Mesón El Viscayo (Castalla)

La semana pasada inaugurábamos la sección «Otras disciplinas», en la que compartiremos con todos vosotros propuestas culturales de toda índole en la zona contestana. Literatura, fotografía, exposiciones, museos… y, cómo no, gastronomía. No debemos olvidar que la gastronomía es todo un arte. Recetas que pasan de abuelos a nietos, de madres a hijos o los platos que ya tomaban los pastores hace cincuenta años. Todo pensador debe tener cuerpo y mente en forma para dar rienda suelta a su creación, pero para ello lo primero es tener la barriga llena. De manera que hoy vamos a traer una recomendación culinaria.

Como parte de nuestra ruta literaria del pasado sábado, los miembros de Letras de Contestania recalamos en Castalla, en el restaurante El Viscayo. Lo primero que llama la atención del visitante al entrar es la barra cuelga del techo del comedor, en toda su longitud, al más puro estilo carnicería/charcutería, llena de toda clase de embutidos y carnes; pero más desconcertante aún se hace para los clientes el hecho de que nos den un guante de plástico y un cuchillo y seamos invitados a cortar y comer cuanto queramos. Además de este «aperitivo», los camareros os servirán un estupendo pan de pueblo tostado a la leña y acompañado de tandas de all-i-oli, tantas como el estómago aguante. Pero debéis ir con cautela, pues si vuestro plato principal va a ser el típico gazpacho, por el que es famoso el restaurante, habrá que parar de comer embutido para dejar hueco.

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Los gazpachos de Castalla no son exactamente iguales al gazpacho manchego, tan habitual en las provincias de Albacete y Alicante. En una torta de pan recién sacada del horno, a la que el camarero le retira la corteza de la parte superior, y en la que se sirve la carne y la pasta para comerla directamente de ahí, como si de una fuente se tratara. Cuando el cuerpo no dé más de sí y decidáis no comer más, tras retiraros el gazpacho sobrante, os traerán la miel. ¿Miel? ¿Para qué? Os estaréis preguntando. Pues para comeros esa torta con el jugo de la comida acompañada de la miel. Antes del postre, una enorme fuente con todo tipo de fruta y de la que puedes comer también la cantidad que desees, os servirán la famosa infusión que dan en llamar «chichirigüiqui»: una mezcla de hierbas que, después de tanta comida, sienta genial al estómago.

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Independientemente de la comida y la gastronomía, algo que sobresale por encima de todo es el propio dueño y fundador del restaurante, personaje inolvidable que es todo un showman. Desde el primer momento interactúa a voces con los comensales, saludando, gastando bromas procaces y haciendo unos estupendos trucos de magia con cartas.

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Sin duda, El Viscayo es un lugar peculiar, al que debéis ir sí o sí, si queréis comer unos gazpachos manchegos de los buenos.

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