Vino por ALEPH

La semana pasada se celebró el XV Congreso Internacional ALEPH en la Universidad de Alicante, tal como veníamos anunciando en este espacio que nos brinda Letras de Contestania; muy volcada, por cierto, con todas las actividades que se sucedieron desde la Facultad de Filosofía y Letras, con la Mesa de editoriales independientes (Chamán Ediciones, ContraEscritura, Jekyll&Jill y Stirner), el Concurso de Tuiteratura o el Recital rebelde de Carmen Juan y Guillermo Morales en Clan Cabaret.

Durante este encuentro de jóvenes que investigan las formas múltiples de expresión de la rebeldía, tuvimos la suerte de disfrutar de una Cata literaria gracias a Pepe Payá (Director de la Casa Museo Azorín) y a Raquel Gago (Responsable de ventas y enoturismo de la Bodega Santa Catalina del Mañán, Monóvar). La cita tuvo lugar en el Club social 2, con la organización de Antonietta Cortese y José María Pastor. La breve crónica, ahora, permite detenernos en el vínculo entre literatura y gastronomía.

El vino «Cincuentenario» de Azorín es fruto del trabajo de la Bodega Santa Catalina del Mañán. En barrica de roble francés y americano durante seis meses, imita el proceso que siguieron los caldos que regaban al autor de La ruta de don Quijote. Pepe Payá explica la importancia que tiene un proyecto como este para la enología y la obra del monovero en torno al famoso «Fondillón», ya que la uva fermentada te lleva directamente a degustar productos que tanto Azorín, como Miguel Hernández o incluso Rafael Chirbes, posteriormente, recogieron en sus obras.

El menú colinda con la tierra, a fuego lento, bebe el agua y airea los sentidos. La coca de mollitas típica de Alicante es un texto que nos cuesta, que nos obliga a pensar antes de poder interpretarlo. Su textura áspera contrasta con el tomate confitado en la Ciudad de la Luz; a la sombra, las verduras esquivan el secano. En la casa siempre queso y embutido, curado, junto al vino hacen sintaxis de levante: extensa y clara. El caldo con pelota resucita a un muerto y permite escribir mientras el vapor es barniz en la tinta. Y si tardamos en volver a probar bocado, los dátiles, cual pincho moruno, traen proteínas para conciliar el sueño que ya nos quitó el tinto.

 

La investigación es placer. En la mesa cabe todo. Lo escrito se habla y se digiere. Ya es Alicante gastronómica. Y después de este brindis podemos regresar con ALEPH a una visita enológica a través de la Casa Museo Azorín.

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