel a sus principios, acaso la única causa que verdaderamente debería importarnos. Pero, lejos de hacer proselitismo, lo que se pretende aquí no es tomarlo como mito, sino hacer que su vida y su pensamiento sirvan de ejemplo para ser críticos y consecuentes con los resultados de una búsqueda que, en última instancia, es personal.

Es evidente que los problemas a los que trató de dar respuesta en el siglo XIX no son los mismos siglo y medio después. Sí es la misma su naturaleza. De ahí la vigencia de sus textos (y de su figura). Buena parte de los ensayos trataron de responder a la necesidad de rendir cuentas ante uno mismo, más que ante una sociedad —injusta ayer, injusta hoy— cuyos defectos no han cambiado tanto. Ahora no nos mueve la esclavitud, pero nuestros problemas con la vivienda encuentran reflejo en varios de los textos aquí reunidos. También lo encuentran las horas dedicadas al trabajo, su utilidad, y una crítica a la sociedad tecnológica que sigue resonando en nosotros hoy más que nunca.

En fin, algo está pasando para que resulte tan apropiada la lectura de Thoreau. Yo diría que es casi necesaria, algo de lo que da cuenta el goteo de publicaciones de, sobre o inspiradas en su figura. Tanto que no sólo es que Errata Naturae esté rescatando sus textos (tarea que, de momento, tiene como última cala este Desobediencia), sino que su espíritu les está sirviendo de guía hasta el punto de hacer suyo el «Todo lo bueno es salvaje y libre» que sirve de apostilla a una nueva colección que, de momento, no tiene un solo título que no nos hayamos llevado a casa. Disfrutemos con todos ellos.

Desobediencia
H. D. Thoreau (Errata Naturae, 2015)
288 páginas. Erratas encontradas: 0.

El paraíso —que merece ser— recobrado (Henry D. Thoreau)

El paraíso que merece ser recobradoEl último título de Ediciones El Salmón que ha llegado a nuestras manos se suma al goteo de reediciones de la obra de Thoreau, pero lo hace con una perspectiva crítica que trata de denunciar la tendencia a mostrar sólo su cara más amable e inofensiva. Así pues, frente a lecturas parciales de su vida y obra, con El paraíso —que merece ser— recobrado, «nos encontramos ante la resistencia de la conciencia individual a las transformaciones que la vida organizada por la economía empezaba a propiciar ya en el siglo XIX» y de cuyas consecuencias «disfrutamos» en estas primeras décadas del XXI, motivo por el cual —nunca nos cansaremos de repetirlo— la lectura de Thoreau nos dice tanto hoy en día.

El breve ensayo que nos ocupa no es más que una reseña de El paraíso al alcance de todos los Hombres, sin Trabajo, mediante la Energía de la Naturaleza y la Máquina. Su autor, J. A. Etzler, es un hombre de su tiempo, que encarna la mítica búsqueda del movimiento perpetuo. A juzgar por el análisis de Thoreau,El paraíso al alcance de todos es  es una suerte de tratado —y fuerte apología— sobre las energías renovables y sus aplicaciones para la mejora de las condiciones de vida. El insaciable deseo de aumentar su utilidad le sirve a Thoreau para alzarse contra el egoísmo que subyace a la lucha por subyugar la naturaleza al servicio del hombre.

Crítico con esa mecanización de la que hoy somos hijos, no por ello se ve trasladado a las utopías del polo opuesto o a un reducido conservadurismo del medio, como deja ver al afirmar que «[n]adie duda de que los meros poderes de la naturaleza, debidamente guiados por el hombre, podrían convertirlo en un entorno saludable y paradisíaco». Ante las utopías tecnófilas, Thoreau vira hacia una suerte de individualismo, porque «tampoco puede hacerse con más facilidad ninguna faena realmente importante mediante la cooperación o las máquinas». En conjunto, el libro es crítico con cierta superficialidad de Etzler, que por extensión es la de la mayoría de los hombres, que se ve al buscar satisfacer los deseos materiales del hombre («garantizar únicamente el mayor grado posible de burda comodidad y placer»), desatendiendo sus necesidades internas.

Dicen los editores en la contraportada que se darán por satisfechos si contribuyen a cultivar cierta rebeldía, porque llegar a conmover es muy difícil en estos tiempos. Creemos que consiguen, al rescatar este texto, las dos cosas: Thoreau incomoda como hace 173 años. E inspira en la misma medida.

El paraíso —que merece ser— recobrado
H. D. Thoreau (El Salmón, 2016)

51 páginas. Erratas encontradas: 0.